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Fernando Royo nació 1980 en la capital del Túria, donde estudió Magisterio e hizo un Máster en Cooperación al Desarrollo. Ha sido monitor y animador juvenil y lleva trabajando algo más de 3 años en un centro de acogida de menores

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Haití, conflicto de intereses

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Este menudo país caribeño ha sido protagonista en las últimas semanas al sufrir uno de los terremotos más devastadores que hemos podido conocer en el último lustro. La virulencia con la que hizo desestabilizar edificios, casas, oficinas gubernamentales, iglesias, supermercados y hospitales ha sido realmente apocalíptico. Más de 170.000 personas han perecido por ahora en este desastre natural. Una cifra que asusta.

Resulta descorazonador pensar que cuando sucede un acontecimiento de estas características el mundo entero focaliza su atención en el país que sufre el efecto devastador de un desastre natural de proporciones gigantescas, pero cuando la población sufre sin necesidad de un desastre natural, la atención se diluye o simplemente no existe. Este conflicto de intereses es particularmente sangrante en países con una larga trayectoria bélica, de pandemias crónicas, de sequías eternas o diluvios continuos: países que siguen padeciendo con una ayuda menos influyente y más débil.

Deberíamos plantearnos una serie de cuestiones al respecto, y es que no debiera haber países olvidados en su sufrimiento. Las personas nacemos en un determinado lugar por casualidad, no elegimos el entorno donde viviremos o la familia que nos cuidará. Por lo tanto, todos tenemos que tener la posibilidad de alcanzar nuestros sueños con las mismas garantías de salud, felicidad, alimentación, educación, amor y bienestar.

Responsabilidad compartida

Algunos sectores de la sociedad tienen una enorme responsabilidad en la inestable focalización de la atención del sufrimiento humano, atendiendo más a criterios económicos o de poder. Los medios de comunicación o ‘mass media’ son uno de estos sectores. Los medios en el tratamiento de la información son responsables del modo como un ciudadano concibe o recibe la noticia, y en cómo la ciudadanía presta una mayor o menor atención.

Conflictos o desastres olvidados

Asimismo, los políticos en su labor diaria y en la gestión del gobierno, pueden determinar que los ciudadanos tengan más o menos presente un determinado hecho de calado internacional. Las decisiones políticas que se toman después de un desastre natural como el terremoto de Haití o el tsunami de Tailandia hacen que la presión aumente o disminuya con el paso de los días, por lo que en ocasiones se llega a frivolizar con algunas decisiones inoportunas o con declaraciones tendenciosas.

No debemos olvidar desde luego el papel fundamental que juegan los ciudadanos de cualquier sociedad. Son ellos los que a fin de cuentas deben ejercer un papel predominante en la política y en los medios. La participación ciudadana activa impulsada por organizaciones no gubernamentales, asociaciones, fundaciones y/o colectivos de diferente génesis e ideario es vital para evitar que unos pocos decidan sobre la totalidad, ya sea a nivel nacional o internacional.

En definitiva, Haití es ahora noticia, pero ¿y dentro de unas semanas?, ¿de un mes? Está claro que no encabezará los noticieros, tampoco será portada de la prensa escrita, y las radios dejarán de realizar programas especiales, pero nadie se debe olvidar que son personas las que sufren, que tienen derechos y que el tiempo no debe ser la excusa para el olvido, como ha pasado con Ruanda, Colombia, Angola, el Congo, Afganistán, Somalia, Timor y Birmania.


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