La noche de las compras sin compras
Desde hace un tiempo se viene comentando (supongo que cuando os vais de cañas no, pero en algunos sitios esto sí es un tema que se trata) que la Red ha servido para acercar el mundo de la moda a la gente que no tenía acceso a ella de otra manera. Inditex, por ejemplo, ha servido de gran ayuda en este sentido.
Las revistas especializadas, en cambio, han tenido que adaptarse a este cambio y ofrecer en sus páginas productos que el gran público se pueda permitir: queremos ir a la moda y queremos poder hacerlo sin pedir un crédito.
Esta vez, Vogue, la conocida como ‘Biblia de la moda’, decidió organizar un evento a nivel mundial, con presencia en Madrid, en lo que se denominó Fashion night out (o, tal y como muchas decidimos rebautizarlo, La noche de las compras).
Nueva York, Londres, Milán, París… ciudades de todo el mundo vivieron su propia noche especial, en la que cada cual pudo vivir su propia experiencia, y juntar, gracias a un evento único, numerosas historias diferentes…
Locura madrileña
Estamos en crisis y hay que innovar, por lo que el 10 de septiembre miles de madrileños (madrileñas, porque éramos mayoría) tuvieron la oportunidad de acercarse a esas tiendas en las que nunca se atreverían a entrar. Algunas, en cambio, disfrutaron de una jornada diferente en sus sitios habituales, pero engalanados para la ocasión.
Lo divertido de asunto era poder comprar de noche, pero como muchos no pueden permitírselo y el tema era acercarse al gran público, los que disponían del “pasaporte dorado” (que a día de hoy aún se desconoce dónde y cómo se conseguía) hicieron su propia gymkana de los regalos con los que les obsequiaban en tiendas como Tous, Musgo y otras.
El resto se podían conformar con experiencias excepcionales, que al fin y al cabo es lo que guarda la memoria en su cajón de los recuerdos, como tomar una copa en Louis Vuitton, jamón y champagne rosado en Manolo Blahnik, mojitos en La Perla o maquillarse en Emporio Armani… agarrado a otra copa, claro, porque podría ser la noche de las compras en la que apenas hubo compras, pero acabar por los suelos con tanta mezcla etílica era un plan alternativo que nadie había planeado.
Un plan, por cierto, que podía verse auspiciado no sólo por las obras que sufre la Calle Serrano (epicentro de la zona de tiendas más cara de la capital), sino por los tacones que se calzaron muchas de las asistentes.
Nocturnidad, alevosía y vestimentas
Porque, eso sí, en la calle Ortega y Gasset, cerrada al tráfico y engalanada con una gran alfombra roja para tal evento, se podían ver las mejores ropas de cada casa, pues la gente, necesitada de eventos sociales de alta alcurnia, sacó de paseo sus mejores galas.
Mucho raso, falda corta, tacón y mucha pose también, pero como leí en algún sitio, dejemos que la gente sea superficial durante un rato mientras no se lleve ese pensamiento a casa… Aunque para la Fashion night out sería preciso afinar: dejemos que la gente disfrute de una noche de compras sin compras, de lujo sin lujos, de bebida sin comida, de lucirse sin lucir. Mientras nos llevemos ese recuerdo a casa…













