Los ultras se quedan sin butaca
La violencia sacude nuestras vidas a diario. Los medios de comunicación cuentan con demasiada frecuencia noticias sobre agresiones y palizas en diversos ambientes, incluido también el deportivo.
Los ultras son los miembros de grupos violentos que se escudan detrás de un equipo de fútbol para cometer delitos. La peor amenaza se encuentra en las gradas de los estadios. En muchas ocasiones, los propios clubes miran hacia otro lado para no tener que luchar contra esa lacra que acongoja al mundo del deporte.
La última de los violentos
Un equipo de fútbol integrado por socios de esta peña protagonizó el último episodio de violencia dentro de un terreno de juego. Partido de la Tercera Regional Catalana entre el Rosario Central, integrado por jugadores argentinos, y el Bada Bing, repleto de Boixos Nois.
En el minuto 20, después de que los futbolistas sudamericanos hubieran sufrido multitud de patadas en lances del juego, los radicales decidieron acabar el choque. Comenzaron a golpear violentamente a todos los jugadores argentinos sin mediar palabra.
Mientras, en la grada, un grupo de aficionados se marchaban a sus coches. No se iban a casa sino a coger bates de béisbol para infligir una mayor paliza a los indefensos integrantes del Rosario Central. Paliza sin control que acabó con varios jugadores en el hospital con graves lesiones.
El proyecto de Laporta
Los hechos han tenido lugar tiempo después de que Joan Laporta, presidente del FC Barcelona, marcara la línea a seguir desde el primer día de su mandato: inflexibilidad con los radicales. Ni viajes subvencionados ni tratos de favor. A los violentos hay que tratarlos como tales.
Y es que el Camp Nou se había convertido en la sede de los Boixos Nois en épocas pretéritas. Los integrantes de esta peña tenían un almacén en el que podían guardar sus artículos de animación… pero también otros que nada tenían que ver con el deporte, como puños americanos o bates de béisbol.
El presidente barcelonista emprendió una dura batalla contra los radicales. Abrió expedientes, expulsó a socios y cuidó cualquier detalle para que nadie desde el seno del club siguiera dándoles un trato de favor. Los radicales no tenían hueco en el Camp Nou.
Un mal de muchos
Pero no fue todo tan fácil. Estas medidas le costaron a Laporta varios sustos que le llevaron a abandonar su hogar y mudarse ante las amenazas que recibieron él y su familia. Pero Laporta siguió firme. Por desgracia, después de varios años de lucha, los Boixos Nois han vuelto a estar de actualidad.
Pero este problema no sólo se encuentra en la Ciudad Condal. Real Madrid, Valencia, Atlético de Madrid, Sevilla o Espanyol son otros equipos de Primera División que sufren las amenazas y los actos delictivos de estos supuestos aficionados.
Aunque el control cada vez es más exhaustivo, la paliza sufrida por los jugadores del Rosario Central de la Tercera Regional Catalana debe poner en alerta a las autoridades para atajar cuanto antes esta enfermedad que mata poco a poco el mundo del deporte.
Los éxitos de la lucha
Aunque no todo son malas noticias. La policía, con su amplio dispositivo de seguridad, consiguió que el encuentro de Copa del Rey de la semana pasada entre el Espanyol y el Barcelona fuera noticia por lo que ocurrió en el campo y no entre las aficiones. No hubo altercados ni peleas entre las hinchadas y eso, vistos los precedentes, es un gran triunfo del deporte.
Los ultras no deben tener sitio en el deporte. Tolerancia cero con los radicales.













