Dominicana por hastío
Las nacionalidades y fronteras geográficas siempre han tenido límites más bien difusos cuando se trata de aplicarlas a la esfera deportiva. Dos realidades mudables con un margen de maniobra amplio, tan flexibles como para apostar por una doble nacionalidad que a muchos les ha abierto las puertas de un nivel competitivo superior. Un mejor país, más ayudas y mejores entrenadores. Es la tónica dominante, casi lógica. Por eso llama la atención cuando alguien se atreve a lanzarse por el camino inverso.
Por ahí circula en estos momentos la tiradora española María Quintanal, plata en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Quintanal (Bilbao, 1969) acaba de anunciar que ha obtenido la doble nacionalidad dominicano-española, y que en agosto competirá por la República Dominicana en los mundiales de Eslovenia. Allí entrenará con su cuñado, técnico de la Federación, y su marido, que viaja con ella al haber obtenido también la doble nacionalidad.
Su relación con la Federación Española de Tiro Olímpico languidecía desde 2004. El enfrentamiento con el técnico José Luis Pérez la llevó a abandonar la selección hace cuatro años. Su decidido paso sorprende para toda una subcampeona olímpica que se atreve a descender varios peldaños en su carrera sólo por “recuperar la ilusión de competir”, tal como desvela en una entrevista en Interviú.
En 2005, su última participación en el programa ADO, contaba con una beca de 50.500 euros. En República Dominicana no va a percibir ninguna ayuda económica por parte de su selección, y va a comenzar a competir por un país que terminó Pekín en el puesto 46 del medallero, con sólo dos metales.
Camino inverso
Repasando hemerotecas es complicado encontrar casos similares al de Quintanal, especialmente porque la obtención de una doble nacionalidad siempre se percibe como una oportunidad para dar el gran salto. En España hay infinidad de casos de atletas que buscaron la mejora por esa vía. Jakson Quiñónez, Glorie Alozie, Josephine Onyia o Alemayehu Bezabeh son sólo algunos de los que han luchado por esa doble nacionalidad que les ha abierto las puertas de un futuro mejor.
Al mismo nivel que las razones deportivas o económicas se sitúan las personales, y por ahí aparecen algunos casos que ayudan a ver más de cerca la reacción de Quintanal. Motivos humanos que llevaron a algunos a escoger, de entre dos posibilidades, la menos agradecida.
Francia por Mali
El delantero del sevilla Frederic Kanouté (Lyon, 1977) podía haver jugado con la selección francesa, pero prefirió hacerlo por Mali. Cuentan que un viaje de adolescente al país de su padre le hizo ver las cosas de otra manera. Abrazó el Islam y decidió incorporarse a la selección para implicarse en la supervivencia de su país.
A Roberto Bishara (Santiago de Chile, 1981) le llamaron para debutar con Chile, pero él ya había decidido que su compromiso pertenecía a Palestina, el pueblo del que un día tuvieron que huir precipitadamente sus antepasados. Bishara es hijo de los que fueron expulsados a partir de 1948, año de la fundación de Israel. En una entrevista en El País, el jugador no ocultaba el “componente emocional” de su decisión.
El pasado mes de enero, en plena ofensiva Israelí, Bishara vivió de cerca la muerte de tres compañeros de selección. Su historia nos sirve para destapar una última reflexión, aquella que nos habla de los sentimientos y orgullos personales que, en ocasiones, deciden futuros y marcan carreras por encima de la nacionalidad de cada uno.













