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Sergio Valldecabres, nacido en Valencia en 1981, es licenciado en Periodismo por la Universidad Cardenal Herrera - CEU de Valencia. Desde sus inicios lleva trabajando en deportes: empezó siguiendo para la Agencia EFE a Ros Casares, Valencia Vijusa Valencia B y Vamasa Valencia. Después, pasó a formar parte de la redacción de deportes del diario Las Provincias, del Grupo Vocento. Actualmente lleva la comunicación de las Federaciones Deportivas de Voleibol, Tenis de Mesa, Deportes Adaptado, Triatlón, Taekwondo, Rugby y Actividades Subacuáticas, además de colaborar en los portales Servifutbol y Mercafutbol.

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El deporte no siempre es justo

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Raúl González Blanco, un emblema del madridismo que pasará a la historia como uno de los grandes del fútbol español. Un niño con mucha proyección que debutó ante el Zaragoza en 1994. Años después nadie duda de que se retirará del fútbol de primer nivel en casa, en el Santiago Bernabéu. Pero no todos acaban así.

Todo aficionado al fútbol, cuando se le pregunta por el símbolo del Espanyol piensa en Raúl Tamudo. Un joven que salió de la cantera y tras muchísimas temporadas continúa en la primera línea del fútbol profesional. Pero el fin de sus días como blanquiazul están próximos.

Los problemas entre la directiva del Espanyol y Raúl Tamudo se han convertido en irreconciliables. Hace un par de semanas la relación se volvió insostenible y ambos lados se atacaron públicamente. Diciembre puede marcar el fin.

Sólo importa el presente

El mundo del fútbol entiende sólo del presente. El pasado, por muy glorioso que haya sido, no importa. Las hemerotecas no importan a pesar de haber sido uno de los futbolistas más grandes de la historia del conjunto catalán.

Pero la historia del deporte está llena de casos similares. Gaizka Mendieta fue considerado el murciélago del escudo del Valencia y, después de las dos finales de la Champions League, quiso marcharse del club. La directiva no lo entendió y se negó en rotundo a traspasarlo al Real Madrid. Finalmente, se marchó a la Lazio de Roma. El capitán de los mejores tiempos del Valencia se fue del club sin el reconocimiento que merecía.

El domingo volvió Michael Owen a Anfield, el estadio en el que mejores actuaciones realizó durante toda su carrera. Oyó el ‘You’ll never walk alone‘, himno con el que se anima al Liverpool, pero esta vez él jugaba con el Manchester United. Salió en la segunda mitad y nadie se acordó de su pasado red. Todo lo contrario. The Kop, la afición del Liverpool, brindó una sonora pitada al que fuera su Balón de Oro.

A pesar de ello, Owen se despidió de su casa aplaudiendo a la que en otros tiempos le dieron cariño y admiración.

Pero no fue el único reencuentro del pasado fin de semana. El jovencísimo Ricky Rubio jugó el sábado con el Barcelona ante la penya, su club de toda la vida. E hizo un partidazo.

El conjunto de Badalona y el base catalán protagonizaron un culebrón que acabó con Rubio en sus vecinos del Barcelona a pesar de haber sido drafteado para la NBA como número 2. Culebrón como tantos otros que han vivido ídolos que dejaron de serlo.


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