Día de Muertos

A propósito del Día de Muertos, a quienes se les festeja en México desde tiempos inmemoriales, mi madre cree que cuando uno sueña que se le caen los dientes es augurio o premonición de que un familiar o un conocido va a morir.
Parece broma, pero durante mi infancia pude constatar que cada vez que ella recordaba que había soñado otra vez que se le caían los dientes, no dejaba de experimentar cierto desconcierto y desesperanza: quizá estaba escuchando que me iba a morir en breve tiempo; la muerte de uno y no la de los demás es lo que lleva a la parálisis. Pasaban muchas cosas por mi cabeza en pocos segundos.
Sin embargo, como soy un desconfiado consuetudinario, poca importancia le di a esa clase de oniría profética. Pasaron los años. Se empolvaron las imágenes hasta el punto de quedar sepultadas entre toneladas de polvo mental que las desterró. Y, aunque casi nunca lo tenía presente, sí lo recordaba de vez en cuando como una especie de flashback de ácido lisérgico, hasta que me encontré con un libro de los Señores Mayas, de los inventores del cero y las construcciones en el sureste de México. El ‘Popol Vuh‘ llegó a mis manos después de 30 años de atraso o feroz puntualidad.
En ese libro aparece Vucub-Caquix, un ser anterior a los hombres actuales muy soberbio, motivo por el cual los dioses lo mandan a matar. La misión no la cumplen del todo los misioneros de la muerte; sólo consiguen herirlo en la mandíbula. La treta se prolonga hasta los aponsentos de los dioses mayas, que envían a una pareja de ancianos a engañarlo. Le dicen que ellos curan el dolor de muelas y le quitan los dientes para sustituírselos por unos de maíz. Durante el proceso, el soberbio señor va perdiendo fuerzas y se le ve decadente cada vez más. Los ancianos lo logran: en ese estado muere.
Hasta hoy, al leer este episodio pre-humano, recordé otra vez el sueño que tantas horas me ocupó en mis primeros años. Los dientes, los sueños y las obsesiones quizá tienen el mismo hilo conductor o se construyen de los mismos materiales magmáticos. No lo sé. Nadie sabe qué son los sueños ni la muerte. Escritura y dientes quizá son una forma de hablarle a la muerte, a nuestra muerte, la que sólo nos observa y un día nos tomará del cuello y nos arrastrará por el suelo hasta llegar al Xibalbay.
Considero que el acto de escritura es antes que nada, como intuyó Julio Córtazar, un sacarse las alimañas de la cabeza. Los sueños son alimañas que nunca entendemos, pero disfrutamos que se nos suban a las sienes. No creo haberme quitado una maldita alimaña al recordar el sueño de Lupita, pero espero haber contribuido a alimentarla.
El ‘Popol Vuh‘ es también conocido como ‘Manuscrito de Chichicastenango‘ o ‘Libro de los consejos‘. Al parecer, fue escrito poco después de la Conquista; una de las hipótesis señala que pudo haber sido algún discípulo de los frailes que hablaba quiché y español. El origen del manuscrito es oscuro, se desconoce casi todo sobre el compilador y se le considera una obra colectiva. Los historiadores creen que el libro es el testimonio de las antiguas historias del quiché y que fue escrito por el indígena Diego Reinoso, protegido por el obispo Marroquín, prelado de Guatemala. Sin embargo, son meras suposiciones.














Referencia por Bitacoras.com el 07 de Noviembre de 2009:
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