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Davinia Suárez nació en Gran Canaria en 1982, terminó Administración y Dirección de Empresas, y su vocación la llevó a estudiar Periodismo en Madrid. Blogger desde hace tres años, le apasiona escribir y tiene claro que el periodismo ya no puede existir sin internet. Ha colaborado con varios medios en Canarias y durante los últimos meses ha trabajado en la Agencia EFE. Blog

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Noches para soñar despiertos

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En algunas ciudades del mundo existe al menos una noche al año en la que el insomnio está permitido, e incluso aconsejado; una noche para salir a la calle y dejarse llevar; un noche como homenaje al arte, en todas sus formas; unas horas en las que ese arte recupera su función principal: la de sorprender al espectador a través de la capacidad de soñar de los artistas, sin costes, sin limitaciones, en libertad.

Esa noche, que puede llamarse La Noche en Blanco, La Nuit Blanche, la Notte Bianca, Taitaiden Yö o The Light Night, es un momento único en el que museos y galerías dejan sus puertas abiertas, y la música, el teatro, la danza, las performances de todo tipo o los juegos circenses conquistan las calles embaucando a los ciudadanos en la telaraña de actividades que dan forma a esta noche mágica.

Noches que no llegan a serlo

La Nuit Blanche, surge de forma oficial en el París del año 2002, cuando se decide crear un recorrido artístico nocturno, accesible para todos y que explorara el valor del espacio urbano para la creación moderna. Pero San Petersburgo y Berlín también se disputan la autoría de una idea que posteriormente se expandiría por el mundo.

De hecho, la situación de San Petersburgo, al norte de Rusia, hace posible que sus habitantes disfruten en verano del fenómeno conocido como “las noches blancas“, noches en las que el sol se pone muy tarde, amanece muy temprano y la oscuridad nunca llega a ser completa. Durante esos días la ciudad celebra desde hace más de 100 años un conjunto de festivales que tomaron el nombre del color de sus noches.

Por su parte, en 1997 Berlín, durante la Langen Nacht der Museen -Larga noche de los Museos-, doce instituciones y galerías de la ciudad permanecieron abiertas toda la noche como preludio de lo que serían las actuales Noches Blancas.

Desde estos precedentes hasta ahora, muchas ciudades han pasado a celebrar sus propias noches en blanco: Lima, Toronto, Roma, Madrid, Santa Mónica, Londres, Riga, Tel a Viv, Sao Paolo, La Valleta, Turín, Chicago, Budapest, Amsterdan, Helsinki, Seul, Praga, Buenos Aires, Leeds, Bruselas, Genova, Málaga, y más de un centenar de ciudades de los cinco continentes disfrutan de esa noche -cada una con sus particularidades- durante los últimos días del verano.

Diez horas para empaparse de arte

Cine, pintura, escultura, teatro, circo, música, fotografía, artes plásticas, iluminación, fuego, videoarte, y un hervidero de propuestas para pasar la noche en vela, en blanco, es la oferta de unas “noches blancas” que pretenden devolver al público el arte como entretenimiento y no como mero producto comercial.

La mayoría de las ciudades amplían el horario de los transportes públicos o habilitan servicios especiales durante esta noche, impulsan las formas de movilidad “poco contaminantes” y cierran al tráfico las principales calles para facilitar el acceso de los ciudadanos a las actividades y para dedicar este espacio urbano a la creación contemporánea.

La situación geográfica de cada ciudad obliga a celebrar las Noches Blancas de forma escalonada por lo que aún hay tiempo para participar el día 19 de septiembre en la de Madrid  y en ciudades como París, Bruselas, Toronto, Londres o La Valleta, en Malta que celebrarán sus “noches blancas” el próximo 3 de octubre. O visitar Buenos Aires, que tiene su noche el 19 de Noviembre.

Otra cara de la noche

Pero también existe otra “noche blanca” que sufren los ciudadanos que se acercan a esta noche de insomnio general. Es la noche de las colas, del aforo completo, de las calles atestadas de transeúntes, de los empujones, de los autobuses repletos, de los espectáculos con entrada gratis que había que recoger días antes -el cuándo y el dónde nadie lo sabe-; en definitiva, una noche para aprender a controlar los nervios.

Es tan sólo una noche, y son muchos los que quieren acercarse a la variada oferta cultural que se propone, no es extraño que se formen colas o atascos que podrían solucionarse con una mejor planificación y un poco de paciencia, porque como ya dijo Dostoievski en su novela ‘Noche blancas‘: “¿Y un instante de felicidad no es suficiente para toda una vida?”. Quizás, al menos ese instante de la noche merezca la pena.


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