Malevaje – ‘No me quieras tanto, quiéreme mejor’
Este año, el grupo Malevaje cumple 25 años y es un pretexto muy bueno para escuchar los 12 álbumes que componen su discografía y, más concretamente, el último, editado en febrero de 2008 titulado ‘No me quieras tanto, quiéreme mejor‘. Antonio Bartrina lleva al frente de Malevaje desde 1984, desde que lo formó junto a Ramón Godes, Edi Clavo y Fernando Gilabert (el único de los tres que permanece).
Estábamos en plena movida madrileña y supieron abrirse paso entre siniestros, punkis, nuevaoleros y demás tribus musicales que proliferaron en aquella época. Lo hicieron tratando al tango con mucho mimo, con una delicadeza y con una pasión que se contagiaba en cada tema que interpretaban, con esa pizca chulesca tan característica de Bartrina & company, tanto en sus discos como en directo. En los también siniestros locales del Madrid de 1986, como El Salero, conocieron al compositor argentino Osvaldo Larrea, que en paz descansa y que introdujo la ortodoxia al grupo, sin que éste abandonara la influencia del rock y el pop que predominaban a finales de los ‘70. Muchos nos preguntábamos, aunque nos encantaba, qué pintaba el tango en el ambiente ochentero de Madrid. La respuesta certera y convincente del cantante es ésta: “Madrid es una ciudad bastante tanguera. Aquí hay también mucha chulería. El malevo argentino tiene mucho que ver con el chulapo madrileño, incluso en la indumentaria. El tango tiene raíces españolas evidentes mezcladas con toques africanos, italianos y ritmos autóctonos. El bochinche del Río de la Plata era un conglomerado de todas partes”. En 1990, el pibe Osvaldo, el bandoneista porteño del grupo, a quién Bartrina, con la letra, y Ariel Hernández, en la parte musical, dedican una canción de ‘No me quieras tanto … ‘, regresó al otro lado del charco y fue sustituido por Jorge Orlando Lema.
NO ME QUIERAS TANTO
‘No me quieras tanto, quiéreme mejor‘ es un disco que, como dice Germán Pose en su introducción, huele a plomo y a rosas. Es un homenaje al tiempo que pasa y a los malevos de lustre, con sus latidos afilados. Es un homenaje al desamor (’Sosiego‘ y la misma ‘No me quieras tanto‘). También hay dedicatorias a los héroes, a los viejos amigos como el futbolista Alfredo Di Stéfano (’Gracias viejo‘) o el compañero Larrea (’Pibe Osvaldo‘). Sin olvidar el recuerdo a los inevitables vicios: ‘Balmo bar‘, acerca de un bar madrileño; o ‘Milonga del fumador‘. Y, como no (¡qué serían Bartrina, Malevaje y el tango sin ellas!), las canciones dedicadas a la mujer (’Coplera’) y a la farra (’Cierra ese piano y vámonos‘).
A destacar los temas que acarician la melodía tanquera, con la voz desgarrada y tormentosa de Bartrina, como en ‘Tempestad‘, con un estribillo pegadizo y una letra que estremece: “Hombres que manejan la conciencia y la moral / Locos que asesinan como cosa natural / Ruinas asoladas de este mundo / me producen un dolor profundo…”.
Además, hay cuatro temas clásicos: ‘Niebla del riachuelo‘ (Cadícamo y Cobián), ‘Afiches‘ (Expósito y Stampone), ‘Como abrazado a un rencor‘ (Podestá y Rossi) y ‘El último café‘ (Castillo y Stamponi). Es, junto a la magnífica portada de Javier de Juan, la guinda a un trabajo excepcional.
La música de bandoneón, guitarra y contrabajo, resuenan en el viejo teatro, y Germán Pose finaliza su introducción: “… la orquesta ataca el primer tango. No me quieras, tanto, quiéreme mejor. Huele a plomo y a rosas cuando Bartrina empieza a cantar”.
Malevaje, No me quieras tanto, quiéreme mejor
Siete notas, 2008













