La montaña rusa de la economía
Hay quienes se afanan en creer que la felicidad no se puede definir. Otros muchos se aproximan dando razones científicas, pero quizás, quienes se quedan más cerca de poder definirla son esas personas que dicen que la felicidad es un estado de ánimo. Curiosamente, la economía actual también podría definirse como un estado de ánimo.
Concretamente, un estado que en menos de una semana puede variar desde el final de la crisis económica hasta dar un dato cercano a los 4 millones de parados en España. O variar del hundimiento constante de medianas empresas al nuevo florecimiento del sector automovilístico.
Como una montaña rusa, así se está comportando la economía, un día arriba y otro abajo. Y es que la actividad económica, pese a ser medida como ciencia, aunque social, debería comportarse con unos patrones prestablecidos y estudiados. No obstante, nada de eso está resultando y cada día se vislumbra un horizonte muy incierto.
Sube
Así, la semana pasada se conocieron varios datos muy positivos con respecto a la actual situación económica de los españoles.
Uno de esos indicativos que reflejan el estado de salud de las economías familiares es la tenencia de un vehículo. Pues bien, no solo a nivel global se han incrementado las ventas de coches, sino tenemos, por ejemplo, el caso de la Comunidad Valenciana, donde ha aumentado en un 23% la venta de vehículos.
Otro caso en el que se ve una leve mejora es en el sector aéreo: pese a ser mínimo, y en algunos casos, se da la parodoja de celebrar las pérdidas porque éstas son menores, también se dan casos como el de Iberia, que poco a poco ofrece datos en los que el repunte aunque mínimo se aprecia como real.
Un factor en el que se está incidiendo en esta crisis es en la cuestión psicológica de la propia situación y el miedo que han generado los ahorradores para consumir. Pues bien, la confianza del consumidor subió 3,4 puntos en agosto respecto al mes precedente. El indicador, que se ha elevado por sexto mes consecutivo, se sitúa en su nivel más alto desde septiembre de 2007.
Según el ICO, organismo que preside José María Ayala, se refleja una mejora significativa de la confianza de los consumidores en los últimos meses hasta aproximarse a los niveles de comienzo de la crisis financiera internacional.
Por último, en esta sucesión de buenas noticias, encontramos un informe de la OCDE según el cual lo peor de la crisis en la zona euro ha pasado ya y se apuesta por una recuperación “más temprana” de lo previsto. Considera que el ajuste inmobiliario en EEUU y Reino Unido está tocando fondo.
Baja
En el lado contrario están los datos negativos. El número de parados registrados en las oficinas del Instituto Nacional de Empleo (INEM) subió en 84.985 personas en agosto. De nuevo la cifra ha aumentado y de nuevo la barrera de los 4 millones de parados se ve muy cerca. El total de desempleados se situó así al finalizar agosto en 3.629.080 personas, mientras que la afiliación a la Seguridad Social se redujo en 142.244 personas.
Pero no solo en España se habla de cifras peligrosas -en cuanto a empleo se refiere- pues en la eurozona aumentó una décima el pasado mes de julio y alcanzó la tasa más elevada desde mayo de 1999, con un 9,5%, según ha informado Eurostat, la oficina estadística comunitaria.
A todo esto hay que añadir el dato también conocido la semana pasada y que dejaba a EEUU en unas cifras de desempleo desconocidas desde 1983, creciendo hasta el 9,7% en agosto.
Regresando a la economía doméstica, otro dato conocido la semana pasada y que ha dejado frío a los firmes creyentes de los ‘brotes verdes’ es el de las previsiones de gasto público, que se han ido al traste. El Gobierno fijó un techo de gasto para 2009 de 157.604 millones de euros, pero el dato reconocido a mediados de año ya alcanzaba los 192.000 millones, es decir, una desviación de 34.000 millones de euros.
Un día se sube como al siguiente se baja. Los famosos ‘brotes verdes’ parecen relucir con todo su esplendor cuando a las horas puede ser que un dato de gasto deficitario u otra índole nos vuelva a sumergir en la oscura crisis, que parece mantenerse firme.













