Naturaleza

Desde Google Maps la ciudad de México es una telaraña de protuberancias que no tienen ningún sentido. La Guía Roji es la cartografía de una metrópolis que devasta todo lo que se encuentra: bosques, lagos, manantiales, fauna y a sí misma.
Ahora que el problema de la escasez de agua flota en todo el ambiente mediático, en el boca a boca hay quienes recomiendan un par de lecturas para este fin de año: ‘La gota de agua‘, de Vicente Leñero, y ‘La sequía‘, de J. G. Ballard. Pero no es todo: sugieren abandonar este barco de asfalto que se hunde, pero desde luego, no todos pensamos de esta forma.
El lago de Xico, ubicado entre Tláhuac y Chalco, divide al Distrito Federal y el Estado de México. En esta parte el terreno se hunde y el acuífero tiene cada vez más agua, situación que amenaza con inundaciones a al menos dos colonias de 50.000 habitantes. Especialistas de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) proponen que se le dé mayor profundidad a este vaso de agua para incrementar hasta tres veces su capacidad y con ello acabar con cualquier riesgo de desbordamiento.
A dos horas del centro de la ciudad podemos encontrar este paisaje que contraria al ojo automático de Google Maps y de la Guía Roji. El llamado Nuevo Lago de Chalco mide 500 hectáreas. En él se impulsa un plan turístico, las aves han regresado y su belleza es una muestra de que, en efecto, el Distrito Federal es una Ciudad Monstruo por sus contrastes exaltados entre colonias, barrios y calles.
Mientras el centro histórico de la capital mexicana se hunde aceleradamente y se muere de sed, en el oriente del valle de México la naturaleza demanda su espacio y se niega a morir.













