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Fernando Mexía nació en Oviedo en 1978. Es corresponsal de una agencia de noticias en Los Angeles y previamente estuvo destinado en Tokio. Con experiencia en radio y televisión, cuenta con un máster en Relaciones Internacionales y Comercio Exterior. Es además un activo blogger atrapado por las redes sociales. Blog | Twitter

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La sanidad enferma de EEUU

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El sistema sanitario estadounidense adolece de ineficiencia. EEUU es el país de la OCDE que más invierte en cuidados médicos, el que tiene una mayor proporción de seguros privados y, sin embargo, cuenta con menos plazas hospitalarias y doctores que la media de los países más desarrollados del mundo. La esperanza de vida de un adulto no llega a los 80 años (81 años en España) y un promedio de casi 7 niños mueren después de nacer (casi 4 en el caso español). Aún así en este país muchos insisten en defender este precario estado del bienestar donde ponerse enfermo es un lujo que no está al alcance de todos los bolsillos.

Bancarrota sanitaria

En 2007, antes de que se desatara la actual crisis económica, el 60% de las bancarrotas familiares de EEUU se produjeron debido a los altos costes de la factura médica. Lo asombroso del asunto es que tres cuartas partes de estas quiebras fueron declaradas por personas que tenían un seguro privado.

Ante esas cifras no es difícil imaginar la situación a la que se enfrentan cerca de 50 millones de estadounidenses que no pueden contratar sus propias pólizas sanitarias, que normalmente están subvencionadas por la empresa para la que se trabaja.

Los seguros médicos privados, como en todas partes, cubren más o menos servicios en función de las cuotas que abone el cliente, esto implica que en casos de enfermedad prolongada o muy costosa, tarde o temprano el enfermo tendrá que vaciarse la cartera para seguir recibiendo la visita de su doctor.

Ni que decir tiene que los avanzados tratamientos merecedores de premios Nobel que desarrollan médicos y científicos en EEUU son tan punteros como exclusivos. No en vano el coste de la estancia de la difunta cantante española Rocío Jurado en una clínica de Houston para tratarse el cáncer del que murió rondó los 90.000 euros a la semana.

EEUU, un mal ejemplo

Los datos de la situación sanitaria en los países de la OCDE correspondientes a 2007 y publicados este año confirman esta contradicción estadounidense.

EEUU invierte el 16% de su PIB en sanidad (por un 11% de Francia y un 8,5% de España) que supone más de 7.000 dólares al año en gasto médico per cápita, por poco más de 2.000 dólares en España. La media per cápita en la OCDE no llega a los 3.000 dólares.

En la primera potencia económica y militar del mundo hay un promedio de 2,4 doctores y 2,7 camas de hospital por cada mil habitantes, en ambos casos cifras inferiores a la media de los países más desarrollados.

La reforma de Obama

Las estadísticas ponen en evidencia que el sistema sanitario estadounidense es muy deficiente y funciona peor que en los países europeos donde se garantiza la atención médica universal. En esa dirección pretende avanzar la reforma del health care planteada por Obama, uno de los pilares fundamentales de sus políticas domésticas. Un paso hacia la cordura, aunque como toda medida está lejos de ser perfecta.

Actualmente en EEUU la atención pública de salud tiene como principal estandarte el Medicare, que fundamentalmente atiende a personas que no tienen trabajo y por tanto no pueden contratar su propio seguro privado: jubilados, discapacitados y pobres. Si bien, los hospitales están obligados por ley a atender a cualquier enfermo que acuda a urgencias. Aunque en la práctica esto es muy matizable.

Obama parece que está consiguiendo avanzar hacia la universalización de la cobertura sanitaria que en septiembre se enfrentará a la valoración de los reticentes congresistas que ya echaron por tierra anteriores intentos de líderes demócratas, como Hillary Clinton o Ted Kennedy, de aumentar el peso del Estado en la sanidad estadounidense.

Contra el American Way of Life

Los opositores a la reforma sanitaria argumentan que el plan de Obama ataca la raíz del American Way of Life, del “hombre hecho a sí mismo”, o dicho de otra forma, del “sálvese quien pueda”. Muchos se niegan a aceptar que el Estado tutele la sanidad porque aseguran que iría en contra de la libre competencia y terminaría por extinguir la inmensa oferta de seguros médico privados.

El grupo Conservatives for Patients’ Rights insiste en que cada estadounidense tiene que poder elegir el seguro que más se amolde a sus intereses y su presupuesto. Toda una defensa de la libertad de elección.

Otros se quejan de que una sanidad universal conllevaría el incremento de impuestos, algo que produce sarpullidos en EEUU más que en ningún otro lugar, a todos los ciudadanos, estén sanos o no. No es raro oír a gente que protesta porque no entiende que estando en plena forma y en la flor de la vida tenga que pagar los tratamientos de personas con problemas crónicos o que no se “cuidan”.

Los argumentos son inagotables, también se dice que al regular el Estado la sanidad caerían los salarios de los doctores por lo que se desincentivaría a los jóvenes a estudiar medicina, una forma muy mercantilista de entender esta profesión altamente vocacional.

En vista de los costes actuales de la sanidad en EEUU es probable que una reforma más “pública” lleve incluso a un ahorro, aunque esto es discutible y los detractores creen que el plan Obama será un pozo sin fondo de gasto sanitario achacable a la ineficaz gestión funcionarial y a que la gratuidad del servicio implicaría el aumento de las visitas médicas, a las que se sumarían los millones de inmigrantes que viven en EEUU de forma irregular que ya actualmente se las apañan como pueden cuando se ponen enfermos.


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1 comentario. »

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: El sistema sanitario estadounidense adolece de ineficiencia. EEUU es el país de la OCDE que más invierte en cuidados médicos, el que tiene una mayor proporción de seguros privados y, sin embargo, cuenta con menos plazas hospi…..

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