author photo

Carlos Otto-Reuss es periodista y analista de medios. Vive en Ciudad Real, forma parte de los equipos de trabajo de la revista La Voz de Ciudad Real, Miciudadreal.es y la revista de crítica cultural Autopsia. Su principal hábitat es su blog, en el que a diario deja pequeños retazos sobre temas de política general, internet, prensa, nuevas tecnologías, educación, economía...

Consulta todas las entradas de Carlos Otto-Reuss

“La pobreza no es cuestión de dinero”

Lleva un año y medio en su cargo, pero conoce a la perfección la idiosincrasia de la organización a la que pertenece. Itziar Ruiz-Giménez, presidenta de Amnistía Internacional en España, tiene a diario una difícil tarea: convencer a los ciudadanos e implicarlos en la lucha por los derechos humanos de los que no viven en situaciones privilegiadas.

La actualidad manda, Itziar, y uno de los temas más recurrentes últimamente es el de Aminetu Haidar, bloqueada en los aeropuertos españoles. ¿Qué opinión os merece este hecho?

A Amnistía Internacional lo que le preocupa de este asunto son las limitaciones que está habiendo para que se ejerza un derecho fundamental de una de las mayores defensoras de los derechos humanos en el mundo. Nos preocupan los problemas que le están poniendo para que puedan seguir denunciando la situación del Sáhara.

AI ha luchado mucho por conseguir el Plan Nacional de Derechos Humanos. ¿Realmente sirven de algo este tipo de cosas? Porque vemos que algunos gobiernos se las saltan a la torera…

Sí, claro que sirven. Nosotros llevábamos diez años detrás de este Plan, ya que el hecho de que un Gobierno firme este tipo de tratados es un primer paso, es el paso del compromiso. El Gobierno se compromete y se obliga a cumplir con los derechos humanos. Luego muchas veces no se cumplen, pero una vez que se ha comprometido nos sirve como instrumento para pedirle coherencia y pedirle que cumpla con el compromiso que ha adquirido.

Vuestro nombre –Amnistía Internacional- es bastante revelador de vuestras intenciones. ¿Crees que los ciudadanos hemos perdido esa visión global y ya sólo nos preocupa lo que nos queda a la vuelta de la esquina?

Siempre hay gente que muestra cierto grado de preocupación, pero a menudo la sociedad está un poco desactivada, y eso es lo que pretendemos evitar. Ya hemos demostrado que cuando las personas nos organizamos y creamos redes, podemos conseguir muchas situaciones y cambiar dos cosas muy importantes: la vida real de personas –que iban a ser ejecutadas o encarceladas, por ejemplo- y las leyes de algunos gobiernos que no estaban comprometidos con los derechos humanos. De todos modos, aún son pocos cambios: necesitamos que cada vez se involucre y se comprometa más gente para que cambien las cosas.

Muchas ONGs conviven con el sambenito de que sus afiliados siempre son de izquierdas. ¿Crees que eso os perjudica? Porque quizá de entrada a una parte de la sociedad ya se le está incitando a no formar parte de una ONG…

Hombre, yo siempre animo a la gente a que se acerque a Amnistía Internacional. Somos más de dos millones y medio de personas en el mundo, con lo que imagínate: hay gente de todo tipo de ideologías. Somos imparciales de cualquier partido político y de los gobiernos, ya que no recibimos subvenciones públicas para mantener nuestra independencia.

¿Qué tal se lleva Amnistía Internacional con los medios de comunicación?

Nosotros intentamos trabajar y colaborar con los medios de comunicación a la vez que intentamos concienciarlos de la importante labor que tienen. Es fundamental el papel que un medio puede jugar en la lucha contra el racismo, la xenofobia, la violencia de género… Por eso es importante que en sus estudios se impartan asignaturas relacionadas con los derechos humanos.

En su momento dijiste que España está a la cola de Europa en la lucha contra el racismo. ¿No es paradójico que un país que siempre ha vivido la emigración esté así?

Ya, pero en España hay un legado de siglos vinculados al racismo con el pueblo gitano, que muchas veces nos olvidamos de ellos, pero fueron los primeros en sufrir los ataques racistas. Pero sí, es muy paradójico que un pueblo como el español, que ha conocido de primera mano la marginación y la exclusión a la que se somete a los inmigrantes, haga ahora lo mismo con las personas que llegan a España.

De todos modos, los políticos también tienen una gran parte de culpa en esto, ya que a veces hacen discursos en los que sólo asocian la inmigración a la delincuencia y a la marginalidad, cuando hay que hablar de lo positivo que tiene la inmigración para el desarrollo de un país. Además, a los inmigrantes se les trata como unidades de trabajo, cuando se les tiene que tratar como personas.

Incluso cuando se habla de los inmigrantes como grupos marginales, la gente no se da cuenta de que esa marginalidad no es buscada, sino impuesta por los políticos y los gobiernos, que violan constantemente los derechos humanos de estas personas. La pobreza no es cuestión de dinero, sino de derechos humanos.


Si te ha gustado, compártelo:
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • Meneame
  • Netvibes
  • MySpace
  • Tumblr
  • LinkedIn
  • Technorati
  • Wikio
  • Print this article!
  • E-mail this story to a friend!

Responde