Cuánto nos costará ir al fútbol
Los publicitarios suelen mirar a los escudos de los clubes de fútbol con cierto recelo. La devoción abrumadora que profesan sus aficionados refleja a la perfección la relación que todos ellos querrían construir entre su marca y los consumidores.
Envidian esa religiosidad que desata las lágrimas, ese maldito apego que les lleva a perdonar mil infidelidades. Es el éxtasis que permite cambiar estados de ánimo en segundos, aquel que barre todo lo malo de un plumazo.
Los clubes son marcas que nacieron para ser amadas más allá de cualquier amenaza real. La recesión que afecta a millones de economías domésticas en nuestro país parece ser una prueba para medir hasta dónde alcanzan los límites de esa fidelidad. Quizá por eso, en los despachos de la Primera División se han apresurado a lanzar planes anti-crisis en forma de rebajas o congelaciones en el precio de los abonos.
El más osado ha sido el Villarreal CF, que asumirá el coste del pase para todos los socios que se hayan quedado en el paro. El presidente Fernando Roig la definió como una iniciativa para “ayudar a todos aquellos que han ayudado al club”, y de momento ya se han sumado a ella más de 1.000 abonados.
Otros, como el Almería o el Mallorca, han optado por rebajar el precio de los pases. En el club bermellón el recorte será del 5%, excepto para las localidades de tribuna, mientras que en el Almería los descuentos alcanzarán hasta el 35%.
La mayoría se ha decantado por mantener el precio de los abonos en los niveles de la temporada pasada. Así lo harán en Valladolid, el Racing, el Atlético de Madrid o el Valencia, aunque en este último caso la medida sólo se aplicará para los socios en paro.
Los grandes no son los más caros
Si bajamos a la tierra de las cifras, lo primero que llama la atención es que los equipos con mayor tirón mediático no son los más caros de ver en su estadio. Para un aficionado adulto sin ningún tipo de descuento especial, el abono más barato rondaría los 226 euros en el Santiago Bernabéu, mientras que en el Camp Nou ascendería ligeramente hasta los 242 euros.
Por el mismo concepto, es decir un asiento ubicado en la parte alta de los fondos detrás de las porterías, un aficionado del Sevilla paga 435 euros, por los 325 que desembolsa uno del Villarreal o los 270 que fija el Atlético de Madrid.
Más abajo, el sufrimiento que acompaña a los equipos diseñados para pelear por la permanencia no garantiza una rebaja en el precio. El abono más barato para ver al Getafe vale 280 euros, mientras que el Almería, uno de los que anuncia descuentos importantes, sitúa el precio en los 25o.
Clásicas del verano
Para los indecisos, y para aquellos que se acercan con la cautela propia de la bisoñez, existen las campañas publicitarias de captación de socios, más efectistas que efectivas. A la espera de que el Atlético recupere el nivel exhibido antaño, este verano llama la atención la del Racing de Santander, que apela al sentimiento con la presencia del golfista Severiano Ballesteros.
En Valladolid, en cambio, han optado por la risa fácil y la ironía construida a base del sufrimiento de los pequeños. Quizá no haga falta tocar más sensibiliades. Este año, caigan como caigan, volveremos a ir al fútbol.













