¿Mano dura contra el racismo?
Predica el Calcio con el ejemplo, pero lo hace de cara a la galería. Esta jornada ha entrado en vigor la modificación del artículo 62 del régimen disciplinario según la cual a partir de ahora los árbitros podrán suspender los partidos en juego cuando la grada muestre actitudes o gritos racistas hacia los jugadores.
El cambio ya lo había anunciado la Federación Italiana de Fútbol (FIGC) tras los incidentes durante el Juve-Inter del pasado 18 de abril. Aquel día varios grupos de seguidores insultaron al jugador interista Balotelli, un joven italiano de 18 años de ascendencia africana.
“No hay italianos negros” fue lo más suave que se escuchó contra él desde las gradas. Tras el partido llegó la tormenta. El presidente de la UEFA, Michelle Platini, propuso suspender durante 10 minutos los partidos y Claudio Ranieri, técnico de la Juve, amenazó con retirar a sus jugadores del campo si se registraban incidentes similares.
Puro teatro vacío de cualquier contenido. Durante aquel Juve-Inter nadie recriminó por megafonía a los tifosi que insultaban a Balotelli. Ningún jugador se acercó a la grada para calmar a los energúmenos. Tampoco intervinieron los delegados y, por supuesto, el árbitro no paró el partido.
Sanción aplazada a la Juve
La Federación italiana maquilló tanto desorden y sancionó a la Juve con un partido a puerta cerrada. La multa debía haberse cumplido la semana pasada en el encuentro contra el Lecce, pero los turineses recurrieron y el Comité Olímpico Italiano (CONI) ha aplazado temporalmente el cierre.
Tanta relajación despierta dudas sobre si realmente existe la disposición de erradicar los insultos contra los jugadores en los estadios de fútbol. La posibilidad de supender los partidos a partir de este fin de semana es una consecuencia más de todo el terremoto que desató el caso Balotelli. Sin embargo, vistos los antecedentes y la permisividad hacia un problema endémico falta saber si los árbitros se atreverán a enviar a los jugadores al vestuario.
En España, la ley 19/2007
En la Liga española, donde también se han repetido incidentes similares, nunca se ha suspendido un partido de fútbol de competición oficial por este motivo, a pesar de que la ley sí lo permite. España puede presumir de disponer de una Ley contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte cuyo artículo 15 faculta a los árbitros para suspender el encuentro ante conductas de este tipo.
Todas las sanciones se han quedado en pequeñas multas económicas para los equipos, a pesar de incidentes tan desagradables como el ocurrido en La Romareda en febrero de 2006 cuando Samuel Eto’o, jugador del FC Barcelona, estuvo a punto de marcharse del campo por el maldito “¡Uh, uh, uh, uh!” que escuchaba cada vez que recibía el balón.
La reflexión que provocan estos incidentes es casi siempre la misma. “Esto no puede suceder en el siglo XXI”. Sí, pero pasa, y siempre se repite. Y los medios para detenerlo existen. Sólo falta la voluntad para ponerlos en práctica.













