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Marta Martínez Liébana nació en Linares en el 82 y estudió Filología Hispánica en Granada. Le encanta la ciencia desde que descubrió que le ayuda a comprender el mundo, al igual que el Periodismo. Por eso actualmente lo está estudiando en la Universidad Carlos III de Madrid.

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Las mentiras de la máquina de la verdad

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El ser humano siempre se ha preocupado por averiguar si aquél que era considerado culpable mentía o decía la verdad. Desde las torturas llevadas a cabo por la Santa Inquisición para descubrir brujas hasta las decisiones que toman hoy en día los jurados, ha habido muchísimos sistemas a lo largo de la historia para decidir la inocencia de una persona. Entre ellos, el polígrafo se ha transformado en uno de los mitos con mayor credibilidad en la actualidad.

La historia de esta ‘máquina de la verdad’ se remonta al año 1.875, cuando el fisiólogo italiano Angelo Mosso desarrolló un sistema para medir la verdad basándose en el ritmo cardíaco como factor determinante. Vittorio Benussi añadiría en 1.914 la respiración como agente detector de mentiras, pero fue realmente  un estudiante, John A. Larson, quien inventó la primera máquina que medía el pulso, la presión sanguínea y la tasa respiratoria.

Poco a poco, la técnica del interrogatorio se perfeccionó y se introdujo el sistema de medir el nivel base del individuo con cuestiones irrelevantes y contraponerlo a las medidas obtenidas en preguntas de mayor importancia. La fe en la veracidad de la máquina ganó adeptos en muchos países: el FBI estadounidense, por ejemplo, estableció como política utilizarlo para reducir el número de sospechosos en una investigación.

Sin embargo, los cambios que el polígrafo muestra no indican el grado de verdad o falsedad de las respuestas de la persona interrogada, sino los cambios fisiológicos cardíacos, dermatológicos y respiratorios del cuestionado. Por eso, lo que se calcula es las alteraciones físicas ante determinados estímulos como las preguntas peliagudas y difíciles de contestar.

¿Verdadero o falso?

Los cambios que se producen en el interrogado no deben estar necesariamente relacionados con la verdad o falsedad de las respuestas, han podido ser causados por muchos otros factores. Por ejemplo, la persona cuestionada podría engañar al polígrafo si considera que un asesinato no es una conducta delictiva (éste sería el caso de los psicópatas). Con un desequilibrio de este tipo, la pregunta comprometida no tiene por qué provocar ansiedad y, por lo tanto, podrían no darse alteraciones fisiológicas.

Otro ejemplo sería parecido al de la reacción emocional de Desdémona cuando Otelo cree haber descubierto su infidelidad. Ésta se podría confundir con el sentimiento de culpa, sin embargo se trataba tan sólo de decepción hacia el ser amado por someterla a esa prueba. En realidad, si uno cree que los demás lo consideran culpable de un crimen que no ha cometido se puede generar una respuesta de ansiedad que confunda los resultados del polígrafo.

Por eso la máquina de la verdad no es fiable: nuestra reacción a una pregunta puede sólo deberse a que ésta sea ofensiva, atrevida o sencillamente al miedo a que la máquina yerre. Además, las respuestas fisiológicas se originan la mayoría de las veces debido a muchos factores en interacción. Por ejemplo, tener elevadas pulsaciones en un momento concreto puede deberse a emociones tan desiguales como la tristeza, la alegría, el miedo o la ira.

Engañar a la máquina

En una entrevista televisiva al criminólogo Miguel Ángel Gallardo, éste aseguraba que en algunos centros de espionaje se han impartido cursos de contrainteligencia (más concretamente en la KGB) con la intención de adiestrar agentes dobles capaces de superar la prueba del polígrafo para infiltrarse en servicios ajenos. Sin embargo, el experto confirmaba a su vez que un clásico actor que invente una “verdad” en escena, también es capaz de engañar al polígrafo.

Lo que sí que puede desatar la máquina es una fuerte reacción violenta o un trastorno psicológico tanto en los interrogados como en sus allegados. Y más aún si de lo que se trata es de un programa de televisión que vende el método asegurando que es infalible al 100% cuando ningún cálculo empírico lo corrobora. La inquietud de los participantes en estos shows provoca el aumento de las audiencias y embelesa al público televisivo, en realidad más preocupado por la angustia de los concursantes que por la verdad de los hechos.


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2 comentarios. »

  1. A veces se miente, creyendo estar diciendo la verdad, y otras se dice la verdad sin convicción.¿Se podria detectar la veracidad de las respuestas, o solo el estado de animo del que contesta? Siempre tuve esa duda…

  2. la verdad al ser sometido al poligrafo se siente miedo
    y mas cuando la persona que lo aplica te presiona como
    si fueras un criminal, interrogando hasta por 4 horas
    sobre situaciones que tu sabes ciertas pero que la
    maquina toma como mentira (la maquina o el operador?)

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