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Marta Martínez Liébana nació en Linares en el 82 y estudió Filología Hispánica en Granada. Le encanta la ciencia desde que descubrió que le ayuda a comprender el mundo, al igual que el Periodismo. Por eso actualmente lo está estudiando en la Universidad Carlos III de Madrid.

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Venenos y envenenados (I)

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Uno de los alquimistas más importantes de todos los tiempos, Paracelso, decía que cualquier cosa podía ser veneno dependiendo de la dosis que se suministrara. En parte, el químico tenía razón, ya que cualquier sustancia (sólida, líquida o gaseosa) que dañe el organismo de un ser vivo puede ser veneno. La teoría de Paracelso viene avalada por un simple ejemplo: el agua, esencial para todas las formas de vida, puede matar a una persona si se consume en exceso.

Sin embargo, hay sustancias que en dosis mínimas son altamente tóxicas y capaces de acabar rápidamente con un organismo vivo: éstos son los venenos propiamente dichos. Atendiendo a las leyes de la naturaleza, se pueden clasificar en animales, vegetales y minerales o químicos. Estos últimos son inorgánicos y han desencadenado algunas de las intrigas y curiosidades más escalofriantes de la historia de la humanidad.

Por ejemplo, en la Edad Media el antimonio se empleaba como remedio contra el estreñimiento. Según el químico londinense Emsley Johns, tragarse pequeñas bolas de antimonio hacía que se irritaran los intestinos suficientemente como para provocar la expulsión de todo lo que había en ellos. Más tarde se recuperaban de los excrementos, se lavaban y volvían a utilizarse. Según cuenta Emsley, las bolas se pasaban de una generación a otra…

Más exquisitos eran los Borgia, cuya ponzoña predilecta consistía en una mezcla de vitriolo (sulfato de cobre) con pequeñas cantidades de arsénico, lo que provocaba una intoxicación muchas veces irreparable en la víctima. El arsénico es una sustancia sin apenas sabor que actúa directamente dañando el aparato digestivo. Hoy en día se cree que Napoleón murió envenenado con esta misma toxina porque, al parecer, tras su muerte se encontraron restos de arsénico en su pelo.

Venenos de guerra

Otro ejemplo es la mostaza azufrada, agente químico más conocido como gas mostaza, que se usó por primera vez como arma de guerra durante la Primera Guerra Mundial. Aunque sólo en muy altas dosis era letal, se utilizaba para incapacitar al enemigo y contaminar los campos de batalla. El gas fue introducido por los alemanes y se lo llamó “mostaza” porque picaba en la nariz como la mostaza de Dijon. Durante un tiempo se empleó como remedio para la psoriasis, aunque hoy en día carece de uso médico.

Muchas más muertes causó en la Segunda Guerra Mundial el ácido cianhídrico o cianuro de hidrógeno. Se trata de un compuesto químico incoloro, muy venenoso y con un ligero olor a almendras que no todo el mundo logra detectar debido a un rasgo genético. Este gas fue el empleado en Auschwitz bajo el nombre Zyklon-B para asesinar a unos cuatro millones de personas en sus tristemente famosas duchas de gas.

La sal del ácido cianhídrico es el cianuro, que impide que el oxígeno que portan los glóbulos rojos llegue a las demás células del organismo, imposibilitando así la respiración celular. Uno de los intentos de asesinato más célebres por cianuro fue el dirigido contra Rasputín, que tras comer pastel de almendras emponzoñado no se intoxicó. Probablemente, el monje tenía alguna carencia de ácido en el estómago, lo que motivó que el cianuro no pasara a ácido cianhídrico y, por tanto, no muriese.

Más actuales…

En la bahía de Minimata (Japón) en los años ’50 saltaron todas las alarmas cuando los vertidos de metilmercurio procedentes de una fábrica provocaron una enfermedad que primero atacó a los peces y más tarde a los seres humanos, en especial a los recién nacidos y a las familias de los pescadores residentes en las costas. El metilmercurio es un compuesto químico que se concentra en el organismo y en las cadenas alimentarias, transmitiéndose por ejemplo, de la placenta al feto.

No menos sorprendente fue el envenenamiento de Víctor Yúshchenko, actual presidente ucraniano, debido a una intoxicación por dioxina, un compuesto químico que se obtiene mediante procesos de combustión relacionados con cloro. Aunque sin duda, uno de los casos que más ha conmocionado a la opinión pública fue el del el ex espía ruso Alexander Litvinenko quien, tras investigar el asesinato de la periodista Anna Politkóvskaya, fue intoxicado con polonio radiactivo, un elemento altamente tóxico y de peligroso manejo.

Aunque abundan los elementos químicos inorgánicos que pueden provocar en pequeñas cantidades una muerte, existen otras sustancias que la naturaleza es capaz de producir y que, dependiendo del caso, pueden ser igualmente o incluso más letales que las citadas: los venenos vegetales y los animales, pero esos merecen una nota aparte.

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