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Javier L. Sicchar nació en Lima (Perú) el 29 de agosto de 1976. Estudió Bibliotecología y Ciencias de la Información en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, por cosas que hasta ahora no logra entender. Finalizada la carrera, estudió una maestría en Literatura Peruana y Latinoamericana y terminó una segunda especialidad en Periodismo. Actualmente, colabora para el semanario Iquitos al día y trabaja como responsable del centro de recursos educativos de un colegio en la capital de Perú.

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Novelas utópicas

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Para aquellos que gustan de la ciencia ficción o son fanáticos de los oráculos, predicciones, el futuro de la humanidad… Para los que se han puesto a pensar sobre la globalización, su influencia positiva y perniciosa, sobre todo, para los países del tercer mundo. Estas novelas se adelantan al tiempo y se proponen describir la posibilidad de un futuro negro, de una sociedad, que estos escritores consideran decadente.

Novelas como: Un mundo feliz’ de Aldous Huxley;1984’ de George Orwell; ‘Fahrenheit 451’ de Ray Bradbury, todas publicadas entre la década del 20 y el 50 del siglo pasado, y La posibilidad de una Isla’ de Michel Houellebecq publicada el 2005. Representan a manera de profecía, el advenimiento de una sociedad que rechazan los vicios de la actualidad. La utopía, en ese sentido, es un pretexto para hablar del propio tiempo (tiempo del autor).

No deja de sorprender, por ejemplo, como Houellebecq a pesar de la diferencia de años con sus antecesores, mantiene el mismo concepto: si Orwell se planteó para el año 1984 una sociedad desarraigada de libertades, ‘La posibilidad de una isla’ ve con pesimismo, miles de años después, personas aisladas que buscan un futuro mejor, entendiendo mejor, como algo superior a la actualidad e incluso, a su propio presente. Las sociedades futuras, en ese sentido, están maniatadas: ya sea en un estado absolutista que condiciona a sus habitantes, como manifiesta Orwell en su novela, o en una negación permanente a la que están supeditados los clones de Houellebecq con respecto a la debilitada sociedad de su primer antecesor.

Sometimiento, poder absoluto, miedo a la muerte, inmortalidad, absolutismo, comodidad, felicidad son temas consecutivos en estas novelas que se sirven de los sueños y fobias de la gente para describir sociedades posibles. Así podemos afirmar entonces, que el término correcto en todo caso para estas obras sería distópicas, que es la negación de la utopía tal como lo plantea Tomás Moro en su novela homónina, lo que sucede, en ese sentido, es que estas sociedades distópicas pasan por un proceso y en ese proceso lo que se busca o presenta al ciudadano común y corriente es la persecusión de una utopía. Es al menos lo que tratan de advertir los autores. En ‘Un mundo feliz’, por ejemplo, las castas sociales se eligen biológicamente, se establecen mecanismos para mantener a la gente feliz, sin preocuparse por otras cosas, salvo para lo que fueron criados y por qué no decirlo, amaestrados. El soma es como una droga que los relaja, los distiende e inserta en el sistema, si es que en algún momento surgen dudas sobre su posición en el mundo. Pero cuando alguien desiste en seguir  a pie juntillas lo que indica el sistema son enviados a una isla para no perturbar el orden preestablecido. Es curioso observar que también en la novela de Houellebecq, los neo-humanos, hombres y mujeres que fueron clonados a través de los años, para alcanzar la vida eterna, buscan acercarse a lo que ellos creen que es la vida real, es decir, la vida que sus antecesores describieron antes de morir.

La posición de la novela de Bradbury en ‘Fahrenheit 451′ es mucho más precisa, el ataque directo gira en torno a los libros, aquí los bomberos tienen la misión de quemar libros, salvaguardar la tranquilidad y felicidad de sus conciudadanos ya que, según su gobierno, leer trae angustia, cuestiona sobre las cosas que se hace, retardando la producción y el avance del sistema.

Los disidentes y el fin de la humanidad

Los disidentes son los personajes principales de cada una de estas obras, Winston, en ‘1984’, es un trabajador que toma conciencia de que su mundo es un engaño, busca en los proles (grupo social aislado, que no preocupan al sistema porque son controlables) la semilla que reivindicará la libertad; Bernard Marx en ‘Un mundo Feliz’ es un Alfa (elite) que es rechazado por su sociedad al no tomar soma y al cuestionarse sobre su futuro; Montag es el bombero de ‘Fahrenheit 451’ (temperatura en la que el papel de los libros arde) que se da cuenta que los libros le acercan a la verdad a la vez que desvelan la falsedad en la que ellos han estado viviendo, al verse perseguido huye al bosque, terminando como un trovador antiguo, errante, contando de memoria a los que deseen escuchar sobre lo que dice cada libro que ha leído; Daniel25 en ‘La posibilidad de una isla’ es el clon de Daniel1 que después de muchos años buscando la perfección y la inmortalidad, decide dejar el lugar donde ha pasado su vida tanto él como todos sus clones que lo antecedieron para convertirse en alguien que pueda escribir su propia historia.

Finalmente estas novelas mantienen su vigencia debido a su posición crítica, nos dan a entender que el fin de la humanidad no llega cuando los seres humanos dejan de existir. El fin de la humanidad llega cuando dejamos de ser individuos capaces de decidir, cuando perdemos la libertad de discernir entre lo bueno y lo malo, de tener conciencia de lo que realmente sucede a nuestro al rededor.

Novelas de película: ciencia ficción

Las novelas utópicas son aquellas que imaginan un mundo posible, para ello hacen uso de la ciencia ficción, para dar como cierto, verosímil, aquello que se desea contar.

Es conocida la relación del cine con la ciencia ficción, éste utiliza las ideas especulativas de la ciencia para plasmarlas en imágenes porque a través de éstas se decide plantear temas, que sustentados en la realidad, pueden sugerir contenidos de corte filosófico o de crítica social.

Todas las novelas referidas en este artículo han sido adaptadas para la pantalla grande:

2 comentarios. »

  1. Serán distópicas, ¿no?

  2. En términos exactos son distópicas, pero la apariencia, la forma como se presentan, establecen criterios de utopía. Hablamos del contexto. Por ejemplo el título de Huxley: Un mundo feliz (es una utopía el mundo feliz), lo sabemos de por sí, la leer la novela. La idea en ese sentido es tomar en cuenta esa falsa utopía. Y en términos genéricos conviene señalar estas novelas como utópicas ya que los terminos distopía y utopía no ofrecen ninguna connotación y denotación de caracter positivo y negativo. La distopía en ese sentido, es una variante de la utopía.

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