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Carlos Solanillos nació en Carabanchel Bajo en 1985, estudió Periodismo y se fogueó a base de traducir y redactar teletipos. Tras pasarse al lado oscuro, paga sus facturas trabajando en un gabinete de comunicación mientras termina la carrera de Economía. Blog.

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¿Seguirá España el camino de Japón?

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Muchos medios de comunicación han destacado las similitudes existentes entre la actual situación de España y la crisis que atravesó Japón en los ‘90, tanto por el elevado crecimiento que ambas economías experimentaron en los lustros previos como porque ambas crisis tuvieron como principal detonante el estallido de una burbuja inmobiliaria.

Algunas de las coincidencias más destacadas son el ritmo medio anual de crecimiento del producto interior bruto (PIB) de ambas economías en los años previos a sus respectivas crisis (cercano al 5% en Japón y al 4% en España), los bajos tipos de interés de los años previos (en torno al 1% en Japón, alrededor del 2% en la Eurozona) y que en ambos casos la banca aumentó el número de préstamos hipotecarios para compensar su menor margen de beneficio, dando lugar a un fuerte endeudamiento de los agentes económicos.

Sin embargo, pese a estas coincidencias en la superficie, ambos países presentan fuertes diferencias que permiten esperar que los males que sufre la economía española sean de menor gravedad que los que experimentó Japón. En primer lugar, durante los años ‘80, la economía japonesa se caracterizó por seguir un modelo propio de crecimiento basado en el proteccionismo, el sistema empresarial de keiretsus y la escasa flexibilidad en el mercado laboral: tres pilares excesivamente rígidos para sostener las dimensiones que había adquirido el rascacielos japonés.

  • El proteccionismo de la economía nipona era especialmente acusado en dos campos: la propiedad de las empresas, que difícilmente estaban participadas por compañías de otros países y la intervención estatal en sectores poco eficientes, como el de la banca, que frenaban el desarrollo de los sectores más productivos (principalmente los relativos a nuevas tecnologías y automoción).
  • El sistema de keiretsus, por su parte, era una consecuencia del gobierno de las empresas existentes en Japón. Los keiretsus eran gigantescos grupos empresariales al frente de los cuales solía situarse un banco. Las compañías que formaban parte del grupo poseían participaciones unas de otras, tejiendo un entramado que fomentaba la opacidad y la concesión de créditos por parte del banco principal a las compañías de su keiretsu sin valorar adecuadamente los riesgos.
  • Finalmente, pese a que suele acusarse a España de tener un mercado laboral poco flexible, en el caso de Japón el pleno empleo era uno de los objetivos primordiales del Gobierno y para lograrlo fomentó un sistema excesivamente paternalista. Con frecuencia, el trabajador que entraba a formar parte de una empresa se mantenía en ella de por vida, no sólo por los fuertes lazos sociales que la empresa se encargaba de formar, sino también por los altos costes del despido. De esta forma, cuando estalló la crisis, el paro en Japón apenas subió del 6%, pero con un profundísimo coste productivo para las empresas.

A diferencia de estos problemas estructurales de la economía japonesa, puramente endógenos, la crisis española se enmarca en la crisis internacional provocada por los activos tóxicos del sistema financiero, y es la situación de falta de liquidez en el mercado la que provoca la brusca desaceleración del sector de la construcción, primero, y la posterior caída en la producción. Así, pese a que España tiene evidentes problemas en su modelo de crecimiento, la pertenencia de España a la Unión Europea, sus escasas restricciones al comercio internacional y la estricta regulación bancaria del Banco de España parecen estar actuando como paracaídas tras el estallido del globo en el que ha viajado durante la última década.

Las burbujas inmobiliarias y su impacto en la banca

En Japón, la burbuja inmobiliaria influyó en la economía real en dos aspectos: en un aumento del consumo por el efecto riqueza que experimentaba la población propietaria de inmuebles y en un aumento de la inversión, ya que las entidades entendían erróneamente que los activos inmobiliarios empleados como colateral en caso de incumplimiento del pago seguirían aumentando de valor. Así, lejos de prepararse durante el periodo de ‘vacas gordas’ para jugar el papel de amortiguador que les correspondería cuando llegasen las ‘vacas flacas’, los bancos japoneses fueron los primeros en financiar el crecimiento de las empresas de sus keiretsus a través de la especulación inmobiliaria: una estrategia basada en los mitos de que los precios de la tierra nunca descenderían en Japón y de que los precios de las acciones sólo podían ascender.

Por el contrario, pese a que en España el sector de la construcción fue el protagonista de la expansión bancaria en el mercado doméstico, la regulación impuesta por el Banco de España ha permitido a sus bancos contar con un abultado colchón adicional en forma de provisiones 24.000 millones de euros superior al del resto de los países de la UE, según cálculos del FMI. De esta forma, aunque el entorno operativo de los bancos españoles se ha deteriorado más rápido de lo previsto, afectando especialmente al modelo de las cajas de ahorro (más expuesto al sector inmobiliario), las entidades han demostrado estar más preparadas para el primer impacto de la crisis financiera internacional que sus competidores internacionales, dando lugar a que el BSCH y el BBVA, las dos mayores entidades financieras españolas, cerraran el ejercicio 2008 entre los cuatro primeros bancos del mundo por beneficios.

En cualquier caso, tanto en España como en Japón en el momento del estallido, el precio de los inmuebles de ambos países se elevaba muy por encima del valor real del activo, situación que se agravaba por el hecho de que estos inmuebles suponían el principal pilar patrimonial no sólo de muchos hogares, sino también de importantes empresas. El efecto directo de la progresiva pérdida de valor de los inmuebles fue, por una parte, el desplome bursátil de las empresas (el índice Nikkei japonés pasó de los 40.000 puntos en la década de los ‘80 a los 14.300 en 1992; el Íbex-35, de los 15.945 puntos en noviembre de 2007 a los 6.817 en marzo de 2009), por otra, el aumento de la morosidad bancaria, que sitúa a las entidades bancarias al borde de la insolvencia.

La amenaza de la deflación

Sin embargo, el fantasma que más suele mencionarse cuando se comparan los casos de España y de Japón es el de la deflación: una caída sostenida (esto es, durante un largo período de tiempo) en los precios. Cuando un país entra en deflación se produce un fuerte estancamiento del consumo, ya que los consumidores esperan que los bienes sean más baratos en el futuro y dejan de consumir en el presente, de forma que la producción y la riqueza del país se estancan. En el caso de Japón, la deflación fue uno de los imprevistos rasgos característicos de su crisis y se prolongó desde 1995 hasta el final del siglo XX.

A comienzos de 1989 Japón seguía sumido en la burbuja inmobiliaria, con el consecuente efecto de aumento de la inflación (es decir, un aumento sostenido de los precios). Por este motivo, el Banco de Japón consideró que era recomendable elevar los tipos de interés para sostener el incremento de los precios (con unos tipos más elevados se incentiva a la gente a ahorrar, en lugar de consumir o invertir), un argumento apoyado por el constante crecimiento del precio del suelo hasta 1990.

De esta forma, Japón entró en la última década del siglo XX con una alternativa de inversión bursátil poco atractiva, unos elevados tipos de interés, un sector inmobiliario volviendo a tierra tras tocar su techo y unas elevadas ratios de endeudamiento: cuatro ‘jinetes del Apocalipsis’ que encontrarían el quinto y último elemento desestabilizador con el aumento de los precios del yen a comienzos de los noventa.

Así, aunque la inflación se mantuvo sostenida durante la mayor parte de la crisis posterior, a finales de 1993 el dato interanual se situó en el entorno del 1%, para sorpresa del Banco de Japón. Y pese a que éste bajó los tipos hasta el 0,5%, a principios de 1995 Japón entró en la vorágine deflacionista que caracterizó su economía durante el resto de la década.

La principal conclusión del ejemplo japonés es que es sumamente difícil prever una situación deflacionista, si bien ciertas semejanzas existentes entre los casos de España y Japón alertan de que la amenaza deflacionista puede trasladarse a España. En primer lugar, la caída en el precio de los inmuebles que experimenta España conlleva, al igual que ocurrió en Japón, un efecto riqueza negativo para la población; en segundo, la falta de confianza en los mercados financieros desincentiva las inversiones privadas, fomentando el ahorro; en tercer y último lugar, la contracción económica que experimenta actualmente España tiene como efecto secundario un descenso de la inflación, del mismo modo que ocurrió en Japón a comienzos de la década de los ‘90.

De esta forma, la posibilidad de que España entre en una situación de deflación parece depender, asumiendo que se cumplan las negativas expectativas nacionales de contracción económica y desempleo en 2009 y 2010, principalmente de factores externos: principalmente, el tiempo que tarden los demás países de su entorno en recuperarse y la política que adopte el BCE. Tras la última rebaja en los tipos de interés, el precio del dinero en la Eurozona es del 1%, lo que permite alejar el fantasma deflacionista a corto plazo. Sin embargo, el elemento clave puede ser qué ocurrirá cuando las diferentes velocidades de recuperación de los países de la Eurozona recomienden opuestas políticas monetarias, teniendo especialmente en cuenta que la misión del BCE es mantener bajo control la inflación en toda la región.

Ante tales incógnitas, es imposible plantear en qué horizonte temporal podría entrarse en una etapa deflacionista, y si bien la posibilidad parece difícil a corto plazo, no es descartable de seguir reduciéndose el PIB nacional y las expectativas de descenso del valor de los inmuebles, principal activo de la población. En cualquier caso, la situación distaría mucho de ser similar, por causas y posibles soluciones, a la sufrida por Japón en los ‘90.


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2 comentarios. »

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Muchos medios de comunicación han destacado las similitudes existentes entre la actual situación de España y la crisis que atravesó Japón en los ?90, tanto por el elevado crecimiento que ambas economías experimentaron en …

  2. Ahora entiendo un poco mejor la comparación con la situación que atravesó Japón. Con tanto como se habla de la crisis en los medios de comunicación estoy saturada, además de por mi falta de conocimientos en cuanto a economía se refiere.

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