Los paquetes informáticos adquieren el don de la ubicuidad
Todo el mundo ha manejado el Office alguna vez y la mayor parte de los usuarios que teclean un texto y lo guardan en su ordenador lo hacen con la extensión .doc (o cualquiera de sus derivadas) asumiendo que de esa forma cualquier persona podrá abrirlo sin problemas.
Un currículo para cualquier puesto administrativo en el que no se haga referencia al paquete ofimático de Microsoft tiene pocas opciones de ser leído dos veces en recursos humanos y cuando un adolescente consigue convencer a sus padres de que necesita un ordenador para hacer los trabajos de clase, el primer programa que debe abrir para darles muestras de que han hecho bien es el Word o el Excel: el Messenger sólo se pone cuando los padres ya no miran.
Al igual que ocurre con los navegadores o los sistemas operativos, durante mucho tiempo, tanto el procesador de textos como la hoja de cálculo de Microsoft han mantenido un considerable liderazgo en las oficinas y escritorios de todo el mundo, cumpliendo así una de las señas de identidad de la compañía que fundó Bill Gates: ser el estándar. Sin embargo, desde hace un tiempo el Office compite con otro tipo de herramientas: las aplicaciones ofimáticas on line, que si bien no tienen su potencia, sí que sirven como alternativa a quienes se ven obligados a escribir en varios ordenadores a lo largo del día (amén de ser gratuitas).
Google, por ejemplo, ha desarrollado herramientas gratuitas de cálculo, creación de presentaciones y edición de textos on line bajo el nombre de Google Docs. Es una suite muy sencilla, por lo que no se acerca ni de lejos a todas las opciones que dan el Office o el Lotus (este último como software de pago, por lo que escapa al ámbito de este artículo), pero viene muy bien cuando quieres asegurarte de que, para terminar una tarea, no necesitarás que el próximo ordenador que toques tenga la misma versión del Word o del Excel que el tuyo, ya que los archivos quedan almacenados en servidores externos accesibles desde cualquier ordenador con conexión a internet (relativamente a salvo, también, de virus).
Otra opción menos conocida, pese a ser mucho más completa, es Zoho: una paquete on line orientado al trabajo en grupo que hace bastantes guiños a las empresas, a las que pretende ofrecerse como alternativa al software tradicional. Además de las clásicas aplicaciones, Zoho tiene algunas más singulares, como Meeting (que permite sincronizar diferentes equipos para compartir un escritorio entre varias personas, como si estuviesen ante un solo ordenador) o su gestor de wikis.
¿El problema? Que tanto Docs como Zoho o Thinkfree (una tercera alternativa on line) dependen de la conexión a internet y como ésta falle puedes encontrarte con la desagradable sorpresa de que tu trabajo se haya ido al garete o de que no puedas conectarte para reanudar tu trabajo. Por ello, sigue siendo recomendable tener a mano un programa ofimático offlice si quieres asegurarte de tener una copia de seguridad disponible en algún lado.
No obstante, quienes sencillamente le tengan manía a los productos de Microsoft y lo que quieran sea una alternativa ‘de toda la vida’ que sólo requiera conectarse a internet para descargarla, afortunadamente existe el Open Office: una suite gratuita desarrollada por Sun Microsystems que, además de ser casi tan completa como el propio Office, es totalmente compatible con ella, además de contar con una interfaz muy similar.













