Hatoyama, presidente por accidente
Yukio Hatoyama ha conseguido algo que parecía imposible: derrotar al eterno gobierno del Partido Liberal Demócrata (PLD), formación nipona asentada en el poder casi ininterrumpidamente desde el término de la II Guerra Mundial.
Su sorprendente éxito electoral, sin embargo, se produjo más por el desgaste, la mala gestión y el olor a rancio de la cuasidictadura de los longevos políticos del PLD que por su tirón social, su mensaje fresco y sus apuestas de futuro. Más que ganar Hatoyama, la noticia es que perdió el PLD del primer ministro Taro Aso.
Nipones hartos
Los japoneses estaban (y están) hartos. La segunda economía del mundo, un ejemplo de desarrollo, civismo y prosperidad, vive sumida en una depresión que se remonta a finales de los años ‘80, con crecimientos insignificantes y un yen devaluado todo lo que permiten sus tipos de interés. El carrusel de nombramientos y dimisiones de los políticos dirigentes del PLD y sus divisiones internas han ido minando la moral de los japoneses, poco amigos de cambios drásticos que, a su manera, han querido revolucionar la estancada jerarquía de poder.
Los nipones, habitualmente apacibles, apolíticos y reservados, han enseñado los dientes al PLD, que se enfrenta ahora a una transición opositora para la que no está preparado. El resultado electoral podría llegar a devorar incluso a la formación, que se escindiría en varios grupos de menor entidad afianzando a Hatoyama y su Partido Democrático de Japón (PDJ)… aunque hay que dar tiempo al tiempo para ver cómo evolucionan los acontecimientos, especialmente cuando hablamos del país del sol naciente.
El reto de Hatoyama
Hatoyama, heredero de una estirpe de empresarios y políticos, carece de experiencia en cargos públicos. Se hizo con el puesto de presidente del PDJ hace cuatro meses tras la dimisión por un escándalo financiero del líder del grupo, Ichiro Ozawa, quien ya había obtenido sus pequeñas victorias frente al PLD en el senado.
El nuevo mandatario nipón dará a conocer su gobierno a mediados de septiembre, donde se esperan ver caras jóvenes que rompan con la vejez acuciante que reina en las instituciones japonesas, tal como anunció Hatoyama.
El ahora presidente electo salió victorioso con una cesta rebosante de promesas internas, incremento del gasto y acercamiento a China y Corea del Sur, al tiempo que endurecimiento de las relaciones con EEUU, un programa electoral demasiado ambicioso para un debutante en el poder que, a buen seguro, sufrirá los efectos secundarios de una estructura administrativa creada a imagen y semejanza de sus rivales del PLD durante décadas.
Un lugar en el mundo
Hatoyama pretende trazar una política más “de izquierdas” en un país que se mueve por el capital, pero extremadamente “socialista” en su funcionamiento y cuya economía pide a gritos mayor dinamismo y liberalización para incrementar su competitividad global.
Asimismo, quiere independizarse de la presencia de EEUU en Japón para que el país juegue un papel geopolítico más acorde con su estatus internacional, una maniobra que podría suscitar el resurgimiento del apaciguado nacionalismo nipón.
Hatoyama, aficionado al karaoke y a internet, cuya mujer dice haber viajado en sueños en un platillo volante, tendrá mucho que demostrar, más allá de su ‘buenrollismo’ y mensaje conciliador inicial, si quiere convertirse en merecedor de su accidental victoria electoral. Los elementos jugarán en su contra.













