Mis novelas de amor
Hace una semana mientras conversaba con un amigo en un bar del centro de Lima, me preguntó por las novelas que me habían marcado, una lista repentina como si hubiera salido disparada de un revólver, se instaló en mi mente.
Tenía ocho novelas que de alguna manera habían sido y son importantes para mí; iba a mencionarlas mientras mi amigo encendía su cigarrillo y trataba de olvidarme del ruido que causaba una canción que está de moda acá en Lima, algo que tiene que ver con cumbias o tecnocumbias y otras yerbas. Mi amigo, un tanto más enfático se desdijo y volvió a preguntarme: ¿qué novelas que consideras de amor te marcaron?
Novelas de amor o desamor
Dos títulos tengo en la mente para ello, dos títulos, que no sé exactamente si me marcaron, ‘El amor en los tiempos del cólera’, de Gabriel García Márquez, novela que leí cuando tenía 18 años mientras trataba de ingresar en la universidad, tratando de resolver problemas de razonamiento matemático y recordar algún que otro hecho histórico para los exámenes de admisión de la Universidad San Marcos.
Fue una casualidad, por un amigo que me comentó emocionado lo que a su parecer era la historia de un amor verdadero y romántico, pero que a su vez no era ese tipo de romanticismo melcocha al que el común denominador suele referirse cuando habla de amor. En la novela en cuestión podías tener la certeza de que ese sentimiento sobrevivía al tiempo, sin que el celibato o el casto romanticismo pudiera mellarlo.
Florentino Ariza (personaje principal de la novela) es a mi parecer el héroe que, por amor, decide esperar lo que sea o como fuera que su musa, Fermina Daza, pueda estar con él. En esa espera no hay reparos, un sin número de mujeres (622) pasan por su vida, a las que es posible que recuerde, pero que terminan extraviadas en el limbo de recuerdos sin rostro sin mucho que contar, sin llegar al nivel del parnaso en el que se encontraba Fermina Daza, su gran amor.
En ‘La insoportable levedad del ser‘, de Milan Kundera, Teresa y Tomás son una pareja que se ama, que se engaña, que se cela, que tratan de encontrarse dentro de sus miedos. Tomás conoce de casualidad a Teresa y en una segunda cita se acuesta con ella, siendo él un hombre que se niega al amor, observa a Teresa en la cama con fiebre y piensa que desearía morir con ella, porque no podría contener su muerte a solas.
También están Sabina y Franz, la primera amante de Tomás, cuya búsqueda del sentido del amor y la vida en medio de un sistema de gobierno opresor son una forma de escapar de esa cosificación en la que sentimientos como el amor están condenados. Tal como explica la crítica: “Esta exploración de relaciones humanas en una situación política de falta de libertad fluctúa entre la elección condicionada de la ligereza y superficialidad de existir, o la asunción de responsabilidades y compromiso que asiente la fortaleza y el peso de la existencia”.
La memoria poética
El amor tiene muchas interpretaciones, no es algo que se pueda sostener por mucho tiempo. Si no tienes la capacidad de afrontarlo, el amor no es como lo pintan, el amor es terrible y doloroso, pero también es felicidad, que no es lo mismo que el enamoramiento, un estado pasajero y de estrechez mental, tal como lo afirma Ortega y Gassett en su libro ‘Estudios sobre el amor‘.
Florentino no duda que el amor que siente por Fermina sobrepasa su razonamiento, Tomás no está seguro que es posible amar en una segunda cita, pero concluye que si hay algo que se parece al amor, debe ser ese sentimiento que no ha sentido por nadie.
Ambas novelas son distintas pero muy parecidas. Milan Kundera abarca la idea del amor a partir de una posición existencialista, la idea de memoria poética por ejemplo, en la que Tomás trata de encontrar la razón del por qué no recordaba haber tenido sexo con una amante durante una tormenta, un momento que ella había puesto en un recuadro para verlo cada vez que pudiera; un momento que era una nulidad para Tomás, pero que siempre recordaba a Teresa, tal como menciona: “Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse memoria poética y que registrara aquello que nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida. Desde que conoció a Teresa ninguna mujer tenía derecho a imprimir en esa parte del cerebro ni la más fugaz de las huellas”.
Por su parte, Florentino Ariza guarda el momento especial en su memoria poética, ese momento que pertenece exclusivamente a Fermina Daza, que fue su primer amor de juventud, en el barco que los lleva de un lugar a otro. Son un par de viejos conociéndose después de tanta penurias. Existe la desolación de romper el encanto en el que se encuentran, la realidad que significa desembarcar de ese buque que simula llevar la peste del cólera, para que ambos pasajeros estén a sus anchas compartiendo ese amor dejado de lado por tantos años. La frase final es una de las grandes frases que he de recordar y que resume finalmente toda la obra, esa espera involuntaria entre amores de paso y de última hora, la memoria poética se encuentra aquí:
El capitán miró a Fermina Daza y vio en sus pestañas los primeros destellos de una escarcha invernal. Luego miró a Florentino Ariza, su dominio invencible, su amor impávido (…)
¿Y hasta cuando cree usted que podamos seguir en este ir y venir del carajo? –le preguntó. Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches.
-Toda la vida –dijo.
El cine
Ambos libros fueron llevados al cine, uno de éstos con cierta pomposidad, aunque sin mucha puntería, si bien el lenguaje del cine y del libros son distintos. En ‘El amor en los tiempos del cólera’ lo que debió primar son las sensaciones de los personajes, que son el tallo y las ramas que dan estructura y sentido a la gran novela del escritor colombiano. En una crítica encontrada en la blogosfera sobre películas nominadas al Oscar en distintas categorías mencionan lo siguiente:
Durante dos horas asistimos a una conjugación de sentimientos que no encuentran reciprocidad, que se pierden en las escenas y que acaban siendo bonitas frases sin sentido: el pecado mayor que se le puede hacer a una novela de García Márquez.
La película fue dirigida por Mike Newell quien encargó el guión a Ronald Harwood que ya había adaptado otra novela como ‘El pianista’.
‘La insoportable levedad del ser‘ fue dirigida por Philip Kaufman, el mismo director de ‘Henry y June‘, y cumple con representar aquella búsqueda desesperada de los personajes de la novela, en la que la certeza de la existencia es la única manera de ser alguien.
Colofón
No sé si mi amigo quedó satisfecho con lo que le dije aquella vez, porque el amor es algo que no se puede determinar ni explicar, porque es algo que llega desde cualquier parte, que se puede adivinar en una mirada de casualidad o de reojo, en el temor que sientes ante la proximidad de alguien que no conoces o de alguien a quien conoces y no sabes como pasó.
Estas novelas a mí me dijeron algo más, algo que desde un punto de vista formal no se puede abarcar. Es la suerte de la literatura: contar aquello que no podemos decir a voz en pecho pero que trasladamos desde la conciencia misma a la página en blanco o la pantalla de una computadora de manera sobrecogedora y pura.
El bar cerró tarde esa noche, nos despedimos hasta otra noche, otra conversación. Al llegar a casa me puse recordar por qué esas novelas me marcaron tanto.













