El drama cotidiano del agua
No hay persona que no se sienta tocado por la escasez mundial de agua, ese drama cotidiano que está a punto de convertirse en la próxima crisis global y que ya amenaza con guerras a través de las primeras escaramuzas sostenidos entre agricultores, tal como lo muestran las noticias de México, Ecuador y Perú, por citar algunos ejemplos.
Además de la escasez de agua que afecta a las zonas áridas del planeta y de las sequías que se vienen incrementando por el aumento de la temperatura de la Tierra, los especialistas señalan que el aumento poblacional, la urbanización, la contaminación y la mala administración de los recursos son factores igual de graves.
Problema urgente
Uno de los problemas iniciales radica en la falta de planificación de municipios, comunidades agrícolas y Jefes de Estado, quienes no sólo malgastan la poca agua que poseen, sino que no están incorporando el tema como una de sus prioridades de gestión.
Si bien en algunos países ya se han conformado instituciones encargadas de evaluar la disponibilidad de este recurso y las prioridades de su uso, al punto de tener que adecuar la legislación a esta nueva situación, los derechos por el agua todavía no tienen bases sólidas.
Alternativas viables
Mientras esta discusión sigue su curso, hay sectores que han dado algunos pasos al frente para contribuir con la solución del problema. Uno de ellos es el agroindustrial, que emplea riego tecnificado para racionar el agua, usándola en cultivos que requieren pocas cantidades de este elemento.
Del mismo modo, la minería formal ha desarrollado mecanismos para reutilizar el agua en sus procesos, los ingenieros han creado productos que purifican las aguas residuales para destinarlas al riego de parques y cultivo de peces, y la misma población ha encontrado formas para no malgastarla.
¿Solución a la vista?
El gran reto parece estar no solo en el compromiso de no desperdiciarla, sino en plantear nuevas formas para almacenarla. A la cosecha de agua, como se le llama a la captación del agua de lluvias, se le podrían sumar otras alternativas, en especial para quienes las emplean banalmente.
Una cifra puede ayudar a entender dónde deben concentrarse los esfuerzos: el sector agrícola consume más del 65% del agua potable del mundo, por lo que antes de pensar en grifos, duchas e inodoros ahorradores, debería pensarse en dejar de consumir los alimentos que gastan más agua (arroz, algodón, maíz).













