Dos visiones enfrentadas sobre Honduras
Esta semana, en Tinta Digital, hemos hablado con Juan Reyes y David Morán, dos blogueros hondureños que están viviendo de forma muy distinta –y con perspectivas muy dispares- todos los acontecimientos que se están dando por allí. Dos ciudadanos, dos versiones. En definitiva, dos visiones encontradas sobre un mismo conflicto.

¿Estamos hablando de un Golpe de Estado?
Juan Reyes: Indiscutiblemente. Es más, te diría que tiene la particularidad de que es un Golpe de Estado militar y político a la vez. El Congreso Nacional tuvo intenciones de dar el Golpe político, pero fue abortado, siendo ellos juez y parte, y parte interesada, ya que Micheletti sabía que si quitaba al presidente Zelaya él asumiría el control del país. El domingo, los militares entraron a la casa del presidente, ametrallaron el lugar, rompieron puertas, maltrataron a la hija de Zelaya y él, en ropa de dormir todavía, fue capturado. Le quitaron el teléfono móvil, no existió notificación de orden de captura (prueba de que esta no existía), se lo llevaron a la Base Aérea y lo exiliaron a Costa Rica, y la Constitución de la República prohibe que un hondureño sea exiliado a un país extranjero, situación que jamás podrán explicar los Golpistas. Claramente hubo rompimiento del orden constitucional del país. Sacaron una renuncia evidentemente falsificada del presidente, y usaron la situación de que iban a hacer una encuesta de opinión no vinculante sobre si el pueblo quería que se preguntara si se está de acuerdo con que se convoque una nueva Asamblea Nacional Constituyente para que redacte una nueva Constitución, pero dicha encuesta ni se efectuó.
Actualmente vivimos en un totalitarismo, la policía y militares agreden a simpatizantes de Zelaya, hay “toque de queda” que realmente es un “estado de sitio encubierto”, suspensiones de garantías constitucionales, secuestrados, prófugos, canales de TV cerrados, al igual que radioemisoras, censura de medios de comunicación para que sólo muestren informaciones favorables al régimen, las marchas de organizaciones golpistas es algo típico en los Golpes.
David Morán: Sí, pero por parte del expresidente Zelaya, al desobedecer las ordenes judiciales que declararon ilegal el referéndum que él llamaba encuesta. Zelaya se superpuso a la ley hondureña, a los Poderes Estatales y por la fuerza pretendió celebrar dicho evento. Tan sólo con promocionar un ’sí’ desde el Poder Ejecutivo a favor de una constituyente, esto se puede considerar un golpe de estado. Por tanto, cometieron el delito de traición de la patria, porque una asamblea constituyente implica la disolución de los mismos poderes estatales. Las Fuerzas Armadas de Honduras, por mandato del Poder Judicial, tenían la responsabilidad de remover a Zelaya que, por sus acciones trasgresoras, dejó de ser el legitimo representante del pueblo al actuar por encima de la ley. Pero los militares también cometieron un error sacando a Zelaya del país. Debieron arrestarlo para dar inicio a un proceso judicial. Creo que pensaron que era lo mejor para evitar disturbios. Sin embargo, esto no exime al ex mandatario de los evidentes delitos que cometió.
¿El fin justifica los medios?
J.R.: Definitivamente no, esto es un retroceso de 30 años en la vida democrática del país. Con lo mucho que nos había costado lograr ligar décadas de democracia sin Golpes de Estado, y todo eso se fue al traste el domingo anterior. Lo más irónico es lo absurdo de hacer un Golpe de Estado sólo por una encuesta de opinión no vinculante. El gran delito para ellos es preguntarle al pueblo sobre cómo quiere vivir, algo inaudito.
D.M.: No es que a mí me agrade esta frase, pero lamentablemente es un clásico en el accionar político, ya sea de derechas o izquierdas, incluso antes de que se formaran las mismas. No creo que exista país en el mundo que, en un momento crítico y de debilidad, haya torcido sus medios para sustentar los objetivos. Es un acto de doble moral por parte de otros gobiernos condenar a Honduras por esto. Además, la separación de Zelaya es legal, aunque los métodos son cuestionables e involucren responsabilidad. Eso hay que admitirlo con pena, no con jactancia.
Una pregunta simple: ¿Zelaya sí o Zelaya no?
J.R.: Un Gobierno democráticamente electo siempre será mejor que uno impuesto. Creemos que Zelaya estaba haciendo un buen trabajo, lógicamente no se pueden resolver todos los problemas del país en cuatro años, ni hay gobiernos perfectos, pero él goza de popularidad y su gobierno es de proyección social, situación que lo convirtió a ojos de los sectores pudientes económicamente como enemigo de ellos. La idea de una nueva Constitución que incluía una democracia participativa y que fuera más igualitaria nos parecía bastante válida, pero esta idea contrariaba a los grupos de poder económico del país, ya que si bien beneficiaba a las mayorías, les perjudicaba a ellos.
D.M.: Zelaya sí es el verdadero golpista. Eso pienso.
¿Cómo veis la posible intervención de Venezuela en este conflicto?
J.R.: Chávez ya reconoció que no sería intervención militar, si no que serían presiones diplomáticas. Creemos que Honduras, en estos momentos, cuantos más amigos tenga, mejor será para que nos ayuden a derrocar este régimen que mediante el uso de la fuerza se instaló, violando el artículo 3 de la Constitución, sin mencionar los artículos que viola por los abusos que están cometiendo.
D.M.: Ha sido nociva para Honduras, no me queda duda. Porque creó un innecesario ambiente de conflicto que ahora explota dividiendo a la población. Desde Venezuela se ha venido maquinado este golpe disfrazado de ejercicio democrático. Los países aliados a Chávez requieren cambios radicales en la forma de gobierno para consolidar el bloque, de lo contrario esto sólo duraría un período presidencial, la constituyente forma parte del maquiavélico juego. Ahora bien, Chávez no contaba con la incompetencia de la clase política de Honduras, representada en Zelaya, tanto para hacer el bien como para hacer el mal. Por tal motivo fracasó la intentona de reforma.
Dentro de Honduras, ¿quién está a favor de Zelaya? ¿Y de Micheletti?
J.R.: A favor de Zelaya están los sectores más pobres del país, bastante fuerza tiene en la zona rural, además de los simpatizantes de su partido. Yo definiría que los hondureños bien nacidos y que quieren democracia real en este país, y no más Golpes, están de acuerdo con que regrese. Micheletti tiene a su favor los grupos de poder económico y la extrema derecha del país, ya que esos sectores son parte del Golpe.
D.M.: Es el típico conflicto creado por la clase política. Lo sectores que representan la izquierda extrema favorecen a Zelaya, mientras que con Micheletti van el sector empresarial, iglesias y se le han adherido la ciudadanía común que ve en Chávez una terrible amenaza. Esta última porción, tengo la certeza, es mayoritaria y por mucho, de lo contrario estaríamos hoy bajo la égida de una asamblea constituyente compuesta por los simpatizantes de Zelaya que buscaban perpetuarse en el poder. En lo personal, Micheletti nunca me ha simpatizado, pero lo prefiero aguantar por varios meses que ver de vuelta a Zelaya.
¿Volverá a ser presidente Zelaya?
J.R.: Tengo la confianza de que recuperará lo que se le dió en las urnas en noviembre del 2005, el Presidente legítimo debe regresar, sería un antecendente funesto para el país y para el continente si Micheletti se queda, porque sería el detonante del regreso de los Golpes de Estado, algo que no se puede permitir. América Latina ha sufrido muchísimo por esos régimenes y los golpistas de Honduras no se dan cuenta de que por sus ambiciones de poder, están poniendo en peligro la seguridad de otras naciones.
D.M.: No lo creo, sería desafortunado. No podría gobernar, la mayoría se le opondría de principio a fin: los ciudadanos, el resto de poderes estatales, los militares… todo jugará en contra. Así es imposible gobernar.
¿En qué situación va a dejar este panorama a Honduras de cara al exterior?
J.R.: Creemos que de por sí estamos en una situación incómoda porque ante el mundo estamos demostrando un retroceso en lo que se refiere a la democracia, con un presidente de facto que ni siquiera fue capaz de ganar las elecciones internas de su partido. Creemos que si se logra derrocar este régimen la democracia se fortalecerá y se lanzaría una advertencia a las fuerzas armadas y políticos golpistas de que los tiempos han cambiado y que los golpes de estado en el siglo XXI no pueden prosperar, pero sería lo contrario si se queda Micheletti, alguien que, viendo sus acciones, da serias dudas de que permita elecciones, por cierto.
D.M.: Tiene dos costos. Ser sancionada por la comunidad internacional, donde podría perder importantes fondos económicos que no afectarán a la clase política, sino al pueblo llano, o sentará un precedente en Latinoamérica, siendo un país donde los poderes estatales (Legislativo, Judicial) junto con la milicia, sin temor a la opinión externa, se acoplan al pueblo para derrocar a un presidente que abusa de su autoridad, obteniendo así una victoria a favor del Estado de Derecho.














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