Nuestros medallistas africanos
Viendo la clasificación final nadie diría que se trataba del Europeo de cross. Lo del domingo en Bruselas más bien parecía el Mundial, al menos por la procedencia de los vencedores. Cinco de los siete primeros eran de origen africano, a pesar de competir por Suecia, Gran Bretaña o España. La presencia de atletas nacionalizados en las selecciones nacionales no es nueva, aunque cada vez se da con más fuerza.
Europa siempre ha buscado el talento extranjero en aquellas disciplinas en las que no era competitiva al 100%. En Bruselas, España se ha proclamado campeona de Europa de cross con la participación clave de dos atletas africanos nacionalizados. Ha sido gracias al cuarto puesto del marroquí Ayad Lamdassen y a la séptima plaza lograda por el etíope Alemayehu Bezabeh. A los dos los delataba el color de su piel, pero también ese talento innato a la hora de competir que los hace estar un escalón por encima de los europeos en la mayoría de pruebas.
En el caso del etíope, su historia personal encierra un argumento sorprendente. Bezabeh llegó a España hace cuatro años. Aterrizó con visado de turista, pero venía dispuesto a quedarse para convertirse en atleta profesional. Durmió en la calle y se acostumbró a comer en los comedores sociales de Madrid, hasta que alguien descubrió su talento.
El 4 de julio de 2008, un mes antes de los Juegos Olímpicos, consiguió la nacionalidad española. En Pekín alcanzó un meritorio undécimo puesto en la prueba de los 5.000. Su historia podría ser similar a la de muchos inmigrantes que llegan a España en busca de papeles, pero tiene un componente que la hace diferente. Bezabeh es deportista de elite y eso le ha facilitado mucho las cosas.
Más fácil para los deportistas
España es un país de puertas abiertas para los deportistas extranjeros. Lo es en todos los sentidos, comenzando por la acogida de los foráneos. El Consejo Superior de Deportes tiena la potestad para otorgar licencias provisionales a los deportistas extranjeros hasta que obtengan la autorización de residencia y trabajo en España.
Una vez aquí, la opción para muchos atletas es la nacionalización. Lo permite la legislación siempre que se acredite un determinado tiempo de residencia legal que varía en función del país de origen. El proceso de tramitación burocrática se alarga hasta dos años, pero el deportista cuenta con la ventaja del respaldo de la federación y el club al que representa.
Por esta vía han jurado la Constitución la mayoría de futbolistas de la Liga que cuentan con la doble nacionalidad. En algunos casos, con resoluciones sorprendentemente rápidas como las del barcelonista Leo Messi.
Competir por 2 países diferentes
Otras como la nadadora Nina Zhivanevskaia o la saltadora Niurka Moltalvo, las dos ya retiradas, consiguieron la nacionalización por la vía del matrimonio. No es extraño encontrarse con atletas que han competido en los Juegos Olímpicos defendiendo a dos países distintos. Jackson Quiñónez fue olímpico por Ecuador en Atenas’04. Cuatro años después, en Pekín, ha corrido los 110 vallas con la selección española.
22 de los casi 300 deportistas que componían la delegación española en Pekín eran nacionalizados. La mayoría supone un revulsivo para competir por medallas en aquellas disciplinas huérfanas de talentos nacionales. Quizá el ejemplo más claro sea el de He Zhi Wen, el mejor jugador español de tenis de mesa. Lleva 18 años en España y fue uno de nuestros representantes en Pekín, donde no pasó de segunda ronda.













