El curioso caso de Forrest Gump
Una película larga pero que no se hace interminable, romántica sin llegar a ser empalagosa y que cuida hasta el más mínimo detalle del guión, la ambientación y la caracterización de sus personajes no tiene otro posible resultado que el de cautivar al público y resultar un éxito. Trece nominaciones a los Oscar (entre ellas mejor película, mejor director y mejor actor principal, por no hablar del casi concedido de antemano al mejor maquillaje), avalan ya la calidad de ‘El curioso caso de Benjamin Button’, uno de esos films que te hacen levantarte de la butaca con buen sabor de boca y desear que, ‘Slumdog millionaire‘ mediante, se haga con la mayor cantidad posible de las merecidísimas estatuillas doradas. Y así será si la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Hollywood juzga esta cinta de David Fincher con el mismo rasero que utilizó en 1994 para ‘Forrest Gump’, con la que, además de las ya citadas trece nominaciones, guarda una ingente cantidad de curiosas similitudes.
Y es que, como a menudo sucede en esto de la gran pantalla, no es oro todo lo que reluce. O, al menos, en este caso, se trata de oro de segunda mano, que no por haber lucido en posesión de otro dueño brilla menos en manos de su segundo propietario. ‘El curioso caso de Benjamin Button’ hereda de la película de Robert Zemeckis gran parte de los hitos argumentales que hicieron de ella una película de culto. Y no parece que se trate de una simple casualidad, como explica David Kronke en el blog The Mayor of Television:
Mientras veía el avance (de ‘El curioso caso de Benjamin Button‘), no pude evitar pensar que el guionista de ‘Forrest Gump’, Eric Roth, debería denunciar a los responsables del guión de la primera por el descarado plagio. Más tarde, aparecieron los créditos y descubrí que había sido escrita por… Eric Roth. Así que supongo que no tiene mucho sentido denunciarse a sí mismo.
En el cine, los defectos congénitos se superan
Si Forrest Gump nacía siendo un tanto corto de entendederas y permanecía los primeros años de su vida atado a una especie de piernas mecánicas que le permitían caminar, Benjamin Button nace con una forma narrativamente peculiar de progeria, que le hace ser un anciano atado a una silla de ruedas con la edad mental de un neonato. Ambos contarán con la ayuda de sus amantísimas madres para superar esta etapa: acostándose con el director de la escuela pública para que acepte a su hijo a pesar de su bajo cociente intelectual en el caso de Gump y acogiéndolo cuando es abandonado por su padre biológico en la puerta de un asilo para ancianos en el caso de Button.
Pero no hay de qué preocuparse, porque el instinto de superación de estos muchachos es a prueba de bombas. Forrest Gump, interpretado por Tom Hanks, no solo acabará deshaciéndose de sus implantes, sino que se convertirá en un famoso corredor de fondo, y Benjamin Button, encarnado por un inspirado Brad Pitt, irá rejuveneciendo a lo largo de su vida hasta llegar a ser un fornido y deseable treintañero capaz de hacer las delicias del público femenino adolescente.
Los desastres de la guerra (de Roth, no de Goya)
El paso de la adolescencia a la madurez es un aspecto que uno debe cuidar con especial mimo si tiene pensado ir a los Oscar, y eso es algo que Eric Roth tiene muy claro. Tanto Forrest como Benjamin encuentran en la guerra (el primero en Vietnam y el otro en la Segunda Guerra Mundial) una etapa de intenso crecimiento emocional que marcará para siempre sus vidas. Los dos acuden al frente sin experiencia alguna y toman un papel muy poco activo en sus respectivas batallas, hasta que el destino les convierte en héroes, otorgándoles la oportunidad única de salvar ellos solitos la papeleta.
Pero la heroicidad es un plato amargo, que se sirve acompañado de tragedia y pérdidas irreparables para nuestros protagonistas. Forrest pierde a su único amigo, Benjamin Buford ‘Bubba‘, en una de las escenas más emotivas de la película, esfumándose así el sueño compartido de pasar el resto de sus días pescando gambas. En el caso de Benjamin, quien muere, no sin legar a la posteridad una de las grandes frases del largometraje (”puedes estar furioso como un perro rabioso por como salieron las cosas, puedes insultar, puedes maldecir al destino… pero, cuando se acerca el final, debes resignarte”), es el capitán Mike, un viejo marinero borracho – qué casualidad, también Gump se topa con uno de estos en su periplo – que había confiado en él cuando no era más que un ridículo septuagenario en busca de trabajo.
Importante: reencontrarse con mamá antes de que muera
Podrás viajar durante años por el mundo, con rumbo o sin rumbo, y vivir extraordinarias aventuras, pero cuando el reloj biológico te indica que tu madre –adoptiva o no– se encuentra a las puertas de la muerte, entonces es momento de volver a casa, sea o no sea Navidad. Y qué mejor manera de regresar que hacerlo por la puerta grande, forrado de pasta gracias a una suerte ciega que te ha elegido a ti, pobre desgraciado, para surtir su efecto.
En el caso de Forrest son 25.000 dólares los que se embolsa por ser la imagen de una marca de paletas de ping-pong, después de haberse convertido en un campeón de dicha disciplina en tiempos de la diplomacia del mismo nombre entre EEUU y China. En el caso de Benjamin se trata de la herencia que su padre adoptivo, privado de cualquier otra familia y arrepentido de haberlo abandonado, le deja en su lecho de muerte: una exitosa fábrica de botones que, en constante pugna con la industria de las cremalleras, ejerce el monopolio del negocio en la nación.
Una turbulenta historia de amor
“Los amores imposibles son los que más gustan a la audiencia”. Esta debería ser, si no lo es ya, una de las reglas de oro de la industria cinematográfica. Y, si no me creen, podemos preguntar a los responsables de las dos películas. Seguramente nos darán respuestas afirmativas, difíciles de oír bajo el metálico entrechocar de los sacos de monedas que se han embolsado gracias al éxito de la fórmula romance-pareja disfuncional.
Forrest conoce a su adorada Jenny en el autobús escolar, camino a su primer día de clase y, desde entonces, no dejará de pensar en ella y en cómo le ayudó a librarse de los gamberros que le hacían la vida imposible durante la infancia, animándole a correr y sembrando el germen de su posterior afición por el deporte. Benjamin tendrá su primer encuentro con la dulce Daisy en el asilo donde se crió, y juntos pasarán largas horas escuchando cuentos de boca de su madre y la abuela de la niña. Resulta sorprendente que la pequeña pase por alto la aparente ancianidad de su compañero de juegos, como si fuera capaz de leer en su interior, de mirar más allá de las apariencias externas. “Eres raro”, le confiesa, pero jamás se apartará de su lado.
Cuando Benjamin y Daisy se vuelvan a encontrar, tras el regreso de éste del largo viaje a bordo del Chelsea, ella será una famosa bailarina de danza que ha rehecho su vida en un ambiente liberal, muy parecido al que frecuenta Jenny cuando Forrest se reencuentra con ella siendo ya un héroe nacional. En ambos casos, nuestros protas deciden dejar el romance para la próxima vez, cuando sus respectivas amadas decidan retomar la senda de lo políticamente correcto.
Es sabido por todos que Forrest, tras vivir una etapa maravillosa al lado de Jenny, que finaliza cuando ésta decide abandonarlo a la mañana siguiente de haber mantenido por primera vez relaciones sexuales, inicia la espectacular proeza de recorrer corriendo el país. Hasta que un día decide dejar de hacerlo y recibe una carta de su amada pidiéndole que la visite. Una vez en su casa, Jenny le da la sorprendente noticia de que ha tenido un bebé y que él es el padre.
Una revelación similar experimenta Benjamin Button con Daisy tiempo después de iniciar una envidiable relación tras la rehabilitación de la joven, que se había visto obligada a abandonar la danza por una lesión de rodilla. Benjamin recibe la noticia con recelo, a sabiendas de que, dada su anormal progresión en el tiempo, no podrá ser un padre normal para su hijo, sino algo así como un compañero de juegos. Como no es eso lo que él quiere para Daisy y el niño, un buen día decide marcharse y permitir que tengan la vida normal que a él le ha sido negada.
Por último, algo sobrevuela el film durante todo el metraje. Ese algo es una pluma blanca en ‘Forrest Gump‘ y un pequeño gorrión en ‘El curioso caso de Benjamin Button‘. Ambos aparecen calculadamente en lugares donde las leyes físicas de la vida real hacen difícil su presencia, pero las leyes no escritas del guión de cine la hacen imprescindible. Su aparición marca momentos clave de la trama y representa de algún modo los efectos arbitrarios del destino y de lo imprevisible en la vida de los protagonistas.














Comment por Elena el 20 de Febrero de 2009:
Pues yo hacía mucho tiempo que no tenia tantas ganas de ver una peli, y ni fu ni fa.
Me parece una idea genial, mal aprovechada. No sabes qué rabia me dio! :=)
Comment por José Manuel el 20 de Febrero de 2009:
Otra similitud: me parece que en Forrest Gump también sonaba el “Twist and Shout” de The Beatles. O, si no, a mí me parece que es la canción típica/tópica que ponen en cualquier sitio para describir esa época (¿Pude oirla también en Los Simpson?).
De todos modos, si no leo que el guionista es el mismo, ni me doy cuenta. Me dan igual las similitudes, no le veo mucha importancia para mí.
Comment por Lorena el 27 de Marzo de 2009:
Y el cine se hizo relato de aventuras…
Precioso artículo!
Notificacion por Las películas más taquilleras del año 2009 : Tinta Digital el 06 de Febrero de 2010:
[...] ‘El curioso caso de Benjamin Button’ (12.168.447,25 € ): extensa, pero con una dirección fotográfica excelente. No llega a ser demasiado buena aunque siempre te quedas con algo. [...]