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David Gómez nació en Madrid en 1989, sin pan debajo del brazo, pero con una vocación en la sangre: ser un comunicador. Con la esperanza de conseguirlo, estudia Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III. Amante de la actualidad y de las nuevas tecnologías, completó un máster en Diseño Web y opina sobre política y periodismo en su blog.

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¡Larga vida al Moral Rock!

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Pocas veces los aficionados al heavy metal tenemos la oportunidad de asistir a eventos pensados exclusivamente para nosotros en la capital de España. Es más, me atrevería a decir que en Madrid normalmente somos considerados como un público de segunda, que se tiene que conformar con ver a sus grupos favoritos como teloneros de bandas pseudorockeras o descaradamente poperas por las que, en circunstancias normales, ninguno de nosotros abonaría el precio de la entrada.

Menos mal que en medio de la sequía a la que los metaleros nos encontramos forzosamente e irremediablemente relegados por las autoridades locales y los Ayuntamientos de todo signo político (la situación no mejora ni con socialistas ni con populares), surgen iniciativas valientes y decididas a mejorar poco a poco la mala fama que tiene nuestra música en esta ciudad.

Afortunadamente, la lista de acciones de este tipo se hace cada vez más extensa (caben ser mencionadas las salas Midnight y El grito, como mínimo), pero en esta ocasión le debemos todo el mérito del evento a una sola persona: Mikel Sagüés, de la discográfica DFX Records, que ha organizado un festival que cumple con las tres B: bueno, bonito y barato.

Un gran festival bajo un sol de justicia

Y es que por los 10 euros de la entrada (15€ en taquilla), los aficionados que nos desplazamos a Moralzarzal, un pequeño a la par que pintoresco pueblo de la sierra madrileña, donde el que firma ha pasado los veranos de su infancia, pudimos disfrutar de toda una maratón de música en vivo (de 11 de la mañana del sábado a 5 de la madrugada del domingo), en la que se subieron al escenario 16 bandas de diverso estilo y procedencia.

Cierto es que no todos los grupos gozaron del mismo respaldo del público, especialmente a lo largo de la mañana y las primeras horas de la tarde cuando, a pleno sol y con el calor arreciando, el público estuvo compuesto casi exclusivamente por aquellos madrugadores que se escaparon de la zona de acampada para ver lo que se cocía en la plaza de toros de la localidad, recinto escogido para la celebración de la totalidad de las actuaciones. Con estos inconvenientes tuvieron que lidiar, con mayor o menor fortuna, bandas noveles como Ecliptika (12h), As my world burns (12:45h), Modelo pickman (13:30h), Bahía Cochinos (14:20h), Presagio (15:15h), Killus (16:10h) o Caskärrabias (17:05h), que dieron en general buenos conciertos a pesar de las circunstancias.

Un gran festival, a pesar del sonido

No fue hasta las 18h que la situación empezó a mejorar, al menos en lo que a participación del público se refiere, aunque comenzaron a surgir entonces los problemas de sonido que lastrarían en parte las grandes actuaciones del resto de la noche. Y sucedió precisamente durante uno de los conciertos que más me atraían personalmente, el de los madrileños Sublevados, que tuvieron que parar en mitad del show para arreglar un problema grave con su guitarra solista. A pesar de todo firmaron un buen concierto, dejándose la piel en cada tema. No faltaron clásicos de la banda como ‘Castilla‘ o ‘Nunca‘, aunque el público echó de menos (y así lo hizo saber a gritos alguno de los asistentes) la popular ‘Mujer española‘, que no se incluía en el reducido set-list que pudieron desarrollar en la hora escasa de que dispusieron.

Los siguientes en saltar al escenario fueron los también madrileños Circus, que gozaron de un sonido mucho más aceptable que el de sus predecesores y lograron encandilar a un público entregado, que no dejó de saltar y corear cada tema. Entre los momentos claves de una actuación que pareció más preocupada por la estética que por lo musical, destacaría la colaboración de Joseph K., vocalista de Romeo, y la versión en castellano del mítico ‘Heroes‘ que popularizó el rey del glam, el británico David Bowie.

Tras ellos salió a escena el primero de los grupos de DFX, los alternativos Moebio, que tuvieron que sufrir también los consabidos problemas de sonido. Como se suele decir, un técnico cabreado o que no está por la labor puede estropear a un músico hasta su mejor concierto. Sin embargo, en este caso no impidió que la euforia se desatara entre los fidelísimos fans de la banda, fundamentalmente féminas atraídas por el sex-appeal de su frontman, Héctor Gerónimo, que ha reflejado en su blog la experiencia vivida en el Moral Rock. Yo no podría haberlo relatado mejor.

Un gran festival, sin paliativos

El ambiente comenzaba a bullir ya en Moralzarzal, conscientes de que a eso de las 21h daría comienzo uno de los conciertos más esperados de la noche, el de los precursores del folk rock castellano, los barriales Ars Amandi, nacidos para la música en el rockero barrio de Carabanchel. Su atrevida mezcla de rock con instrumentos del folklore tradicional de Castilla (la dulzaina y el pito castellano) y sus toques de andalucismo ha demostrado sobradamente su eficacia, y en el Moral Rock no podía ser menos.

Ars Amandi es ya una banda consolidada, que ha sabido superar las odiosas comparaciones con Mägo de Oz y cuenta con su propia cohorte de seguidores, que corearon hasta la afonía temazos como ‘La suerte está echada’, ‘Escuchando al corazón‘, ‘No queda sino batirnos‘, ‘Ábula‘, ‘Gritando al mar‘ y una más que digna versión del clásico de Triana ‘Abre la puerta niña‘. Sin duda, me quedo con su guitarrista, Manuel Seoane, como uno de los descubrimientos positivos de la noche. Todo un “hacha“.

Después vino una actuación de los Censurados, un grupo de músicos de Majadahonda, también de DFX, que han seguido últimamente una trayectoria imparable, elegidos grupo revelación del 2007 por varias páginas web especializadas. Su concierto estuvo lastrado por el cansancio de su vocalista y una vez más un pobre sonido. Entre los detalles positivos destacaría el currado medley que se marcaron en mitad del set, revelando claramente sus influencias, con temas de bandas como Extremoduro, Barricada, Piperrak o Boikot, entre otras.

El momento estelar de la noche

Mucho más interesante me resultaba el siguiente grupo de la velada, otra de las grandes promesas de DFX y uno de mis grupos fetiche: Romeo. Desgraciadamente, fueron los más perjudicados por la mala noche del técnico de sonido, algo especialmente frustrante teniendo en cuenta que uno de sus guitarristas se encontraba allí a riesgo de desatender graves problemas personales que, según nos dijeron, podían llegar a trastocar drásticamente su vida y su carrera. Una decisión difícil que no le impidió fraguar una actuación increíble, al menos para sus fans, que nos quedamos con un excelente sabor de boca a la espera del primero de los dos grupos estrella de la noche: Stravaganzza, la banda del inimitable frontman Leo Jiménez, apodado con toda justicia “la bestia”. Ni un solo ‘pero’ a su actuación.

Tema tras tema fueron hechizándonos con numerosos cortes de su ‘Primer acto (’Tempestad‘ o ‘Dios‘, que fueron de las más aplaudidas), los mejores del ‘Segundo acto‘ (’Pasión‘ es un auténtico trallazo) y algunos de su tercer disco, ‘Réquiem‘ (como ‘Máscara de seducción‘ o la emotiva ‘Grande‘, en homenaje al desaparecido productor Big Simon). Incluso las arriesgadas versiones metal de temas como el clásico de Mecano ‘Hijo de la Luna‘ o el tema ‘Eloise‘, de Tino Casal les salieron bordadas. Un 10 para los fuenlabreños, que fueron los auténticos héroes del Moral Rock.

Skizoo, a tumba abierta

Difícil papeleta para Skizoo la de superar a Stravaganzza, y para ello no ayuda en absoluto la expectación creada en torno a la nueva base musical de la banda: José Hurtado al bajo, en sustitución de Edu, e Iván Ramírez a la batería, que lo va a tener mucho más complicado para conseguir llenar el enorme hueco dejado en la banda por el merecidamente prestigioso Dani Pérez.

La actuación fue más que correcta, de notable alto, pero no pude evitar salir con la sensación de que no estuvieron a la altura de la formación original. Si bien José es un tío dinámico, que cumple con creces con su función al bajo, Iván me pareció nervioso a la batería y, aunque se permitió licencias como arrojar las baquetas al aire en momentos puntuales del concierto, no transmitió la seguridad y la confianza en sí mismo que cabía esperar. Además, un set-list poco novedoso y sin apenas canciones de su último disco, un Morti despistado (se equivocó de canción unas cuantas veces) y un Jorge enfermo (piedras en el riñón, según nos informó el propio Morti cuando hizo las presentaciones) no pudieron compensar las carencias de sus nuevos compañeros.

Tampoco el esfuerzo extra de Antonio Bernardini, mucho más inspirado y cómplice con su público que de costumbre, fue suficiente para satisfacer las expectativas de gran parte de los asistentes, que nos quedamos con ganas de presenciar un concierto como los de los principios de la banda, cuando cinco grandes músicos de distintas procedencias se aliaron para dar lugar a un grupo de heavy metal de los que quedan pocos, de los que te hacen sentir esperanza por esta música comprometida, que no gusta a los políticamente correctos ni a los poderes públicos. Un grupo con los mismos principios y convicciones con los que nace este festival, que esperamos dure muchos años.

¡Larga vida al Moral Rock!

1 comentario. »

  1. [...] el artículo completo en la sección Música de la revista Tinta [...]

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