La dieta mediterránea es sana para el país
Hace dos semanas, en uno de los artículos de esta sección, se hacía una radiografía sobre la crisis del cine español y cuáles son los factores que más le influyen. Luego, uno ve una película como ‘Dieta Mediterránea‘, que no tiene la financiación de las producciones hollywoodienses pero que su director Joaquín Oristrell salva muy dignamente, y llega a la conclusión de que quizás exista una salvación.
Esta comedia mezcla ingredientes sabrosos como un buen plantel de actores, un guión atractivo y una pizca de erotismo. Es interesante y entretenida aunque para nada llega a ser una obra imprescindible. Es una de las típicas películas que después de verlas se dice aquello de “Me gustó bastante, pero no para verla otra vez“.
Los actores, la salsa de la película
El director no podría haber elegido mejor a los actores. A un lado Sofía (Olivia Molina), una cocinera autosuficiente y espabilada, al otro Toni (Paco León), el hombre de su vida, y Frank (Alfonso Bassave), quien se la trastoca. Ante este dilema –el equilibrio contra la pasión- Sofía opta por la decisión más “políticamente incorrecta”: no elegir.
Aunque en un primer momento Santi Millán iba a representar el papel del descarado Frank, por cuestiones de agenda no pudo y se pensó en Alfonso Bassave, un actor casi desconocido, al cual se ha podido ver en ‘Hospital Central‘ y en la película ‘8 citas‘. Por su parte, Olivia está deliciosa, mientras que Paco León tiene el reto más difícil: que los espectadores se olviden de su alter ego, ‘el Luisma‘, durante hora y media. Pero, como él afirma, es “un actor cómico y aquí también lo soy, pero hay muchos tipos de comedia. Este es otro tipo de personaje porque es un tío más centrado, padre de familia, un tío convencional. Un papel más serio”.
Éxito en Berlín, fracaso en taquilla
Fundador de una de las productoras más conocidas de nuestro país, Bocaboca, Oristrell ha ejercido más como guionista –en la industria cinematográfica y televisiva- que como director. Ha firmado guiones como ‘Bajarse al moro‘, ‘¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?‘ o ‘París Tombuctú‘. Desde hace algunos años le seducía la idea de filmar una película donde la comida no fuera sólo el hilo conductor, sino un aspecto que representara la sociedad, una forma de vida. En los países mediterráneos hay un calor y una sensualidad especiales y unas relaciones íntimas con la familia y con la tierra, que les diferencia de los países anglosajones considerados más ‘fríos’.
Aunque se haya hecho mucha publicidad de esta película y cuente con unos actores tan conocidos en nuestro país, no ha conseguido el éxito que se esperaba. Pese a que se creía que se convertiría en el primer film del año que supera el millón de euros, parece ser que acabará recaudando mucho menos.
No obstante, aunque no goza del favor del público, en el 59º festival de Cine de Berlín se ha le acogido con más interés. La película se presentó la noche del 10 de febrero dentro de un ciclo llamado Cine culinario, en el que los asistentes parecieron divertirse y se rieron con ganas.
El placer de los sentidos
El sexo y la comida siempre han mantenido una estrecha relación. Se ha constatado la existencia de la comida afrodisiaca y según la tradición “se puede conquistar a un hombre –o a una mujer- a través del estómago”. Así, en ambas prácticas se ponen en juego el placer de los sentidos y aunque se pueden realizar en solitario, hacerlo con una (o más) personas le da al asunto un sabor diferente. Como declaró Manuel Vázquez Montalbán en una entrevista realizada por Nativel Preciado, “la gula o es comunicación o no tiene ningún valor. En el juego de propuestas de la sensualidad siempre hay uno que persuade y otro que es persuadido. Ahí está la gracia del asunto. En toda propuesta sensorial hay una intención sexual”.
Comer es uno de los más importantes actos sociales que unen a los individuos (el llamado social glue –pegamento social-) y potencia su necesidad de comunicarse y pertenecer a un grupo. Por todo esto no es de extrañar que ésta no sea la primera película donde la comida se convierte en un personaje más. Es el caso de ‘Como agua para chocolate‘, ‘Chocolat‘ -con Juliette Binoche y Johnny Depp-, ‘Charlie y la fábrica de chocolate‘, o el ejemplo de una de las parrilladas más misteriosas que jamás haya existido, en ‘Tomates Verdes Fritos‘.
La moraleja que presenta ‘Dieta Mediterránea‘, entre risas y fogones, es que no siempre hace falta seguir unas reglas preestablecidas cuando se trata de relaciones, ya sean sexuales, laborales o fraternales. “La vida es probar todo tipo de cosas, en la cocina, o en otros sitios, como el sexo”, afirma Joaquín Oristrell.














Comment por Marta el 24 de Febrero de 2009:
¡Habrá que verla!