El degolladero de cetáceos
En Taiji, un pueblo de 3.500 habitantes situado en la costa del Pacífico, comienza la temporada de pesca, como cada año en septiembre. Veintiséis pescadores cercan a una docena de delfines en un perímetro rodeado de barcos. Se trata de una pequeña cala donde, cuchillo en mano, los marineros matan a los animales propinándoles puñaladas. Aproximadamente unos 20.000 delfines serán masacrados en los próximos meses. No son los únicos cetáceos: sus vecinas las ballenas vienen a engrosar la lista negra.
Aunque existe una moratoria de 1985 de la Comisión Ballenera Internacional que prohíbe la caza comercial de ballenas, cada temporada se cazan alrededor de 1.000 ejemplares y desde los años ‘80 se han matado unas 22.000. Éste es uno de los motivos fundamentales por los que a comienzos del siglo XXI un informe del Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF) denunciaba que siete de las trece grandes especies de ballenas se encontraban cerca de la extinción.
En 2008, la UICN (Grupo de Especialistas de Cetáceos de la Unión Mundial para la Naturaleza) actualizaba la Lista Roja de cetáceos en peligro de extinción y aseguraba que la ballena jorobada comenzaba a recuperar población después de que en 1963 se prohibiera su cacería con fines comerciales. Acto seguido Japón anunciaba su intención de volver a cazar ballenas jorobadas después de 50 años, aunque la presión internacional finalmente logró disuadir al país nipón de su empeño.
La ciencia de las hamburguesas
La postura oficial del gobierno japonés es la defensa de la caza de cetáceos con el pretexto de una “investigación científica” y alegando que, por ejemplo, la captura de unos 2.000 ejemplares al año de ballenas minke no influye negativamente en el medio ambiente marino. Sin embargo, la excusa de los estudios científicos que permite la cacería al imperio del sol naciente queda por los suelos ante hechos tan comprobables como que la cadena japonesa de comida rápida Lucky Pierrot ofrece hamburguesas de ballena en su menú.
El término kujira, (simbolizado por クジラ), viene a representar los carteles de los restaurantes que inundan muchas calles de Tokio, Osaka o Nagoya, donde la especialidad de la casa es la carne de ballena. Lo más sorprendente, sin embargo, es que la asociación ecologista británica Whale and Dolphin Conservation Society escandalizaba al planeta entero en 2006 con un informe que denunciaba que, ante el colapso de mercancía en los almacenes japoneses, una empresa había comenzado a fabricar comida para perros con carne de ballena.
Si a esto unimos que en 2007 se descubrió que más de la mitad de las ballenas minke capturadas por Japón el verano anterior eran hembras preñadas, el pretexto científico se acaba transformando en un argumento ilógico e inadmisible.
‘The cove’
‘La cala‘ (’The cove‘) es el nombre del documental que ha conseguido centrar la atención internacional sobre la matanza de cetáceos. Gracias al activista Richard O’Barry, el antiguo entrenador de delfines de Flipper, ha salido a la luz la masacre de Taiji en Japón. Para su grabación, en 2007, el equipo se las tuvo que ingeniar para acceder a zonas vetadas, sortear la constante vigilancia a la que fueron sometidos y emplear cámaras escondidas para grabar de forma clandestina las brutales técnicas utilizadas por los pescadores japoneses.
‘The cove‘ se ha convertido en el documental más votado por la audiencia en el festival de cine de Sundance de EEUU en 2009 y, al menos ante las cámaras y por el momento, ha conseguido detener la masacre del degolladero de cetáceos de Taiji. Pero ¿por cuánto tiempo?














Comment por Melissa el 27 de Septiembre de 2009:
¡¿Comida para perros con carne de ballena?! Alucinante. Yo no puedo decir si la vida de un delfín o una ballena vale más que la de un atún. Pero si los primeros están en peligro de extinción ¿por qué nadie consigue para parar eso?