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Javier L. Sicchar nació en Lima (Perú) el 29 de agosto de 1976. Estudió Bibliotecología y Ciencias de la Información en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, por cosas que hasta ahora no logra entender. Finalizada la carrera, estudió una maestría en Literatura Peruana y Latinoamericana y terminó una segunda especialidad en Periodismo. Actualmente, colabora para el semanario Iquitos al día y trabaja como responsable del centro de recursos educativos de un colegio en la capital de Perú.

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Literatura latinoamericana después de la literatura latinoamericana

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La literatura latinoamericana, la que se hizo conocer en otros ámbitos, que no son necesariamente los locales, fue abanderada a comienzos de la década de los ‘60, por escritores que sorprendieron por su temática, el uso de técnicas narrativas y una posición ideológica progresista. Sobre todo, que criticaba la tendencia dictatorial que pululaba durante esos años los países de América Latina.

Entre los principales representantes de esa entonces nueva camada de escritores, destacaron: Gabriel García Márquez (Colombia), Mario Vargas Llosa (Perú), Julio Cortazar (Argentina), José Donoso (Chile), Carlos Fuentes (México), entre otros. El más reconocido, no por eso el mejor, es sin lugar a dudas: Gabriel García Márquez por su novela ‘Cien años de soledad‘ y el premio Nóbel que ganara en el año 1982. A este grupo de escritores se les conoció como parte del Boom de la literatura latinoamericana“.

Durante muchos años, el “Boom” marcaba la pauta de la literatura en esa parte del continente, cualquiera que escribiera de otra manera sería considerado marginal, en ese sentido, el modelo que hizo conocido al escritor colombiano García Márquez, el realismo-mágico, pareció establecer la valla a la que muchos escritores de la época quisieron llegar e imitar.

La mayoría fracasó, ya se sabe que nada es mejor que el original. Sin embargo, escritores como Andrés Caicedo, injustamente postergado, y desde mi punto de vista uno de los pioneros que comenzaban a tomar distancia con el realismo-mágico, no terminaban de salir de su entorno. Para los consumidores: críticos, lectores, estudiosos… aquellos que no se compenetraban con esta tendencia eran considerados cualquier cosa, para ellos si en la obra no se encontraba a mujeres que volaran u hombres con sexos descomunales y que vivían demasiado tiempo, no era considerada literatura latinoamericana.

Lo mismo sucedió al querer establecer una nueva forma de narrar, distinta por ejemplo a la que usa hasta hoy Mario Vargas Llosa. Eran separados de esa especie de parnaso que hasta hace unos años estaba reservado para los escritores mencionados anteriormente.

Los otros

Escritores como Manuel Puig, desdeñado al comienzo, o el cubano Reinaldo Arenas, han sido de alguna manera los que marcaron distancia con el “Boom” (entiéndase que no fue un rechazo, sino una búsqueda hacia otros temas o una nueva forma de narrar, de contar algo). Muy pronto las ideologías fueron dejándose de lado para escribir sobre otras cosas.

En la actualidad la literatura latinoamericana marca una ruptura estética y de compromiso con el “Boom” sin que ello signifique que estos no admiren a sus antecesores, considerándolos incluso, como sus padres literarios, que influyeron de manera rotunda en su obra. Hablo de escritores como: Alberto Fuguet (Chile), Edmundo Paz Soldán (Bolivia), Rodrigo Fresán (Argentina), Jorge Volpi (México), entre otros.

Estos escritores con lo que toman distancia es con el mentado realismo-mágico,  para ellos Latinoamérica no sólo es un pueblo al sur de Estados Unidos, tal como lo afirmaba en una de sus canciones el grupo de rock chile  Los Prisioneros. Estos escritores toman conciencia de que en las ciudades latinoamericanas, hace tiempo que se erigen edificios, la gente compra comida envasada en los supermercados o consumen comida rápida en el Mc Donalds a cualquier hora del día, se visten siguiendo parámetros de la moda de otros países. En suma Latinoamérica había dejado de ser ese rincón paradisíaco de mariposas amarillas y barcos bananeros con que encandiló García Márquez. Las cosas habían cambiado, la gente viajaba en aviones y escuchaban música en sus walkman (antes de los Ipods), en conclusión, Latinoamérica estaba inmersa en el fenómeno de la globalización.

Una de las características de esta nueva literatura urbana latinoamericana es no tomar una postura definida en torno a si la globalización nos afecta o no. Los nuevos representantes de la literatura latinoamericana son sobre todo observadores privilegiados de un cambio urbanístico y social, que se refleja en las costumbres y valores de el nuevo espacio en que se encuentran inmersos ellos. No hay apego por lo nacional, las historias pueden desarrollarse tanto en su país como en otras latitudes. Cabe destacar que muchos de ellos además de escribir ficciones, escriben en diarios, revistas y son bloggers, ya sean crónicas o artículos que tienen que ver con el quehacer cultural, popular y literario.

Sobre sus libros

Un libro capital, creo yo, es la antología hecha por los escritores chilenos: Alberto Fuguet y Sergio Gomez titulada  McOndo (Mondadori, 1996), en obvias referencias al mítico pueblo descrito en la novela  ‘Cien años de soledad’ de Gabriel García Márquez, Macondo. El juego de palabras de por sí ya establece una ruptura, una posición crítica hacia ese tipo de literatura. Quizás lo más perdurable de este libro haya sido el prólogo, sin embargo, sirvió para dar a conocer a muchos escritores que hasta entonces andaban postergados o simplemente no eran tomados en cuenta.

Alberto Fuguet, por ejemplo, con varias novelas en su haber, pero principalmente con,Mala Onda’ (Alfaguara, 1991) y Por favor, rebobinar’ (Alfaguara, 1998). Nos detallan situaciones descarnadas que suceden en estos nuevos tiempos, el uso de las drogas, el alcohol y la mecanización del sexo, son producto de la sobre exposición de estos por los medios de comunicación. Los mismos que influyen de manera directa en las relaciones interpersonales de sus personajes, la apatía de los personajes esta sumergida en esa falta de iniciativa, producto del descalabro de las ideologías. Ya sea porque se desgastaron después de la dictadura y no generaron lo que se esperaba de éstas o porque son consumidos por una sociedad mucho más individualista, imbuidos en temas más singulares que plurales.

Edmundo Paz Soldán ganó el premio Juan Rulfo con su cuento ‘Dochera’. (Pueden leer el cuento completo desde aquí). Es quizás de los primeros escritores bolivianos que decide escribir sobre otras cosas, se aleja de la tradición para proponer otra vía, insertarse en lo que podemos llamar modernidad. Paz Soldán deja el tema de las minas y el campo para establecer su nicho en la ciudad. Libros con tendencia de novela negra (sin serlo de todo) como es el caso de ‘Río Fugitivo’ (Alfaguara, 1998). La postura de esta obra es la del protagonista y su relación de amor y odio con Bolivia, tras los ojos de un adolescente de clase acomodada que intenta comprender sus propios cambios dentro de los que suceden en su país. Otras novelas suyas como: ‘Sueños digitales’ (Alfaguara, 2000) o ‘El delirio del Turing’ (Alfaguara, 2005) tienen que ver con el uso y abuso de las nuevas tecnologías de la información, en ese caso el mismo escritor en una entrevista hecha por el Semanario Universidad de Costa Rica afirma que uno de los temas que le interesa en ese contexto es: “el choque entre las fuerzas de la modernidad y la resistencia; ese encuentro entre lo moderno y la tradición, lo global y lo local. En general en Latinoamérica es un tema que se ha narrado a partir de las fuerzas de resistencia”.

Rodrigo Fresán es otro representante de esta generación, novelas como los ‘Jardines de Kensington’ (Mondadori, 2003) en la que resalta, sobre todo, la digresión como parte de su técnica narrativa, como la retahíla de íconos del rock y el pop, tanto a nivel musical como cultural, los mismos que le dan a este libro un halo trasgresor y que tiene mucho que ver con lo hemos estado exponiendo. Así por ejemplo, transcurren por la obra cineastas como: Stanley Kubrick o Fellini, artistas o músicos como Andy Warhol o Lou Red, entre los más destacados. Nuevamente nos vemos inmersos en la subjetividad del escritor que es su punto de partida para entender lo demás.

Jorge Volpi, es uno de los representantes de lo se denominó la “Generación crack“, que unió a un grupo de escritores mexicanos menores de 40 años y cuyo manifiesto fue rechazar la imitación de lo que hasta ese momento representaba la literatura mexicana, es decir: Juan Rulfo, Carlos Fuentes… En esto tienen una relación directa con los anteriormente mencionados, refutar el realismo-mágico.

Como Paz Soldán fue criticado por olvidarse de los temas mexicanos, incluso el crítico mexicano José Felipe Coria en un artículo recogido por el diario el País en la sección cultura, publicado el 19 de abril del año 2000, dijo: “Ya no notamos que sea un novelista mexicano que le está hablando al público mexicano, muchos de los temas son como una nostalgia del ser europeo. Su forma de concebir la novela no es como una experiencia personal, sino como una opción sin pasado. Les importa más la técnica literaria que llegar a impactar o tratar de encontrar una voz personal. Lo grave es la impersonalidad con que se puede llegar a escribir. Su obra pudo haber sido creada en Europa, Suramérica o cualquier parte”. Entre lo más representativo de Volpi, encontramos su novela, ‘En busca de Klingsor’ (Seix Barral, 1999), que trata sobre el compromiso moral del científico, el mismo que se desarrolla en la Alemania nazi cuando intentan encontrar la fórmula de la bomba atómica. Klingsor es el nombre de un oscuro mito germánico, que parece extraviarse ya que nadie lo encuentra, sin saber que era el nombre clave del asesor científico de Hitler.

Finalmente no se puede determinar que esta nueva generación de escritores latinoamericanos esté formando parte de un fenómeno literario tal como lo fue en su momento el “Boom”. Además de que ellos mismos no son partidarios de ese tipo de clasificaciones. Responden a una necesidad de cambio, sin expresar una postura ideológica propiamente dicha. Ideal que persiguieron de alguna manera los representantes del “Boom”. Son historias más personales que buscan explicar inquietudes, alejándose un poco de la idea de totalidad,  otro de los referentes literarios de sus predecesores.

Características principales:

  • Rechazan los clichés.
  • Cultura de masas.
  • Uso de las tecnologías de la comunicación y la información en su narrativa.
  • Rechazan cualquier tipo de nacionalismo.
  • Cosmopolitas.
  • No persiguen ideologías preestablecidas.
  • No hay un orden, el mundo narrativo de estos escritores se caracteriza, por una especie de caos.

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