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Francisco Javier Puchades nació en Valencia hace 26 años. En 2005 se licenció en Periodismo por la Universidad Cardenal Herrera - CEU, la misma universidad en la que en 2008 ha obtenido la licenciatura en Publicidad y Relaciones Públicas.

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Dakar: cuando el desierto se hace humano

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Cuando el año pasado una amenaza de Al Qaeda obligó a suspender el Dakar nadie dudó de su regreso. En la salida de Lisboa se vieron lágrimas y muchos lamentos, pero no hubo desesperanza. Ni siquiera el odio despiadado del terrorismo es capaz de vencer el espíritu de una carrera que durante tres décadas ha forjado su leyenda a base de superar momentos delicados.

Casi como una serpiente que se escurre entre las rocas, el Dakar salió del pozo negro para mirar hacia América del Sur, donde el sábado tomó la salida desde Buenos Aires. No es la primera vez, ni será la última, que el Dakar modifica su trazado para superar confllictos políticos. Durante años salió de París, aunque posteriormente ha coqueteado con otras ciudades como Granada, Lisboa o Barcelona.

Es precisamente este espíritu de superación, aquel que permite salir de las crisis para volverse más fuerte, el que otorga al Dakar el placer de ser una las carreras más bellas y humanas del mundo. El Dakar es leyenda desde el mismo día de su creación. Sólo así se explica la historia de su nacimiento en 1977, cuando el piloto francés Thierry Sabine se perdió en el desierto del Teneré durante una etapa del rally Costa de Marfil-Costa Azul.

Cuando la organización lo encontró tras dos días de búsqueda, Sabine ya había decidido cómo plasmaría su experiencia agónica en el más competitivo de los rallies. Casi dos años después, en 1978, el primer Dakar se puso en marcha desde la plaza de Trocadero, en París. Sabine culminaba de esta manera un sueño que más tarde pagaría con la vida. Murió en 1986 en un accidente de helicóptero mientras supervisaba la carrera. Sus cenizas siguen esparcidas en el desierto del Teneré, allí donde un día vio la luz su carrera más amada.

Famosos en el desierto

Junto a Sabine descansan más de medio centenar de personas que han perdido la vida a lo largo de las tres décadas de historia del rally. Sin embargo, su leyenda también se ha ido forjando a golpe de episodios heróicos de supervivencia. En 1982, el hijo de la que fuera primera ministra britànica, Margaret Thatcher, Mark, pasó cuatro días perdido en el desierto del Sáhara. Tres países participaron en su búsqueda en un despliege militar sin precedentes.

No es el único habitante de las altas esferas que un día se sintió atraído por la magia del desierto. En 1985, Carolina de Mónaco y su entonces marido, Stéfano Casiraghi, tuvieron que abandonar la prueba tras sufrir un accidente con el camión en el que viajaban junto a Gian Paolo Arcangiolo.

La venganza de Kleinschmidt

El romanticismo también se ha colado en la carrera de la forma más sonada y extravagante posible. En 2001, la alemana Jutta Kleinschmidt se convirtió en la primera mujer ganadora del Dakar. Quedó por delante de todos los hombres, pero su figura se hizo más grande cuando el cupido más caprichoso quiso que entre ellos se encontrase su ex pareja, con la que no mantenía precisamente una buena relación. Jean Louis Schlesser fue segundo en aquella edición por detrás de Kleinschmidt, que le adelantó en la penúltima jornada del rally.

Son los protagonistas de una carrera humana construida a base de historias personales. La última la está escribiendo en estos momentos el piloto español Isidre Esteve. Un accidente de moto en el Rally de Almería de 2007 lo dejó en silla de ruedas. Desafiando muchos diagnósticos médicos, Esteve prometió que volvería y así ha sido. El sábado tomó la salida en Buenos Aires al volante de un Ssang Yong adaptado a su discapacidad. Historias como la suya son las que fortalecen cada año la leyenda del rally más duro del mundo.

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