Eternos e incombustibles
El deporte adora la experiencia en competición, pero huye de la longevidad. Acepta la palabra veteranía pero le impone límites estrictos que a veces se convierten en injustas barreras difíciles de aceptar. En un mundo que venera el atrevimiento de los jóvenes, debería ser justo valorar la figura de aquellos talentos eternos que saben mantenerse en la oscuridad de la primera línea aún cuando han dejado de ganar.
Lance Armstrong desapareció del ciclismo hace tres años, pero su regreso tiene hoy mayor valor simbólico después de defender hasta el final la tercera plaza en París.
Podremos estar de acuerdo o no con el despotismo con el que ha manejado su relación con Alberto Contador, pero su rendimiento sobre la bicicleta es impecable para un ciclista de 37 años que sabe y sabía que no puede volver a ganar el Tour.
El americano, que se ha doblegado con cierto estilo en la segunda parte de la carrera, ha anunciado que repetirá en la próxima edición, ya con 38 años, en las filas del Radio Shack.
Hay muy pocos ciclistas que superan esa edad en el pelotón internacional. Si acaso nos rendiremos ante la figura de Iñigo Cuesta, que a sus 40 años acaba de completar su séptimo Tour de Francia. Su puesto 87 en la general, a más de dos horas de Contador, sabe a gloria para alguien que ahora ya disfruta cada segundo encima de la bicicleta.
La gloria a los 59
Cabría preguntarse si existe algún factor que explique un rendimiento tan duradero y a la vez tan eficaz. Si le consultásemos a un médico seguramente nos diría que nada más allá de una preparación a conciencia, un currículum sin lesiones graves y muchas ganas de seguir.
Una ilusión de hierro es lo que ha mantenido a Tom Watson a las puertas de ganar el Open británico, uno de los cuatro torneos de golf más importantes del mundo. A sus 59 años, Watson llegó a liderar el mismo el mismo torneo que ya ganó en 1977. Un mal golpe le abocó al desempate con Stewart Cink, un ‘pipiolo’ de 36 años que se llevó finalmente el Open.
Un punto más de longevidad
La oda a la experciencia en carrera la cierra Ralf Waldmann que, casi a la par que Armstrong y Watson escribían otra de sus páginas brillantes, anunciaba que regresa al Mundial de Motociclismo a los 43 años. Pilotará la Aprilia que deja por lesión su compañero Lenov.
Estaba retirado desde 2002 y cuenta con 14 victorias en la categoría de 250 cc, donde ahora lo veremos de nuevo. Su regreso a la competición es todavía más interesante porque se produce en una disciplina como el motociclismo, empeñada en formar talentos excesivamente precoces. Por eso es justo que el deporte, mucho más acostumbrado a valorar a los que llegan fuerte desde abajo, se acuerde también de lo que cuesta mantenerse por arriba.














Comment por Sin Hora... el 30 de Julio de 2009:
Jordan.
40 puntos con 40 años… no está mal…