Dos arquitectos de la zona cero
Han pasado más de ocho años desde que el atentado de las Torres Gemelas dejara un vacío de 64.000 metros cuadrados en el centro de Nueva York, un vacío que las autoridades pretendían llenar con proyectos de los grandes arquitectos del mundo pero que no ha podido materializarse.
Calatrava y Libeskind fueron dos de los elegidos para rellenar ese hueco que sigue semivacío hoy; dos arquitectos con trayectorias increíblemente similares pero formas de entender la arquitectura -y probablemente la belleza- bastante diferentes; dos arquitectos que han sido profundamente criticados, mientras el mundo sigue comprando sus proyectos a precio de oro.
Nunca pasan desapercibidos
Si algo tienen en común estos dos arquitectos es la grandiosidad y el impacto visual que generan sus obras. Estaciones de tren, auditorios, museos, puentes, obeliscos, centros comerciales, plazas o sinagogas, todo lo que pasa por las manos de alguno de estos dos arquitectos se convierte en un lugar que merece la pena visitar.
Mientras Calatrava regresa a los orígenes, a las formas de la naturaleza o de los animales y huye siempre que es posible de las formas rectas, Libeskind se deleita plasmando en sus edificios sus inquietudes intelectuales y busca en las matemáticas, la música o la literatura su inspiración.
Blanco sobre blanco
Santiago Calatrava nació en Valencia hace más de cincuenta y cinco años. Primero artista, luego arquitecto y finalmente ingeniero, este español redondea las formas de sus edificios o los rodea con estructuras que similan redes naturales, siempre blancas y luminosas.
Popularizó su obra al convertirse en el constructor de puentes más solicitado de Europa, pero esos edificios que parecen transportar a los ciudadanos hacia el futuro suponen un despilfarro en todos los sentidos, según sus detractores.
Mientras en sus inicios se alabó la capacidad de Calatrava para combinar arquitectura con la practicidad de los ingenieros, ahora este arquitecto parece haberse olvidado de las inclemencias del tiempo a la hora de elegir los materiales de sus construcciones -lo que las encarece considerablemente- o del espacio que queda inutilizado debido a las paredes irregulares o a los techos altos que caracterizan sus obras.
Calatrava ha sido criticado por esconder en la extravagancia y la originalidad de sus diseños -algo de lo que también presume Libeskind-, una escasa adecuación al entorno; la utilización de materiales poco ecológicos y, sobre todo, por la similitud de sus obras que parecen repetir unas formas concretas, suyas, sí, pero siempre iguales.
Arte para el arte
Libeskind se dio a conocer a través del diseño y la ampliación de museos y se refugia en el color gris, en los espejos, en el cristal y en las estructuras triangulares, con terminaciones angulares y en la preferencia por las líneas rectas y el metal.
Mientras Calatrava prefiere construir a lo ancho, a Libeskind parece invadirle cierto desasosiego por edificar cada vez más alto; mientras las estructuras de Calatrava recuerdan al día, los edificios de Libeskind nos arrastran directamente a la noche, a las luces, los focos y a los espectáculos.
Siempre vestido de negro, este estadounidense de origen judío se pasea con tranquilidad por el mundo, mientras otros califican su deconstructivismo como el más radical de la arquitectura contemporánea. Las críticas atacan su pasión por las dimensiones alegóricas de sus obras que no siempre pueden traducirse de forma exacta en la construcción.
Más allá de la zona cero
Finalmente la Torre de la Libertad no quedará naturalmente iluminada cada once de septiembre recordando el momento de los atentados como previó Libeskind, ni el el pájaro gigantesco que Calatrava diseñó para el intercambiador de transportes podrá volar porque los presupuestos casi le han arrebatado las alas… y no son las únicas modificaciones que han sufrido los proyectos de estos dos arquitectos.
No obstante, lo que podría parecer un descrédito para los dos arquitectos parece no afectar en nada a su meteórica carrera, y mientras Calatrava es el autor de quince proyectos que están ya aprobados o en construcción, Libeskind está involucrado en más de veintes obras en fase de diseño o realización. Pero no son los únicos, sus carreras se vislumbran imparables en medio de lo que parece la nueva era dorada de la arquitectura.













