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Francisco Javier Puchades nació en Valencia hace 26 años. En 2005 se licenció en Periodismo por la Universidad Cardenal Herrera - CEU, la misma universidad en la que en 2008 ha obtenido la licenciatura en Publicidad y Relaciones Públicas.

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Buscando la carrera más dura del mundo

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El podio de Tizin Ighrs se quedó el sábado pequeño para recibir a los 770 ganadores del ‘Maratón de las Arenas’. Fueron todos los que llegaron a la línea de meta en la cuarta y última etapa de una carrera de supervivencia por los rincones del desierto del Sáhara. Para ellos llegar es casi ganar, aunque ese mérito es justo atribuírselo a Mohamed Ahansal y Touda Didi, vencedores oficiales de la 24 edición de la carrera en su categoría masculina y femenina, respectivamente.

La de 2009 no pasará a la historia dentro del almanaque de la prueba. Las intensas lluvias obligaron a neutralizar la primera jornada y los problemas de seguridad forzaron a fundir las dos últimas etapas en una única sesión que se disputó el viernes. Aún así, el ‘Maratón de las Arenas’ ha vuelto a poner al límite la resistencia de sus participantes con una etapa reina de 91 km que algunos tardaron más de 20 horas en superar. Tan dura fue la travesía que forzó el abandono del diez veces campeón de la prueba, Lahcen Ahansal.

Ha sido la etapa más larga en la historia de la carrera, la única para la que los participantes han contado con más avituallamiento del habitual: 15 litros de agua proporcionados por la organización frente a los 9 que reciben en una etapa normal. Ni un litro más, el desierto no ofrece concesiones. Algunos lo llamaran supervivencia, especialmente porque los corredores han de cargar con el equipaje que necesitaran durante toda la travesía. El reglamento dice que no más de 15 kilos. Duermen en jaimas y sufren los elevados contrastes térmicos entre el sol y la noche con los que castiga el desierto.

Variando muy poco sus principios fundamentales, la prueba ha cumplido 24 ediciones desde que un ex promotor de conciertos francés, Patrick Bauer, decidiera dar forma a un sueño personal. El año pasado el ‘Maratón de las Arenas’ (’Maratón des Sables’, en su versión francesa) se abrió un poco más al gran público gracias a la participación del ex futbolista del FC Barcelona Luis Enrique. El asturiano se enroló para impulsar un proyecto benéfico y su hazaña, como la del resto de participantes, la pudimos ver después por televisión.

Los límites del ultrafondo

No se puede afirmar de forma rotunda que se trata de la carrera más dura del mundo pero, si reuniésemos un grupo de aspirantes, el ‘Maratón de las Arenas’ ocuparía un lugar destacado entre ellos. El ultrafondo esconde decenas de pruebas capaces de enfrentar al cuerpo humano con sus límites más insospechados. En España existen citas como el Campeonato de los 100 km que no son nada comparadas con el Spartathlon, un maratón de 246 km entre Atenas y Esparta, que los participantes deben completar en menos de 36 horas. El vencedor del año pasado, Scott Jurek, invirtió 22h y 20′.

En contra de lo que pueda pensarse, no se trata de pruebas nacidas en los últimos años al calor del espectáculo televisivo y de la fuerte inversión de los patrocinadores. La mayoría cuentan con más de dos décedas de experiencia, casi la misma edad que tiene la ‘Vendée Globe’, una regata náutica de 43.000 km, en solitario, sin escalas ni asistencias.

La prueba rebosa historias humanas por las que merecería colgarse la etiqueta de carrera más dura del mundo. El pasado més de diciembre una embarcación australiana salvó de la muerte al francés Yann Eliès. Se había caído desde lo alto del mástil mientras cambiaba una vela y llevaba 3 días acurrucado en el suelo con el fémur y varias costillas rotas. Cuando lo encontraron estaba agarrado a una botella de Coca-cola y le quedaban “horas de vida”, según el médico de la prueba.

Iditarod o la hazaña de los trineos

Dice el director de la carrera que “la Vendée Globe es a la vela lo que el Mundial al fútbol”. Es el mismo trono que le corresponde a ‘Iditarod’, la carrera de trineos más importante del mundo. Se celebra en Alaska y recorre más de 1.700 kilómetros entre Nome y Anchorage. La ruta rememora la que recorrieron varios pobladores en 1925 para salvar de la difteria a los habitantes de Nome. Varios trineos se relevaron sin descanso durante días para traer medicinas, la carrera mantiene parte de la ruta para homenajear aquella hazaña. En España, en cambio, Iditarod se recuerda por otros motivos. En 1980, Félix Rodríguez de la Fuente y dos compañeros más murieron en un accidente mientras rodaban un documental de la prueba.

Hoy no podríamos afirmar con seguridad cuál es la carrera más dura del mundo, entre otras cosas por que este artículo es incapaz de explorar todas las posibilidades. Sí conocemos, al menos, la filosofía que encierran estas pruebas y que esconden algo tan innato como el deseo de aventura y la necesidad de conocer los límites de la resistencia humana


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