Ecología para ‘dummies’
¿”Calentamiento Climático”? ¿”Cambio Global”? Desde hace algunos años, la preocupación ambiental se ha expandido por todo el mundo, al punto de que ya no es un drama exclusivo de los ecologistas, sino un deber de los gobiernos, una responsabilidad de las empresas y una tarea de la población entera.
Sin embargo, muchas veces oímos, leemos y comentamos sobre ello sin tener un verdadero conocimiento del problema. ¿El efecto invernadero hace que el calor se incremente? ¿El agua se está acabando porque no cerramos bien los grifos? ¿Podemos acabar con la contaminación reciclando? ¿El CO2 es el enemigo?
Una cosa está clara: no se puede cuidar del planeta si no sabe de qué adolece. Resulta curioso que a estas alturas la famosa colección de libros para dummies no haya tocado el problema ecologista, pero sí los de coaching y management; un claro ejemplo de lo que son estos tiempos modernos.
Concienciación contra el tremendismo
Las visiones apocalípticas de seguidores de Nostradamus han hecho del tema ambiental un argumento atractivo para películas tremendistas, o para vender una gama nueva de productos llamados “verdes”, “ecológicos” y “naturales”, al más puro estilo de los alimentos light que no lo son; pero en contados casos han pasado a proponer una solución.
Existen muchas propuestas políticas internacionales, reclamos de activistas y enormes campañas mediáticas encabezadas por artistas junto a iniciativas sin pies ni cabeza para acabar con esta crisis ambiental. La solución, como casi siempre, parece estar en la educación y en un término acaso más ambicioso: la concientización.
A través, por ejemplo, de mecanismos tales como los servicios ecosistémicos, se está asociando la conservación natural con el beneficio de las comunidades. Cuidar un árbol y su entorno resulta entonces más provechoso que talarlo para venderlo, o sembrar un cultivo menos rentable, que además dañará el suelo y afectará el entorno.
Si a ello se le suman visitas turísticas para conocer y aprender cómo se puede vivir en armonía con la naturaleza, hábitos de vida que promuevan el ahorro en el consumo de bienes extraídos de recursos limitados e inventos cuyo fin sea hacer más eficiente el gasto de los mismos, entonces se podrá hablar de un desarrollo sostenible.
Lo cierto es que si nunca nos enseñaron a cuidar el ambiente en esta época de fenómenos atmosféricos, de escasez de recursos y excesiva contaminación, es cada vez más importante tomar lecciones aceleradas. Hay que aceptar que, en esta novedosa materia, todos somos un poco dummies, pero nunca es tarde para aprender.













