Foros del agua e indígenas
Hace unas semanas, se ha celebrado el V Foro Mundial del Agua en Estambul, organizado por la Organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial, el Consejo Mundial del Agua, y otros organismos, que tienen un criterio economicista, considerando al agua como un elemento de compra-venta controlado por el libre mercado, en lugar de reconocerlo como un bien público, un derecho humano fundamental para la vida.
Declaración de Kyoto de los Pueblos Indígenas sobre el Agua en 2003
Los pueblos indígenas de casi todos los países han visto sus fuentes tradicionales de agua usurpadas por las sociedades colonizadoras o por las concesiones para la explotación de los recursos naturales existentes en las áreas que ancestralmente han ocupado los pueblos originarios.
Esta explotación de recursos naturales ha alterado de manera sustancial los cauces de ríos y ha provocado contaminación en los mismos. Estya contaminación ha porvocado que diversas comunidades indígenas tengan infecciones y otras enfermedades provocadas por la ingesta de metales pesados como plomo y mercurio, utilizados en las extracciones mineras en territorios originalmente indígenas. Estas situaciones han hecho que se produzcan desplazamientos masivos de pueblos originarios hacia otras áreas, con la consiguiente pérdida de identidad y territorio.
En el Foro Mundial del Agua celebrado en Kyoto en el año 2003, los pueblos indígenas hacían pública la siguiente declaración:
- Nosotros, los Pueblos Indígenas de todas las partes del mundo, reunidos aquí, reafirmamos nuestra relación con la Madre Tierra y nuestra responsabilidad, ante las generaciones futuras, de levantar nuestras voces en solidaridad y proclamar la necesidad de proteger el agua. Nos han puesto en este mundo, a cada uno en su propia tierra y territorio tradicional sagrado, para cuidar toda la creación y el agua.
- Reconocemos, honramos y respetamos el agua como un elemento sagrado que sostiene toda la vida. Nuestros conocimientos, leyes y formas de vida tradicionales nos enseñan a ser responsables, cuidando este obsequio sagrado que conecta toda la vida.
- La relación que tenemos con nuestras tierras, territorios y el agua constituye la base física, cultural y espiritual de nuestra existencia. Esta relación con nuestra Madre Tierra nos obliga a conservar nuestra agua dulce y mares para la supervivencia de las generaciones del presente y del futuro. Asumimos nuestro rol como guardianes, con derechos y responsabilidades, que defienden y garantizan la protección, disponibilidad y pureza del agua. Nos unimos para respetar e implementar nuestros conocimientos y leyes tradicionales; y ejercer nuestro derecho a la libre determinación para preservar el agua y la vida.
Esta declaración era efectuada el año 2003 en Kyoto. Los pueblos indígenas en este foro habían dejado expuestas sus quejas y consideraciones sobre el uso sostenible del agua que, desde su cosmovisión, debía ser un recurso cuidado y de propiedad común de los seres humanos porque consideran el agua como algo que la naturaleza ha otorgado a todos los seres vivos para su supervivencia.
La visión indígena sobre el uso común de los recursos naturales ha sido vista por la cultura occidental como un ‘pensamiento inferior’, opuesto al concepto ‘progreso’ que detenta como ideología el liberalismo económico. Concepto que hasta hoy se basa exclusivamente en un planteamiento economicista de la gestión de los recursos naturales.
En el transcurrir del tiempo, conceptos como explotación sostenible se han insertado en los discursos de las grandes empresas concesionarias de aguas, bosques, yacimientos mineros y petrolíferos. Pero, en contra de lo que se puediera pensar, no lo hacen con una voluntad de respeto a la naturaleza, sino, nuevamente, desde la perspectiva economicista basada en no agotar los recursos para que sus respectivos negocios no colapsen los mercados y se produzcan bajadas de precios por exceso de oferta.
Foro Mundial del Agua, Estambul 2009.
En el argumento del film ‘Mad Max’ la lucha por la gasolina era el eje central de la película. El enfrentamiento entre pseudo-tribus por conseguir y arrebatar gasolina a los demás era el objetivo principal de los supervivientes a un holocausto.
Según proyecciones de la FAO, para el año 2025, 1.800 millones de personas vivirán en países o regiones con absoluta escasez de este vital elemento, y dos tercios de la población mundial podrían sufrir dificultades en su acceso.
Ante estas expectativas, la película ‘Mad Max’ puede convertirse en realidad, pero con la lucha por el agua como elemento central de la película. Y como siempre, los más afectados por las políticas economicistas del agua van a ser los pueblos indígenas y agrícolas que tiene como base de subsistencia un recurso que debería ser considerado ‘un derecho humano’, donde los gobiernos deberían legislar para que su distribución sea justa y respete los derechos y costumbres que tienen los pueblos indígenas sobre la misma.
Así se solicitó en este Foro Mundial del Agua celebrado en Estambul: que el agua fuese declarada un ‘derecho humano básico’, pero los 150 delegados ministeriales que asistieron a este foro no llegaron a un acuerdo para generar esta declaración de buenas intenciones.
Ante la negativa de los organizadores de incluir en el documento final esa definición, 25 países decidieron entonces suscribir una declaración propia en ese sentido y en la que se comprometían a trabajar por la implementación de tal derecho.
Países como EEUU, Francia o Brasil se opusieron a incluir el concepto ‘derecho humano fundamental’ para el agua , pero 25 estados, a instancias de Bolivia, decidieron realizar una propuesta alternativa para reconocer el agua como derecho humano. Entre los Estados hispanoamericanos que firmaron esta declaración alternativa se hallan Bolivia, Chile, Cuba, Ecuador, España, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay, Uruguay y Venezuela.
Suiza, en Europa; Benin, Camerún, Chad, Etiopía, Marruecos, Namibia, Niger, Nigeria, Senegal y Sudáfrica, por parte africana; así como Bangladesh, los Emiratos Árabes Unidos y Sri Lanka, de Asia, también suscribieron la declaración.
Los defensores de las zonas rurales pobres, del medio ambiente y los representantes sindicales criticaron el foro como un promotor de la privatización del agua y reclamaron que sea organizado por la ONU, una demanda que apoyaron países como Bolivia, Chile o Venezuela.
En Estambul los reclamos indígenas pasaron inadvertidos. Y no es de extrañar. En el Foro de Kyoto los pueblos indígenas ponían de manifiesto:
“Los intereses de los Pueblos Indígenas sobre el agua y sus usos consuetudinarios tienen que ser reconocidos por los gobiernos, garantizando que los derechos indígenas al agua se incluyan en las leyes y políticas nacionales en materia del agua. Estos derechos cubren tanto la cantidad y la calidad del agua y se extienden al agua como un elemento que forma parte de un ambiente sano, con valor cultural y espiritual. Los intereses y derechos indígenas tienen que ser respectados en los convenios internacionales sobre el comercio y la inversión y en todos los planes para los nuevos usos y asignaciones del agua”.
Por desgracia, seis años más tarde, si un foro internacional no consigue ponerse de acuerdo en que el agua es un ‘derecho humano básico’, es imposible que se acerquen a la cosmovisión indígena sobre el agua y los recursos naturales, visión considerada ‘inferior’ a la occidental, pero que a día de hoy cobra mayor vigencia como pensamiento válido para la conservación de la naturaleza y supervivencia del ser humano.













