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Javier L. Sicchar nació en Lima (Perú) el 29 de agosto de 1976. Estudió Bibliotecología y Ciencias de la Información en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, por cosas que hasta ahora no logra entender. Finalizada la carrera, estudió una maestría en Literatura Peruana y Latinoamericana y terminó una segunda especialidad en Periodismo. Actualmente, colabora para el semanario Iquitos al día y trabaja como responsable del centro de recursos educativos de un colegio en la capital de Perú.

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El vedetismo de Jaime Bayly

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El artículo 19º de la Declaración de los Derechos Humanos reconoce que todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión, derecho que incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión. Así, todos tenemos libertad de opinar sin restricción alguna.

Imagen tomada de Flora y Fauna

Todos los que somos demócratas suscribimos de manera tácita este argumento, especialmente aquellos que trabajan en medios de comunicación. Por tal motivo, los periodistas y todo aquel que trabaje para un medio es responsable de lo que dice o hace, a sabiendas de que cumplen una función social por que llegan a un público, porque -disculpen la redundancia- comunican.

La pregunta es  ¿cuándo un personaje mediático decide si es o no responsable de lo que dice? ¿En qué momento los medios corrompen las conciencias? ¿Cuando alguien deja de lado sus propias convicciones, por un afán de notoriedad?

Es el caso del presentador peruano Jaime Bayly, a quien siempre había caracterizado, al menos hasta hace unos días, la forma como podía llevar una entrevista, sin entrar a terrenos espinosos, incluso con personas con las que no tuviera afinidad ideológica. Pero algo parece haber desbordado en Bayly a juzgar por la entrevista que mantuvo con la hija de Alberto Fujimori, condenado a 25 años de cárcel por crímenes contra la humanidad.

En ella le dijo a la hija del dictador que, de ser presidente, él le absolvería. Cada uno es libre de expresar y decir lo que siente. Que lo digan Keiko Fujimori u otros congresistas y copartidarios del fujimorismo es creíble y -hasta dentro del contexto- sensato. Lo que no parece tan normal es que lo diga un personaje que ha renegado de los periodistas que, arrodillados, adoraban al ahora reo, alguien que aduce de ser un liberal y por sobre todas las cosas un enemigo a toda clase de autoritarismo, que se autoproclama enemigo de Fidel Castro, Hugo Chavez o Evo Morales, entre otros, crea que Alberto Fujimori debería ser absuelto.

Y es que Bayly comienza a parecerse mucho a ese personaje que tanto aborrece y que también es un producto de la televisión, Laura Bozo. Ya que cada uno desde su trinchera procura no convertirse en un dinosaurio televisivo, un muerto viviente, necesitan del escándalo, de la barahúnda para reflotarse, para sobrevivir, como si no hubiera otra salida, salvo las pastillas, esas que dice tomar en cantidades industriales.

El personaje

En Perú es bien conocida la trayectoria de Jaime Bayly. Fue un periodista irreverente, condujo programas de forma fresca y jovial -algunos atinados y exitosos, otros simplemente desastrosos- sin cambiar nunca de estilo. Es de los pocos que decidió despeinar a la televisión peruana (en lo que a programas de entrevista se refería), que adolecía del exceso de seriedad y formalidad.

Apoyó la campaña electoral de Mario Vargas Llosa en el año 1990 como respuesta a un Gobierno que dejó la peor hiperinflación de la historia del país. El entonces joven periodista se fajó el discurso del escritor-candidato y decidió formar parte de la batahola que significó en ese momento el Movimiento Libertad y posteriormente el FREDEMO, que estaba compuesto por uno de los partidos más conservadores del Perú, el Partido Popular Cristiano (PPC). Es bien sabido que Mario Vargas Llosa se ha caracterizado por ser un demócrata a carta cabal y un defensor ideológico de lo que conocemos el liberalismo económico, por ende proclive a los partidos considerados de derecha.

Parecía reconocerse en Jaime Bayly parte de ese germen libertario y consecuente que asumía su mentor literario y político, incluso muchas veces lo ha sugerido. Sin embargo algo parece haber disgustado al conductor de televisión, algo que quizás escape de su propia racionalidad y tal como afirma en algunas columnas, este país le apesta y le deprime.

El rico defensor del pobre

Criticarlo porque tuvo la suerte de nacer dentro de una familia solvente sería un poco tonto. En muchas entrevistas o conversaciones que él ha tenido con diferentes invitados en sus distintos programas de televisión Jaime reconoce no haber vivido en carne propia las largas colas que se hacían para comprar dos bolsas de leche en polvo (la famosa leche enci) durante el primer gobierno de Alan García, en las que después de la compra sellaban el brazo como ganado para evitar que se volviera a repetir el plato. Él eso lo sabía de oídas y por su condición de periodista, pero en el mundo donde él vivía y otros tantos más, esto era como parte de una novela real-maravillosa.

Muchos de los que recordamos esos años engendramos una frustración, un rencor hacia el Gobierno de esa época, sobre todo hacia las figuras que la representaban. Quisiera entender en qué medida Bayly pudo asumir todo ello ¿Reinaron intereses sociales? ¿Fue una bronca personal? ¿Qué entendía él por estatización de la banca? ¿Le importaba algo la escasez de alimentos de primera necesidad o sólo fue cuando tocaron los intereses de su grupo social (del que seguro forma parte activa o pasiva, ya depende del cristal desde donde se mire) que él decide asumir un rol más protagónico? Nadie lo sabe muy bien.

De enemigo a compañero

En su programa ‘El francotirador‘, Bayly solía atacar al también conductor de televisión Nicolás Lucar debido a su pasado fujimorista; parecía darnos a entender: Lucar es mal periodista por apoyar a un dictador. Ahora Lucar pasará a trabajar en Frecuencia Latina, la misma televisora para la que trabaja Bayly.

Jaime Bayly no pretende ser adalid de nada, más bien parece un hedonista cuyas convicciones giran, sobre todo, en la idea de libertad del individuo, de ser y hacer lo que en buena cuenta le guste y le cause placer, en base a eso cada uno es libre de expresar y de decir lo que le de la gana. Sin embargo, hay algo que comienza a sonar un poco retorcido, como si él no recordara mucho de lo que hizo o hace, como si le interesara un bledo todo lo que pudiera abarcar al decir algo o no decirlo. Quizá sea un despropósito o simplemente la verdad, tal como aduce en sus columnas publicadas en Perú, primero en el diario Correo y ahora último en el diario Peru21, él ya tocó fondo. Y parece realmente, que ya nada le importa mucho y por ende tomar en serio.

La inconsecuencia y el vedetismo

Sorprende la defensa de Fujimori en boca de un hombre que hizo campaña para que el expresidente Alejandro Toledo reconociera a Zaraí, una niña que aseguraba ser su hija y que apareció en plena campaña electoral, desviando la atención de los medios y del debate político. Sorprende al recordar a ese niño de ocho años que recibió ocho balazos al tratar de defender a su padre, Manuel Ríos Pérez, en la matanza de Barrios Altos. ¿Es acaso eso menos condenable que un hombre que no desea reconocer a su hija?

Los fujimoristas alegan que no existen pruebas contra el dictador. La cuestión no es sólo si Bayly coincide o no con esa idea, sino si el hecho de expresarla obedece más a la necesidad de llamar la atención, a sabiendas de que el pasado 7 de abril la gente estaba a la expectativa de lo que podía pasar con la sentencia al dictador. ¿El fin de llamar la atención justifica los medios? ¿En qué sentido uno puede perdonar un acto de crueldad por otro de la misma calaña? Como escribe el crítico Gustavo Faverón en su blog, “la justicia no es un juego de cartas donde los puntos positivos rediman a los negativos. La limpieza y la inocencia de una persona no se decide comparando la columna del debe con la del haber”.


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3 comentarios. »

  1. Definitivamente coincido contigo, este personaje está en el desesperado camino de hacer y decir cualquier cosa, hasta la más insensata que dijo respecto a la absolución que le haría a una persona que ha comentido delitos contra la humanidad como lo es Fujimori, y todo por mantener a salvaguarda sus intereses personales. Esperemos que el pueblo peruano y la humanidad en general no pase de ver a este individuo como lo que es un PERSONAJE una CARICATURA que sirve nada mas que para entretener cuando a veces lo logra, porque muchas aburre y otras funciona como el mejor combo de pastillas que él dice beber.

  2. Soy gran admiradora de Jaime sobre todo como escritor, me he leido todos sus libros, y por esto mismo me llamó la atención lo que dijo de Fujimori al entrevistar a su hija. Según cuenta en uno o varios de sus libros, cuando Fujimori subió al poder él tuvo que huir de Perú porque corría un gran riesgo, entonces no sé como ahora puede defenderle.

    Besos desde España.

  3. Le falto decir que JAIME BAYLI no sabe pronunciar la palabra PORQUE, sino que dice …poque…, y yo lo he bautizado el presidente PONQUE, PONQUE, PONQUE, porque siempre se esta riendo, como partiendo ponque y porque no dice “porque” sino “poque”. Vez.

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