El alto el fuego más frágil
En 22 días han muerto más de 1.300 personas en la Franja de Gaza. Según las partes, 1.300 muertos los suman los palestinos (que afirman que un tercio de ellos son niños), y 13 son israelíes (tres de ellos civiles, según el Ejecutivo hebreo). Siempre resulta complicado saber cuántos palestinos son civiles teniendo en cuenta que en una ínfima zona geográfica conviven más de un millón de personas, muchas de ellas emparentadas, y no siempre claramente diferenciadas de los militantes auténticos de Hamás.
Las tropas israelíes han comenzado a retirarse lentamente, pero sin fijar ningún tipo de calendario. Lo máximo que ha acertado a decir Olmert es que la retirada se completará “lo antes posible”, un mensaje tan poco concreto como el que lanzó al empezar la intervención, cuando anunció una operación “larga”.
60 muertos al día
Los ataques comenzaron, según el Ejecutivo israelí, como respuesta al lanzamiento de cohetes desde la Franja de Gaza a manos de militantes de Hamás. El objetivo era, tal y como recuerda Amir Oren en un artículo en el diario israelí Haaretz, “capturar a cientos de dirigentes de Hamás” y “liberar al soldado Gilad Shalit“, que fue capturado por los palestinos hace dos años y medio. Hasta el momento, ninguno de los objetivos se ha cumplido.
Durante estos 22 días se cerraron los pocos pasos fronterizos que quedaban abiertos, se lanzaron bombas de racimo, se disparó contra buques de ONGs que querían hacer llegar ayuda humanitaria a la zona y, finalmente, se inició la invasión terrestre. Incluso fueron atacadas instalaciones de la ONU. Ahora Ehud Barak, ministro de Defensa israelí decreta un alto el fuego unilateral, al que Hamás ha respondido con otro y un plazo de una semana de tiempo.
En este tiempo, Israel ha seguido sumando antipatías en muchas sociedades occidentales, aunque los líderes políticos han optado por un mensaje neutro: tan condenable es el lanzamiento de cohetes de Hamás como la respuesta desmedida de Israel, han venido a decir todos.
¿Por qué atacar en este momento?
Pero ¿eran los que el Gobierno dijo los objetivos reales de la incursión israelí en la Franja de Gaza? Hay dos circunstancias que hacen pensar que detrás de la operación israelí hay una conveniencia temporal.
- El inicio viene marcado por la proximidad de las elecciones, que se celebrarán a mediados de febrero. Tras la salida de Ehud Olmert, que tuvo que dimitir por un escándalo de corrupción, su compañera de partido y actual ministra de Asuntos Exteriores intenta sucederle en el cargo. La mejor forma para conseguirlo, frente al ultraderechista Likud, es retomar la tensión con Hamás y mostrar una política exterior firme que, de paso, ayude a borrar el recuerdo de la fracasada invasión a Líbano de hace ahora dos años y medio.
- El final viene dado por la investidura de Barack Obama. El nuevo presidente de EEUU se ha mantenido al margen del asunto. No ha querido opinar, según los expertos, porque Estados Unidos “tiene un presidente, no dos”. Que Israel termine la operación militar sin haber cumplido los objetivos marcados y, según las cifras dadas por las partes, habiendo causado un considerable número de víctimas civiles, podría no ser casual. Hay quien espera de Obama un cambio en la orientación de la política exterior estadounidense, especialmente en lo que respecta a Oriente Próximo. No obstante, siendo que durante la campaña electoral buscó la aprobación del importantísimo lobby judío en el país, podría tratarse únicamente de falsas expectativas en la comunidad internacional.
Parálisis internacional
Las únicas voces que se han alzado ha sido la de la ONU, a la que pocos han prestado atención, y la de Rania, la reina de Jordania (con quien mantiene muy buena relación la Casa Real española). La monarca ha participado en la elaboración de un vídeo para la Agencia de Refugiados Palestinos de la ONU que lleva el título de “Infierno en la Tierra”. La posibilidad de que el mensaje de la Casa Real jordana haga despertar las conciencias del mundo árabe no son muy remotas, dada la buena imagen de Rania. Por lo pronto, Hezbollah ya ha llamado a una nueva intifada desde el sur de Líbano, desde donde ha reanundado el lanzamiento de cohetes.
Nuevamente, la comunidad internacional no ha sabido reaccionar. Sin entrar a valorar si el ataque era justo o no, proporcionado o desproporcionado, ningún país ni institución internacional han tenido la valentía suficiente para tratar el problema frontalmente. Todo se ha quedado en peticiones de alto el fuego sin más.
¿Para qué sirven instituciones supranacionales como la ONU cuando no son capaces de intervenir en conflictos así? No es la primera vez que una organización así fracasa en su empeño… y tampoco es la primera vez que una guerra mundial se desata ante los ojos de medio mundo sin que nadie se atreva a intervenir.













