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Javier L. Sicchar nació en Lima (Perú) el 29 de agosto de 1976. Estudió Bibliotecología y Ciencias de la Información en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, por cosas que hasta ahora no logra entender. Finalizada la carrera, estudió una maestría en Literatura Peruana y Latinoamericana y terminó una segunda especialidad en Periodismo. Actualmente, colabora para el semanario Iquitos al día y trabaja como responsable del centro de recursos educativos de un colegio en la capital de Perú.

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‘Sale el espectro’, de Philip Roth

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La degradación del cuerpo. Cuando de repente entramos en la incoherencia de nuestras necesidades y posibilidades físicas. La memoria, el amor, el deseo sexual. El deseo de ser joven otra vez.

Nuevamente volvemos a encontrar a Nathan Zuckerman, el personaje – escritor, suerte de alter ego de Philip Roth, que ya ha transitado en muchas de su novelas. Esta vez en ‘Sale el espectro‘, quizás a manera de despedida, Zuckerman es un hombre viejo y cansado que ha regresado a Nueva York para consultar a un médico urólogo, especialista en la incontinencia de los hombres, mal que padece el escritor tras una operación de la próstata. Él cree que la solución pasa por una inyección de colágeno en busca de lo que él, en el fondo, desearía que fuese una especie de “restitución del cuerpo”, a entender de José María Guelbenzu, en un artículo publicado en el diario El País.

El encuentro con la ciudad

Es imponente, como si fuera un flash back. Recorrer las calles de Nueva York trae consigo una especie de memoria perdida, así como impulsos olvidados  más allá de sentirse un desterrado, tras un casi obligado auto exilio. Allí Zuckerman conoce a una joven pareja con la que intercambiará domicilios por un año; así aparece la figura de Jamie como portadora de los deseos recónditos y renovados de un hombre que se siente perdido ante la inminencia de su impotencia.

El narrador es un extraño en una ciudad que antes fue suya. La política y el sin número de efectos causados después del 11 de septiembre, lo convierten en una especie de alienígena despistado, herido angustiosamente por una ciudad que también lo alimenta. Para el crítico Guelbenzu, Roth desarrolla la novela en dos planos: el de la realidad, su estancia en Nueva York, el choque con un vacío urbano de once años en su vivencia, y el de la ensoñación, cuando reproduce escenas que son una manifestación del deseo real y que sólo transcurren en su imaginación.

Por otro lado está la relación que llega a tener con el biógrafo de E.I Lonoff, escritor por el que Zuckerman siente profunda admiración, Kliman es amigo de la pareja con la que piensa intercambiar domicilio. Desde el inicio se presenta a este personaje como alguien que fastidia a Nathan Zuckerman, no sólo por que le recuerda a él mismo cuando joven, sino porque físicamente representa todo lo que él escritor no es. Así lo describe cuando lo conoce personalmente por primera vez:

“Un joven imponente, corpulento y ágil, con abundante cabello moreno y unos ojos gris claro en el reino animal humano. Un hermoso zaguero hecho para arremeter y placar”.

Más adelante se refiere hacia lo que va sintiendo de la siguiente manera: Todo era invocado de nuevo:

“¡El hombre viril invocado de nuevo a la vida! Sólo que ya no hay virilidad. No hay más que la brevedad de las expectativas”.

Las mujeres

Jamie es el oscuro objeto del deseo de Zuckerman. Parafraseando a la famosa película de Buñuel, ‘El oscuro objeto del deseo‘, lo que más se desea es lo que no se puede tener, algo que está implícito cuando el viejo Zuckerman va tomando nota de su decadencia corporal.

Al otro extremo nos encontramos con Amy Bellete, la musa de Lonoff, a la que Nathan conoció de joven, y que después de años la vuelve a ver: ajada, como si el tiempo, que es el mismo tiempo que se ha impregnado dentro suyo, hubiera arrasado con su antigua belleza y que ahora sólo quedara el remedo de lo que fue, padeciendo incluso un cáncer incurable.

La imagen deteriorada de Bellete, su cráneo afeitado, es la contraparte de Jamie, pero también representa el espejo por el que Zuckerman va enfrentándose de a pocos a la senilidad. La amante de Lonoff fue en muchos sentidos la deificación onanista de Zuckerman. Quizás por eso, o porque compartió los últimos años de su admirado padre literario, que trata de salvarla de las garras de Kliman, que pretende destapar el famoso secreto que tiene Lonoff, aunque sin querer, por más odioso que resulte, termine averiguándolo por su cuenta con reconocido afán literario.

Philip Roth examina en la mayoría de sus obras la naturaleza del deseo sexual y es a través de éste como logra a tejer la interrelación de sus personajes (con los demás en este caso: Zuckerman – Jamie / Zuckerman – Amy Bellete). Sólo basta observar cómo a través de ellas el escritor logra conectarse con lo más profundo de su ser y su entorno.

Esta obra presenta otra oportunidad para leer a Roth, que como siempre no tiene reparos por indagar sobre la escencia del ser humano en cualquiera de sus manifestaciones. Con un lenguaje directo y de mucha introspección, ‘Sale espectro‘ es una novela que no defrauda.

Ficha técnica


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1 comentario. »

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