Siglos de bebedores de sangre
El mundo de los vampiros está de moda. La saga de libros de la escritora Stephenie Meyer, que comenzó con ‘Crepúsculo‘ y sigue dando de qué hablar con el estreno esta semana de ‘Luna nueva‘ en el cine, y la colección de libros de ‘True blood’, llevada a la pequeña pantalla por la serie del mismo título, han resucitado la popularidad de estos seres sobrenaturales que comenzaron a cobrar vida en el siglo XVII en la Europa oriental.
Los vampiros, probablemente inventados por la conciencia colectiva para explicar las epidemias que recorrieron Europa antes de que la medicina pudiera darles una explicación científica, representan los instintos o impulsos humanos ocultos más primitivos, nuestra faceta instintiva animal y el poder de la sangre como vehículo del alma y el miedo a la pérdida o al robo de ésta.
Pinceladas de sangre
La pintura como reflejo de esa sociedad no ha pasado por alto la presencia de los vampiros y se hizo eco de un mito tan aterrador como fascinante en obras que datan principalmente del siglo XIX y que tienen en su máximo representante a Edward Munch con su obra ‘Amor y dolor‘, conocida popularmente como ‘Vampiro’.
Esta obra, que muestra a una mujer con el cabello largo y castaño, fue subastada hace poco más de un año -justo con la resurrección del gusto por el vampirismo- por más de 34 millones de doláres en Nueva York, situándose como la obra más cara de este pintor noruego.
Aunque sea más habitual identificar la figura del vampiro con un hombre a partir del ‘Drácula‘ de Bram Stocker, en muchas de las pinturas -y en las pocas esculturas sobre vampiros- de esa época aparecen representados con figuras femeninas, más cercanas a las lamias de la cultura grecolatina, como el famoso cuadro del pintor inglés Philip Burne-Jones titulado ‘The vampir’ de 1897.
El rescate del vampiro en el arte
Muchas de estas obras pueden verse en la exposición inaugurada hace varias semanas en Viena, que hace un repaso por más de 200 cuadros sobre lo inquietante en la pintura, incluyendo imágenes sobre la muerte, los vampiros y la oscuridad, que cuenta incluso con seis grabados de Goya en la sección ‘Sueños y pesadillas‘, y muchas de las obras más conocidas de Munch, como una litografía en blanco y negro de ‘El grito’, una de las pinturas que mejor refleja el sentimiento de angustia.
Con todo, la adaptación cinematográfica de ‘Crespúsculo‘ y la versión televisiva de ‘True blood’ no han sido las únicas muestras de la resurrección de los vampiros en las diferentes disciplinas artísticas: el pasado mayo salió a la venta una reedición de ‘Nosferatu‘ de Murnau y la editorial Ley Rear ha publicado en dos volúmenes el primer texto publicado sobre los vampiros, que data de principios del siglo XVIII y fue escrito por un benedicto francés.
Entre bastidores
Los vampiros también han contado con un hueco en el mundo de las artes escénicas que comenzó con la ópera ‘Der vampir‘, basada en la obra de John William Polidori y estrenada en Leipzig (Alemania) en 1828 y representada en su versión en español hace sólo nueve años en Madrid.
Durante los últimos siglos, muchas veces se han recreado diferentes versiones de la obra de Polidori: en 1897 ‘Drácula‘ pisó por primera vez el escenario de un teatro, en el Royal Lyceum Theatre de Londres, aunque no fue posible verlo con su capa -introducida para resaltar su relación con los murciélagos- hasta la segunda década del siglo XX.
Danza en la oscuridad
Por último, también la película ‘El baile de los vampiros‘, de Roman Polansky, trató a estas criaturas. De hecho, pudo verse en el teatro con un musical estrenado en Viena en 1997 que recorrió el mundo mostrando las grandes posibilidades del vampirismo en la danza, aunque fue mucho antes, en 1823, cuando se introdujo el baile en este tipo de espectáculos durante la representación de ‘Polichinel vampire’, un ballet-pantomima.
Alemania, Italia, Inglaterra, Canadá y Estados Unidos han sido la cuna de las más importantes representaciones de ballet que durante el pasado siglo eligieron el tema de los vampiros como base para sus espectáculos; ahora que el cine, la literatura, la televisión, la pintura y hasta los videojuegos han incorporado los vampiros a sus agendas, seguro que no tardaremos demasiado en dejarnos sorprender de nuevo por la oscuridad y el misterio del vampirismo en los escenarios.













