Comunicación política: del populismo a la democracia
“Populismo” es, probablemente, uno de los términos más peyorativos que nos podemos encontrar en comunicación política. La historia ha sido la encargada de dotarlo de este sentido negativo, aunque el sentido original de la palabra está vinculado al poder del pueblo como la forma legítima de gobierno, en oposición a las élites intelectuales y económicas.
Es un término controvertido, que aparece como una corriente enfrentada a la democracia, pero en muchos casos ha sido la consecuencia directa de la ampliación del derecho de voto a toda la sociedad y en otros casos ha sido la democracia la que ha permitido “blindar” en el poder a líderes populistas que se convirtieron en dictadores o se aferraron al poder. También para algunos sectores conservadores, populismo y democracia son considerados sinónimos.
Es, por tanto, un concepto que no caracteriza una ideología o una forma de gobierno determinada, sino que ha sido una estrategia en la que se apoyaron gobiernos de derechas, gobiernos de izquierdas, gobiernos nacionalistas (corrientes indigenistas actuales), gobiernos elitistas camuflados de populares, gobiernos populares reconvertidos en élites, gobiernos democráticos, gobiernos tecnócratas y, especialmente, gobiernos militares (como las dictaduras argentinas que derrocaban los gobiernos democráticos).
Una mirada al pasado
En cierto modo, el populismo ha sido históricamente la corriente política que marcó el paso de la sociedad tradicional a la sociedad moderna, especialmente en contextos marcados por los conflictos de clase. A veces surge como un movimiento social organizado y otras aparece de forma espontánea.
A lo largo de la historia democrática, han sido constantes los ejemplos de candidatos, presidentes o gobiernos populistas. Pero en 1946, Getúlio Vargas llega al poder en Brasil y Juan Domingo Perón en Argentina, elevando el populismo al máximo exponente. Figura clave en la época, Evita Perón, se convirtió en la esencia y la imagen elegante del populismo, consiguiendo fieles adeptos incluso entre la élite intelectual europea.
El neo-populismo de la democracia
Parece inevitable mirar a Latinoamérica al hablar de populismo, ya que es el continente con una mayor concentración de líderes populistas y carismáticos, conocidos mundialmente.
Se trata de una corriente que recuperó el poder con Hugo Chávez en Venezuela, Lula en Brasil, Lucio Gutierrez en Ecuador…. todos líderes populistas a la manera antigua: de origen humilde a dirigentes de un país. Pero también entran en el saco líderes como Evo Morales en Bolivia, los Kirchner en Argentina y el populismo on line del Subcomandante Marcos.
Como todas las corrientes políticas, el populismo también evoluciona con los tiempos y se adapta a las diferentes sociedades. En los últimos años, posiblemente impulsados por la incertidumbre económica y por los problemas en materia de inmigración, nuevos aires populistas aparecen tanto en Europa como en los Estados Unidos y demás países del hemisferio norte. Desde Hillary Clinton al defender su candidatura en las elecciones primarias de su partido, hasta el nuevo y esperanzador presidente Obama, pasando por Berlusconi o Le Pen en Francia.
Comunicación “populista”
Populismo y demagogia confluyen en muchos puntos del imaginario colectivo, siendo poco más que imposible, en los discursos de los políticos que abrazan esta corriente, diferenciar dónde acaba el primero y dónde empieza el segundo.
El populismo también encierra una vinculación con la lucha de clases, la confrontación social entre las masas y la clase dominante. Algo que marca profundamente su discurso político y sus mensajes.
El culto a da personalidad suele ser uno de los aspectos que más comunica y con mayor efectividad. La figura del líder ejerce influencia y magnetismo sobre las masas, preocupándose de ser verdaderamente cautivadores con su auditorio. A menudo suele dotarse a éste de un halo místico, justiciero y heroico, todo ello acompañado de una gran maestría para la agitación de masas.
La importancia de la imagen
Sus discursos y sus puestas en escena apelan directamente a las emociones del público, a su instinto de supervivencia, a la defensa de los peces pequeños frente a los peces gordos. Para eso juegan con elementos como la música, los símbolos o los colores.
La aplicación menos ética del marketing político y las tácticas electorales la encontramos en estos líderes, que basan sus estrategias en la publicidad negativa llevada al extremo y en los ataques directos sin piedad entre candidatos.
Destaca también la relación tan directa que consiguen crear con sus seguidores, donde los niveles intermedios pasan desapercibidos y la conversación simula desarrollarse entre iguales.
El mensaje, clave
El populismo tiene un fuerte componente mediático. La política del espectáculo y el espectáculo de la política. Los líderes políticos se convierten en estrellas, pero además se da el caso contrario: estrellas mediáticas que se convierten en políticos de primera línea. Estrellas del fútbol, de la televisión, del cine, cantantes, mises, periodistas o intelectuales de gran reconocimiento que toman las riendas de la política.
En los países menos desarrollados, el populismo centra sus mensajes en la lucha contra el hambre y la pobreza, mientras que en los países desarrollados, se presenta como la fuerza que va a subordinar los negocios y la economía a la política y los intereses sociales.
La premisa y promesa de cualquier líder populista presente o pasado es satisfacer rápidamente las necesidades de las masas, ganándose su confianza ciega, como los encantadores de serpientes.














Comment por Thais el 03 de Junio de 2009:
Ok! Buen texto!
Notificacion por Radiografía de un Golpe de Estado anunciado : Tinta Digital el 09 de Julio de 2009:
[...] Manuel Zelaya, de 56 años, es un conservador que asumió su mandato en enero de 2006 con su tesis fundamental, denominada Poder Ciudadano, una forma de gobierno en que las comunidades deciden las acciones de sus instancias de poder. El pasado sábado unos 300 soldados tomaron por asalto su casa particular en Tegucigalpa, mientras que el Congreso nombraba a Roberto Micheletti presidente interino de Honduras. Una jugada que ha mermado el conflicto geopolítico que se viene acrecentando en toda Latinoamérica, gracias a las movidas del siempre polémico Hugo Chávez. [...]