Desnudos artísticos a todo color
Si dibujar y pintar sobre un lienzo requiere una minuciosidad y una técnica exquisita, intentar convertir en una obra de arte un cuerpo que respira, se mueve, tiembla, tiene cosquillas, estornuda, ríe, se despereza y en definitiva, vive, es toda un hazaña que profesionales de todo el mundo intentan afrontar cada día.
Y aunque el maquillaje corporal o artístico, más conocido por su traducción en inglés “body art painting”, suene a tendencia artística moderna, a extravagancia de artistas cansados de la inmovilidad del arte, la realidad es que este arte es casi tan antiguo como la propia raza humana.
Pinceladas ancestrales
Aunque en las Islas Canarias preparan ya los escenarios por los que además de los tradicionales concursos carnavalescos también pasarán los modelos del certamen de maquillaje corporal que lleva celebrándose desde principios de esta década, la pintura corporal como forma primitiva de expresión plástica -y posiblemente la primera- es una herencia de nuestros antepasados.
Las sociedades tribales descubrieron pronto que la sangre, el carbón, la arcilla y otros materiales naturales les permitían crear señas de identidad para definir una comunidad, un grupo social o de edad, que siguen manteniéndose en muchas sociedades tribales actuales.

Lienzos caprichosos
El body art sin embargo requiere pigmentos especiales, no dañinos para el cuerpo humano y destaca por su utilización del cuerpo humano desnudo, casi por completo, como soporte material del arte.
En estas obras, las formas corporales permiten al autor convertir un dibujo plano en una obra en relieve al diseñar imágenes que aprovechen la silueta humana para dar vida y volumen a las formas recreadas, y el movimiento posterior del cuerpo al andar o al bailar suele mejorar los efectos de esos detalles.

Ilusiones ópticas
Lo que la artista Joanne Gair llamó “Make up Illusion” puede observarse en la creación de ilusiones ópticas que nos permitieron ver a una Demi Moore desnuda pero también artísticamente vestida por las pinturas de Gair y fotografiada por Annie Leibovitz para la portada de Vanity Fair en 1992 y dieron paso a una renovación del body painting no sólo como tendencia artística sino también como recurso publicitario.
El desnudo real y la apariencia física de una pintura tan perfecta que cubre el cuerpo generando la apariencia de cualquier vestuario, permiten a artistas y modelos disfrutar de la exposición de los trabajos y de los cuerpos en lugares públicos, sin el miedo a los reparos o al pudor de los espectadores, y su vez diseñar disfraces ligeros, perfectos y hechos a medida.
Belleza efímera
Los modelos de maquillaje corporal son el reclamo para turistas y locales en espectáculos públicos, en actos reivindicativos o festivales culturales, pero el body painting es el arte transitorio por antonomasia.
Las más de 8 horas que invierten de media los artistas para dar por terminado una de sus obras pierden su valor cuando el modelo finaliza su jornada en alguno de los grandes festivales europeos como The World Body Painting Festival, que se celebra en Austria, o cuando la noche de carnaval llega a su fin, y quedan inmortalizadas por los incansables fotógrafos, captadores de momentos.













