Esos premios literarios
Hay premios que causan polémicas y premios que evidencian un objetivo mediático, antes que un propósito exclusivamente literario, por ejemplo, el Premio Planeta.
En el 2005 recibieron el Planeta la escritora española María de la Pau Janer por su obra: ‘Pasiones Romanas’, mientras que el peruano Jaime Bayly fue finalista con: ‘Y de repente, un ángel’; esto suscitó las críticas del escritor Juan Marsé miembro del jurado por considerar las obras de poca calidad.
Si bien es cierto que las reseñas o críticas influyen en la aceptación del público lector, es también indiscutible que ganar un premio literario genera curiosidad y repercute de manera positiva en la venta de los libros ganadores. El manejo de la publicidad es muy importante. En ese sentido, el Planeta, por ejemplo, puede darse el lujo de mencionar entre sus anteriores galardonados a escritores de la talla de Mario Vargas Llosa o Camilo José Cela (Premio Nobel de literatura 1992), lo que le da un tipo de respaldo ante cualquier suspicacia que se pueda generar al respecto, sin embargo, también estas polémicas pueden convertirse en publicidad gratuita, pues ayuda a crear expectativas en torno al escritor y su obra.
En el año 2007, Milan Kundera recibió el Premio Nacional de Literatura Checa, ello causó discusión entre los diferentes intelectuales checos, debido a que Kundera había abandonado hacia 32 años su país de origen y decidió publicar sus escritos en idioma francés, lo que excluía, por tal motivo, a lectores checos que no hablaran el idioma galo. Para algunos fue un reconocimiento tardío, para otros un premio inmerecido.
No cabe duda entonces que los premios son apreciaciones subjetivas, algunas veces otorgadas por mayoría simple, por tal motivo, no necesariamente representan una verdad inobjetable, pueden ser referentes que indiquen algo sobre lo que contiene o dice el libro, pero no es en suma algo definitivo.
El Goncourt, por ejemplo, es el más importante de los premios literarios franceses que repercute en el realce de ventas de la obra galardonada, fue otorgado a Pascal Quignard (Verneuil, 1948) por su novela, ‘Les ombres errantes’. El diario El País (2002) publicó en su sección cultura declaraciones de la presidenta del jurado, Edmonde Charles-Roux: “hemos escogido la perfección, sobre todo la del estilo”. Para Jorge Semprún, miembro del mismo jurado: “el libro no es innovador, no abre ninguna vía literaria nueva. Es clásico, previsible y prolijo”.
El nobel y otras perlas
Sin ir muy lejos, este año el Premio Nobel de literatura lo ganó el francés Jean – Marie Gustave Le Clézio, un escritor desconocido para muchos.
Cabe destacar que de alguna manera, parece que los miembros del jurado del Nobel de Literatura suelen avalar un tipo de corriente algo progresista como es el caso de JM. Coetezee o la galardonada del año pasado, Doris Lessing. Asimismo (por el lado latinoamericano), otros laureados como el colombiano Gabriel García Márquez o el fenecido poeta chileno Pablo Neruda que se destacaron por una actitud disidente con respecto a posturas preestablecidas tanto en sus países, como en general en toda Latinoamérica y el mundo.
El Nobel de este año, Le Clézio, un desconocido para muchos, pero no para los que avalan el premio. Es un escritor que publica alejado de los criterios mediáticos. En 1960 cuando sólo tenía 23 años saca a la luz, ‘Le procès verbal’, que la editorial Seix Barral publicó en la colección Formentor con el título de ‘El atestado’. El libro fue recibido bien por la crítica, en lo sucesivo se convertiría en un escritor errante, curiosamente relacionado con México, Panamá y otros países donde la naturaleza y sus voluntades se cruzan también con los caprichos discursivos del hombre.
¿No es acaso el estereotipo ideal?, un disidente, alguien que no se deja llevar por las mayorías, escritores de moda o intelectuales de diarios. Le Clézio ahora tendrá que acostumbrarse al público, a las salas de conferencias con personas ávidas de preguntarle muchas cosas, las fotografías y los comentarios en internet y prensa escrita.
Finalmente lo único cierto es que no a todos les gustó la decisión, muchos siguen esperando que el galardón caiga a manos de los ya conocidos escritores, como el estadounidense Philip Roth, el israelita Amos Oz o el peruano Mario Vargas Llosa, pero si nos atenemos a los criterios establecidos hasta hoy por la academia, mejor nos sentamos a descansar, salvo que me equivoque, no obstante, corren las apuestas.














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