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Sergio Valldecabres, nacido en Valencia en 1981, es licenciado en Periodismo por la Universidad Cardenal Herrera - CEU de Valencia. Desde sus inicios lleva trabajando en deportes: empezó siguiendo para la Agencia EFE a Ros Casares, Valencia Vijusa Valencia B y Vamasa Valencia. Después, pasó a formar parte de la redacción de deportes del diario Las Provincias, del Grupo Vocento. Actualmente lleva la comunicación de las Federaciones Deportivas de Voleibol, Tenis de Mesa, Deportes Adaptado, Triatlón, Taekwondo, Rugby y Actividades Subacuáticas, además de colaborar en los portales Servifutbol y Mercafutbol.

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A jubilarse a casa

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Ronaldo ficha por el Real Madrid. Uno de los mejores delanteros del mundo cae en las redes de Florentino Pérez para que el club blanco recupere la hegemonía en el fútbol nacional y continental.

Este podría ser el inicio de una noticia de hace un par de semanas. Pero no lo es. Se remonta a publicaciones de agosto de 2002. Cristiano Ronaldo no será el eje central de este artículo. Será otro Ronaldo. El futbolista brasileño Ronaldo Nazario de Lima, que fue reclutado por el actual presidente madridista en su anterior etapa en la planta noble del Bernabeu.

Las historias de Cristiano y Ronaldo guardan ciertas similitudes. Díscolos, con problemas con sus entrenadores antes de emprender su camino hacia el Bernabeu, pero con una calidad en sus botas infinita.

El extraordinario delantero brasileño llegó al Real Madrid procedente del Inter de Milán en 2002, después del Mundial de Corea y Japón. Las malas relaciones con Héctor Cúper obligaron al ariete a abandonar su club y buscar acomodo en otro grande. En el Real Madrid volvió a ser un referente.

Pero la vida de los grandes termina y todos regresan a sus casas. El ocaso de sus carreras lo viven en sus lugares de nacimiento junto a los suyos y recordando pretéritas tardes de gloria.

Ronaldo cumple esta premisa. Ahora juega en el Corinthians después de recuperarse de su enésima grave lesión y, a pesar de sus 32 años, es la referencia de su nuevo club brasileño.

Otro que ha vuelto sobre sus pasos es Adriano. Problemas con el alcohol y una vida desordenada condenaron a este gran futbolista, repleto de fuerza y con un cañón en la zurda, a huir del Inter de Milan. Mourinho, actual entrenador del campeón de la Serie A, intentó reconducir la situación, llegó a decir que le trató como a su hijo. Pero le salió mal.

El ex delantero de la selección carioca dejó el fútbol en abril de este año. No soportaba más su vida en Italia y se fue a su Brasil natal. Tras un mes alejado del césped, Adriano firmó por el Flamengo, club en el que se formó, y ha vuelto para destellar en sus últimos días de fútbol.

Pero la lista de jugadores sudamericanos que regresan a casa en sus últimas temporadas es interminable. El Kily González, ese gran volante que impresionó en el Zaragoza y en el Valencia, es ahora el capitán del Rosario Central argentino; la Brujita Verón da sus últimas clases magistrales en Estudiantes de La Plata; el Burrito Ortega entrena cuando le apetece con el River Plate después de que su alcoholismo le sumiera en una gran crisis.

El fútbol, aunque suene tópico, apenas tiene memoria. Pocos se acuerdan del dúo Ronaldo-Adriano en la línea de vanguardia de la selección brasileña, ni de las gambetas de Ortega. Ahora, los medios se hacen eco de sus desquiciadas vidas.


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