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Javier L. Sicchar nació en Lima (Perú) el 29 de agosto de 1976. Estudió Bibliotecología y Ciencias de la Información en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, por cosas que hasta ahora no logra entender. Finalizada la carrera, estudió una maestría en Literatura Peruana y Latinoamericana y terminó una segunda especialidad en Periodismo. Actualmente, colabora para el semanario Iquitos al día y trabaja como responsable del centro de recursos educativos de un colegio en la capital de Perú.

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Anaïs Nin: la pasión por vivir

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La obra literaria de la francesa Anaïs Nin (más adelante nacionalizada estadounidense) se caracteriza, principalmente, por provocar la inquietud del lector y aportar una particular visión de la sociedad que rompe con las ideas tradicionales de lo moralmente correcto. Así, Nin buscó a través de sus vivencias y su obra destacar en un mundo cultural y literario liderado esencialmente por hombres.

Publicó algunos textos de corte erótico que se pueden leer en sus libros Pajaritos’ y ‘Delta de Venus’, pero fueron sin duda sus Diarios los que le permitieron alcanzar notoriedad como escritora y como una mujer que se rebeló a su tiempo.

Abandonada por su padre (suceso que marcaría su personalidad y sus posteriores relaciones con los hombres), se mudó junto a su familia a Nueva York, donde conoció a Hugh Giler: un acaudalado banquero con el finalmente se casaría.

Los diarios

La editorial Siruela ha publicado en dos tomos parte de sus diarios con los títulos de Incesto’ y ‘Fuego’. En ellos se detalla cada momento de su vida y su pasión por la literatura y la vida, y se conoce también el contexto en el que vivió durante esos años: los ambientes de París y Nueva York; sus amistades y amantes, entre los que destacan el psicoanalista Otto Rank, el poeta Antonin Aratud y el escritor Henry Miller; y la que quizá fue la relación más intensoa de todas: el vínculo con su padre, Joaquín Nin.

Otra publicación, anterior a los años que se detallan en los libros ‘Incesto’ y ‘Fuego’, y que forma parte de sus diarios, es la que se conoce como  Henry Miller, su mujer y yo’, en la que la escritora relata el inicio del triangulo amoroso que sostiene con el autor deTrópico de Cáncer’ y con su esposa, June. Anaïs siente que en Henry ha encontrado al amante–escritor que tanto buscaba, y la locura y la pasión parecían encontrarse y desbocarse durante el tiempo de convivencia que mantuvo con Miller y con su mujer. Para describir en sus diarios los sentimientos que tenía hacia la pareja, la escritora enfoca lo más valioso de ambos de la siguiente manera: “Henry me da el mundo; June me da la locura”.

No es exagerado afirmar que es mediante estos encuentros como Anaïs consigue establecer un punto de inflexión en su vida, redirigiendo su tendencia hacia temas como: la libertad, el psicoanálisis, su condición de mujer y el amor.

El incesto

Siempre afirmó que tenía una cierta obsesión hacia su padre, sobre todo desde que él la abandonara a ella y a su familia. Nin llegó incluso a afirmar que era posible que desde pequeña hubiese estado enamorada de él, en especial al saber que se había alejado de su madre para irse a vivir con una mujer más joven. Años más tarde, esa fijación con su padre terminaría convirtiéndose en un reencuentro puro y crudo de sentimientos encontrados, amorosos e incestuosos. “Me torturaba la complejidad de mis sentimientos”, describe en sus diarios. “Quería su boca, pero sentía miedo, como si fuera a besar a un hermano. Tentada, al mismo tiempo asustada y deseosa. Tensa. Sonrió y abrió su boca. Nos besamos, y aquel beso desató una oleada de deseo. Yo estaba inclinada sobre su cuerpo y sentí su deseo en mi pecho, duro y palpitante. Otro beso. Más terror que gozo. El gozo de algo innombrable y oscuro. Era bello, como un dios, y femenino, seductor y cincelado, duro y suave. Pasión intensa”.

No cabe duda que Anaïs Nin exploró su sexualidad al máximo, que la totalidad tenía para ella un significado concreto: “Necesito el éxtasis. Soy una neurótica, en el sentido de que vivo en mi mundo. No me adaptaré a el mundo. Me adapto a mí misma”, manifiesta en alguna de las páginas de su diario.

Sobre el feminismo y el conocimiento personal

Por todo ello se reconoce a Anaïs Nin como una de las precursoras del feminismo, ya que a través de sus deseos de toda índole logró transgredir prejuicios sociales que constriñeron a la mujer durante una época en la que el discurso cultural y artístico era esencialmente fálico.

Nunca se echó atrás ante la adversidad, y procuró siempre involucrarse en proyectos donde el crecimiento cultural la empujase a un conocimiento de sí misma. Esto repercutió de manera generosa y auténtica en casi toda su obra, especialmente en su diario, que tuvo que publicar ella misma ante los obstaculos impuestos por una sociedad que calificaba a sus textos de impúdicos.

Fue mecenas de muchos artistas (en especial de Henry Miller), estudiosa del psicoanálisis y, sobre todo, una valiente, como destaca el portal mujeres hoy. “Anaïs Nin sin duda cautivó al mundo con su prosa sensible y delicada, y constituye un ícono de sinceridad expresada por una mujer libre en una época teñida de hipocresía”. Algo de lo que no cabe ya ninguna duda.

Obras publicadas:

‘Invierno de artificio’

‘Bajo la campana de cristal’

‘La casa del incesto’

‘Delta de Venus’

‘Pajaritos’

Diarios: ‘Henry Miller, su mujer y yo’, ‘Incesto’ y ‘Fuego’

‘Una pasión literaria. Correspondencia de Anaïs Nin y Henry Miller (1932 – 1953)’

El libro ‘Henry Miller, su mujer y yo’ fue llevado al cine en 1990 con el título de ‘Henry y June’ por el director Philip Kaufman, que ya se había atrevido con la novela de Kundera: ‘La insoportable levedad del ser’.


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