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Carlos Mallagaray nació en Chile y es fotoperiodista de profesión. Lleva más de veinte años en la profesión, publicando en diversos medios españoles. Ha sido colaborador de 'El Mundo' del País Vasco por más de dos años, y corresponsal gráfico de la revista 'El Siglo' desde su fundación. Actualmente trabaja en un proyecto de larga duración en Chiloé, Chile. Blog

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¡Feliz año nuevo!

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La noche del 23 de junio era húmeda, fría, con neblina densa que no dejaba mucho campo de visión. Al entrar al galpón parecía que la luz cegaba, aunque ésta era tenue, por el contraste de caminar en el monte por la noche. Las ancianas estaban alrededor de un fogón a leña y los demás conversaban mientras los niños corrían entre los adultos y reían a carcajadas. Todos esperaban el wechipantu, el año nuevo williche.

Llegó el Longko Mayor, vestido con una manta color tierra, con el bastón de mando en la mano y el chiñeto (cintillo) sujetando el pelo con la estrella williche en el centro. Saludó a todos y se sentó a esperar la llegada del wechipantu. En seguida le ofrecieron mate y sopaipillas para aliviar el cansancio del camino.

En la mesa del Longko Mayor se sentaron otras autoridades williche para conversar, para preguntar por la salud de la familia y de otros hermanos. Todos esperaban la aparición durante la noche de ese grupo de estrellas que había permanecía oculto durante unos meses, y que al verse nuevamente en el cielo, indican el renuevo de la tierra, el inicio de un nuevo ciclo de la naturaleza.

En el transcurso de la espera llegaron muchos hermanos. Del campo y de la ciudad. El wechipantu es también un reencuentro con las raíces para aquellos williche que han sido desplazados a las ciudades.

Llegada la hora todos salieron del galpón, la niebla se había ido, dejando limpio el cielo, como retirándose para que las estrellas alumbren la rogativa que los williche realizan alrededor de brasas ardientes y junto a su árbol sagrado.

No olvidan que hay que agradecer a la Mapu Ñuke (a la madre tierra) lo que nos da, y también rogar para que el renuevo de la vida traiga más alimentos, salud y fuerza para luchar un año más con newen (fuerza) contra la injusticia.

El rito

Todos se reunieron alrededor de las brasas, serios, dispuestos a agradecer lo recibido. La maestra de paz fue la primera en agradecer a la Mapu Ñuke y a Chao Ngenechen (fuerza de la naturaleza), primero por poder celebrar este rito sin ser perseguidos como lo fueron sus abuelos para después rogar que no se acerquen los malos espíritus a su comunidad.

La maestra de paz alzaba sus manos por entre la manta y rogaba:

Gracias a los antepasados por el buen newen que nos han dejado, por luchar para que los peñis (hermanos) y lamgien (hermanas) puedan celebrar sin esconderse, luchar con espíritu, con fe, con mucho esfuerzo…por aquellos que partieron a la vida eterna…El Chao ngenechen nos ha dejado esta lucha… ¿por qué las leyes no nos dejan vivir en nuestros territorios?… la defensa de nuestro territorio es nuestra lucha… gracias a la Mapu ñuke porque en ella está todo lo que necesitamos…Chao Ngenechen nos ha ayudado a que la Mapu Nuke nos de los remedios… nos da todo… ¿por qué no vivimos en nuestra Mapu Ñuke?… que Chao Ngenechen de fuerza a los jóvenes para que sigan luchando …

Para finalizar ofrendó a la tierra y se retiró junto al grupo.

Muchos más se acercaron a las brasas y agradecieron por lo recibido y rogaron para que el nuevo año la Mapu Ñuke se renueve y dé los frutos para la vida de todos los hermanos. Cada hermano o hermana recordó que todo lo da la madre tierra y que como madre hay que cuidarla.

Terminadas las rogativas todos se abrazaron y se desearon feliz wechipantu, feliz año nuevo, feliz renuevo de la tierra.


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