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Francisco Javier Puchades nació en Valencia hace 26 años. En 2005 se licenció en Periodismo por la Universidad Cardenal Herrera - CEU, la misma universidad en la que en 2008 ha obtenido la licenciatura en Publicidad y Relaciones Públicas.

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Amor, miedo y respeto a los colores

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Andar con pies de plomo ya no es suficiente en un escenario sometido al ojo escrutador de millones de críticos anónimos. Habría que buscar una locución superior para resumir la cautela con la que deben guiarse aquellos que pintan algo en el mundo del deporte de élite. Puede sonar triste, pero es tan real como amenazante: cualquier cosa que digas puede ser utilizada en tu contra en un futuro, bien por los medios de comunicación, bien por los aficionados.

Al nuevo base del Regal FC Barcelona, Ricky Rubio, le ha ocurrido una cosa similar, aunque su entorno ha preferido zanjar cualquier posible herida antes de que empiece a supurar. Ricky, un reconocido seguidor del Espanyol, ha cedido a un amigo su abono en el nuevo estadio de Cornellá-El Prat. No irá al estadio, e intentará que no le recuerden su pasado blanquiazul.

Lo hace, según su família, para evitar problemas con la grada del Palau, dada la ememistad que existe entre pericos y culés. Así lo aseguran todas las versiones oficiales, que hablan en todo momento de una decisión personal del jugador.

Fuera del oficialismo, en cambio, se insiste en que la decisión del base viene motivada por una sugerencia del Barça, que le habría invitado a alejarse del Espanyol. Los blaugrana devolverían así el manotazo que recibieron hace unos meses por parte del Espanyol, que apartó a una jugadora del femenino por posar en Facebook con los colores del Barça.

Profesión de ida y vuelta

La reflexión apunta hacia muchas direcciones, pero parece que la actitud de rechazar a un jugador sólo por su pasado pertenece a los aficionados más trasnochados. Hace décadas que en el deporte impera una aplastante lógica mercantil de ida y vuelta. Los jugadores entran y salen como piezas efímeras de un proyecto deportivo en el que todo,  o casi todo, es pasajero.

Ser de un equipo y defender los colores de otro debería empezar a verse con normalidad. Nada más lejos de la realidad que conocen todos los que se dedican profesionalmente a esto. En Primera nadie duda del pasado sportinguista de David Villa o del apego de Paco Pavón por el Getafe.

Antecedentes negativos

Cierto es que la rivalidad que puede existir entre el Valencia y el Sporting, o entre el Zaragoza y el Getafe, no se puede comparar a la enemistad que preside las relaciones entre las aficiones del FC Barcelona y Espanyol.

Sin embargo, el hecho de que un jugador opte por aislar una preferencia sentimental hacia un club para evitar problemas con otro dice mucho de la normalización de la que carece el fútbol español en muchos aspectos.

Se añora un llamamiento al sentido común, que sólo aparece cuando se roza la tragedia. Aunque parezca alarmante, estos arañazos alimentan el caldo de cultivo de insanas rivalidades que ya han dejado episodios tristes. De los energúmenos de la fila 26 no se espera que pongan paz, pero no hubiese estado mal, en toda esta polémica por Ricky Rubio, un gesto conciliador por parte de ambas directivas.


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