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David Gómez nació en Madrid en 1989, sin pan debajo del brazo, pero con una vocación en la sangre: ser un comunicador. Con la esperanza de conseguirlo, estudia Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III. Amante de la actualidad y de las nuevas tecnologías, completó un máster en Diseño Web y analiza el mundo de los medios en Circo Mediático.

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‘Extremúsica’: metal mojado

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En España, dos son los macrofestivales por excelencia para los amantes del metal en nuestro idioma: Extremúsika y Viña Rock. Y justo el año en que este último reduce su oferta musical (eliminando el escenario dedicado al heavy) y aumenta sus precios de manera desorbitada, al primero le falta valor para dar la puntilla y colocarse en lo alto del pódium nacional de la música en directo. Una auténtica pena.

Muchos son los errores que se le puede echar en cara a la organización del Extremúsika, pero sólo unos pocos, de tan flagrantes, le han sido reprochados con intensidad por parte de la mayoría de los 72.000 asistentes. El más repetido: la lluvia. Obviamente, no se puede culpar a los promotores de un festival de las condiciones meteorológicas en que se desarrolla, pero sí de no haber puesto los medios necesarios para combatirlas (carpas en la zona de conciertos, gravilla o asfalto en lugar de arena, un aparcamiento cubierto…) pese a que incluso las previsiones más optimistas auguraban el mal tiempo que se vivió en Mérida (provincia de Badajoz, Extremadura) durante los días 16, 17 y 18 de abril, en los que transcurrió el evento.

En primer lugar, el espacio reservado para la acampada es considerablemente menor que el disponible en Viña Rock, donde además se observan unas medidas de seguridad mucho menos estrictas. Por no hablar de la distancia del campamento al centro de Mérida y de las dificultades de los vehículos para atravesar los caminos anegados de barro del aparcamiento, sus accesos y salidas. La sensación de aislamiento sólo se vio compensada por la existencia de un servicio especial de autobuses a cargo de la Empresa Municipal de Transportes (no de la organización), que se convirtió en el único medio por el que los allí reunidos mantuvieron el contacto con la civilización y pudieron desplazarse en busca de víveres, vituallas e incluso de satisfacer sus necesidades más básicas. Y es que ni los estómagos más ‘heavies‘ pudieron aguantar las antihigiénicas letrinas habilitadas a tal efecto, y en escaso número, en el recinto del propio festival.

A pesar de todo, lo que los melómanos de pro esperan de un evento como este es presenciar buenos conciertos (cuando la calidad del sonido consiente), sentirse cerca de sus ídolos (en la medida en que es posible tras un foso de cuatro o cinco metros) y disfrutar en compañía de sus amigos un ambiente de fiesta con alcohol (demasiado caro), sexo (sólo los más afortunados) y el rock’n’roll de calidad. Y esto último lo hubo en abundancia: de todas las formas y colores, para todos los gustos, interpretado por veteranos y también por noveles. A continuación, el ‘top metálico‘ del Extremúsica

Boikot

Después de las correctas actuaciones de los personalísimos Rosendo y Albertucho, esta banda madrileña de punk-rock combativo con toques de ska cerró la primera noche del festival con un concierto cañero, en el que no faltaron los bises demandados a gritos por el respetable, temas de su último disco ‘Amaneció‘ (como la potentísima ‘Skalashnikov‘), ni clásicos como ‘Inés‘, ‘Korsakov‘, ‘Tierra quemada‘ o ‘Hasta siempre‘, que el público coreó hasta la afonía. Lo mejor del primer día para los amantes del rock duro.

Skizoo

El viernes, respetados por la lluvia pero a unas injustas e inmerecidas ocho menos diez de la tarde (demasiado pronto), saltaron al escenario los cincos miembros de esta banda que los periódicos locales (sin citarla, pero consultando la Wikipedia) se empeñaban en describir como herederos de los desaparecidos Söber. De ser así, en honor a la verdad hay que decir que Jorge Escobedo y Antonio Bernardini han sabido conservar lo mejor de su “banda madre” y añadirle el toque de distinción que le faltaba: la voz y la personalidad de Morti y la incansable troupe de fans que les sigue en cada concierto y que, cómo no, pidió y obtuvo su ración de bises.

Entre otros trallazos, deleitaron al personal con tracks de su último trabajo, ‘Tres‘, como ‘Skizoofrénico‘ o ‘La cara oculta de la luna‘ y otros que ya son auténticas piezas de culto para sus seguidores, como como ‘Habrá que olvidar‘, ‘Dame aire‘ o ‘Renuncia al sol‘, por citar sólo tres de los más representativos.

El Noi del Sucre

Con esta nueva tarjeta de presentación, homenaje al mítico anarquista Salvador Seguí, la antigua banda Los muertos de Cristo regresaba a un festival del que la pasada edición, debido a la cancelación de su concierto, se fueron con la espinita clavada. Y no queda duda alguna de que se la quitaron. Y quién sabe si de paso no se metieron en un buen lío.

Y es que ya prometía su líder, Lorenzo Morales, que en Mérida tendría “un debut y un concierto inolvidable”, y vaya si cumplió con su promesa. Para mal o para bien, todos los asistentes habrán grabado en su cabeza el momento en que, como colofón del clásico ‘Dios salve al rey y ataviado con su tradicional disfraz de arlequín (o de jóker de la baraja, como se prefiera), Lorenzo prendió fuego a los retratos del dictador Franco y de don Juan Carlos, el actual monarca español. Una provocación en toda regla, con peligrosas consecuencias jurídicas, que no dejó indiferente a nadie y arrancó una sonorosísima ovación de su público y del que se congregaba en el escenario contiguo esperando el concierto de Mägo de Oz.

Mägo de Oz

Después del desagradable incidente en el Viña de Paiporta, donde les cortaron la luz por pasarse del tiempo acordado, la banda venía dispuesta a brindar a su público un gran concierto, pasara lo que pasara. Y la verdad es que pasar, pasó de todo. El concierto, por problemas de sonido, empezó con bastante retraso y estas dificultades técnicas, que se repitieron durante todo el concierto, unidas a que la organización no permitió los bises, hicieron que el concierto dejara a los asistentes con ganas de más.

Especialmente cuando se trataba de un concierto de los que no se ven habitualmente, parte de una gira especial en la que el grupo vuelve a los orígenes a petición de sus seguidores, interpretando exclusivamente temas de sus tres primeros discos: ‘Mägo de Oz‘, ‘Jesús de Chamberí‘ y ‘La leyenda de La Mancha‘. Incluida una canción tan poco habitual en su set list como ‘La canción de Pedro‘, que hizo las delicias de los fans más incondicionales.

Finalmente, a pesar de que José cantó muy desconcentrado, pues no le llegaba el sonido de sus compañeros a través del monitor y no podía seguir el ritmo de las canciones (hasta el punto de pedir a Moha que se acercara con el violín para escucharle de cerca), lograron sacar adelante una actuación bastante aceptable, de la que se agradecen más las ganas que le echaron que el resultado que, por las pésimas condiciones, les fue posible ofrecer.

Breed 77

Recién aterrizados desde Londres (aunque irónicamente sin retrasos, según ellos gracias a los excelentes técnicos del festival), llegaron los gibraltareños a dar la sorpresa y convertirse en una de las grandes revelaciones del Extremúsica. Al ser una banda joven, que prácticamente no ha tenido repercusión en nuestro país (hace poco que sacaron un recopilatorio en castellano de sus mejores canciones), pocos eran entre el público los que conocían sus canciones. No obstante, y a pesar de la lluvia, lograron congregar a una notable cantidad de almas con trallazos como ‘Quiero vivir‘, ‘El mundo en llamas‘, ‘La última hora‘, ‘Petróleo‘, su versión del ‘Zombie‘ de The Cranberries (la más coreada) y gracias al magnetismo de Paul Isola, su agraciado vocalista. Absolutamente recomendables.

Koma

Para cualquier festival, contar con los navarros es garantía de éxito, independientemente de la hora (¿quién tomó la decisión de ponerlos a las 5 y 20 de la tarde?) o de las condiciones meteorológicas en las que toquen. Y es que Brigi y sus chicos son expertos en caldear el ambiente, en tomar el protagonismo aun cuando el cielo quiere monopolizar la velada.

Así que, sin concesiones a la lluvia o el frío, los incansables luchadores de Koma emprenden el ‘Sakeo‘ que da título a su último disco y acto seguido comienzan a desgranar las joyas clásicas de su repertorio. Auténticos himnos que hacen enloquecer al respetable, como ‘Mi jefe‘, ‘El marqués de Txorrapelada‘, ‘Bienvenidos a Degüelto‘ o ‘Aquí huele como que han fumao‘ ¡Incluso una versión del mítico ‘Con las botas puestas‘ de Barón Rojo! Toda una declaración de intenciones…

Warcry

Llegaron a Mérida con su último trabajo de estudio, ‘Revolución‘, en plena gira de presentación y, como no podía ser de otra manera, pusieron mayor énfasis en las canciones nuevas que en los clásicos. Una verdadera lástima para algunos de los fans de los comienzos, que hubieran preferido escuchar ‘Capitán Lawrence‘ antes que ‘La última esperanza’, a pesar de que es fantástica, o la ‘Nana‘ antes que ‘Nada como tú‘, a pesar de que ambas son conmovedoras.

Ska-P

Sin duda los grandes triunfadores del festival, tanto por asistencia de público (batieron a cualquier otro grupo), como por expectativas satisfechas. Sus conciertos son bailables desde la primera a la última canción, su escenografía compleja y cuidada, su mensaje contundente y sus ganas de fiesta envidiables. Críticas sobre la coherencia ideológica de sus miembros aparte, las letras de la banda combaten duramente las grandes lacras de nuestro tiempo: telebasura, pederastia, guerras de religión, niños soldado… Y, encima, es imposible resistir la tentación de saltar al ritmo de sus melodías y repetir (incluso si es la primera que se escuchan) sus pegadizos estribillos.

Una anécdota curiosa: el más impasible de los vigilantes de seguridad, un hombre que había permanecido inmutable, casi hierático, durante el resto del festival, se arrancó a gritar, puño en alto. Desde el foso que separa el escenario de la primera fila se escuchaban sus voces: ‘¡Intifada, liberación!‘ Es el poder de Ska-P para mover a las masas. Buena música, conciencia social, exceso de alcohol… Cada uno tiene su razón para moverse. Pero nadie se queda quieto.


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4 comentarios. »

  1. Si según tu el Viñarock es un festival bien organizado estamos apañaos, la zona de acampada es minuscula, con lo que la gente tiene que acampar en el parking polvoriento, al lado de alguna rave y sin nigún servicio ni seguridad. Puestos a comparar, compara con el FIB, que aunque es caro de cojones tiene una producción cojonuda, por tener tiene hasta area para autocaravanas vigilada…

  2. En primer lugar, gracias por comentar

    Si, como dices, no he comparado con el FIB es porque no se trata de un festival de música en español, como lo son el Extremúsika y el Viña Rock, sino de artistas fundamentalmente internacionales. En cualqier caso, no he mencionado en ningún momento la opinión que me merece el Viña, simplemente me he limitado a constatar que, de seguri el Extremúsika como hasta ahora, no va a conseguir igualar su éxito en muchos años.

    Ahora bien, si me preguntas, te diré que la organización del Viña Rock no me parece tampoco ninguna maravilla (casi en ningún macrofestival lo es), pero al menos no hay problemas de sonido tan frecuentes y drásticos como en el Extremúsika (a varios grupos se les cortó directamente el sonido) y la acampada está muy cerca del centro de Villarobledo, mientras que la del Extre está lejísimos del de Mérida.

    En cuanto a los servicios de seguridad (ya que lo apuntas en tu comentario), Viña Rock sí que cuenta con vigilantes, aunque no son tan estrictos como los del Extremúsika. Si eso es una ventaja o un inconveniente debe juzgarlo cada cual. Y en cuanto al tamaño de la zona de acampada, sólo decir que siempre quedan huecos vacíos y si la gente utiliza el “polvoriento” párking es porque no quieren acampar lejos de la zona de conciertos o porque no han pagado la entrada.

    Espero que mi postura haya quedado ahora un poco más clara.

  3. Yo sinceramente creo que te las das de entendido y simplemente por acudir a un festival no deberías hacer este tipo de artículos, esperar a ir a otro festival y contrastar un poco tu información,como hacen los periodistas, por que a parte de equivocarte tú , puedes equivocar a los demás.
    Si querías dejar claro que has ido al extremusika, lo escribes en tu blog que seguro que tienes, y ahí cuentas lo que quieras, pero no en un diario que seguimos bastantes estudiantes, por que puedes encontrarte con críticas de este tipo. Un artículo bastante subjetivo y mal hecho la verdad.
    Un saludo

  4. Marta, estoy de acuerdo al 100%. He currado en algun que otro festival de técnico, aparte de ir a pasarlo bién a otros tantos, y me ratifico en lo que digo. Ale chaval a pasarlo bien, a ver si te acreditas pal FIB y nos lo cuentas.

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