‘The Shield’: hostias como panes
Hace poco más o menos un año, Rosa Montero despotricó en su columna de El País contra ‘Dexter’, que acababa de comenzar su emisión en Cuatro. A pesar de la honradez y valentía que hace falta para hablar mal de un producto de su mismo grupo empresarial (hay periodistas de PRISA que han acabado en la calle por hacer lo mismo) daba la poderosa sensación de que Montero no se había enterado de absolutamente nada. La columnista madrileña se quejaba de que la serie sobre el sanguinario forense que se toma la justicia por su mano dulcifica el asesinato y le da una abyecta justificación moral. Qué televisión le estamos dando a nuestros niños, se preguntaba la autora de ‘Instrucciones para salvar el mundo‘ (se llama así, lo juro). Toda esta larga introducción viene al caso porque parece poco probable que Rosa Montero no haya visto ‘The Shield‘
¿Por qué?
Porque habría escrito otra columna de catecismo laico alertando de los peligros de la serie. Y nos atrevemos a aventurar que en términos mucho menos suaves que los de su artículo sobre ‘Dexter‘. ‘The Shield” gira alrededor de la comisaría de uno de los barrios más deprimidos y violentos de Los Ángeles. ¿Qué ocurre? Que la serie es una salvajada se mire por dónde se mire: se criminaliza a los negros, a los hispanos y a los homosexuales. Los policías disparan a matar, se quedan con parte de la droga que decomisan y usan tan a menudo la extorsión y el chantaje como la violencia física más brutal que os podais imaginar. Quemarle la cara en una vitrocerámica a un sospechoso es algo relativamente normal en la rutina de estos policías. Por si hace falta recordarlo, son los buenos; la única excusa para hacer todo esto es que los malos son peores.
Están capitaneados por Vic Mackey, una compacta bola de grasa y músculo, mezcla de un pitbull y Charles Bronson en sus mejores días. En ‘The Shield‘ veremos decenas de veces la siguiente secuencia: Vic de cervezas con los amigos del trabajo, Vic pega una paliza a un integrante de una minoría racial, Vic de cervezas con los amigos del trabajo. Pero Mackey es un padre ejemplar, felizmente casado, que hace barbacoas en el jardín y trincha el pavo el Día de Acción de Gracias. Tierno padre amantísimo en su casa, un loco asesino con placa cuando está de servicio. El hombre que todo varón blanco de la América profunda quiere ser. Y el que produce arcadas al resto de los humanos del planeta. A no ser que…
Qué
Que no seas Rosa Montero y seas lo suficiente maduro/a como para disfrutar de ‘The Shield‘ sin prejuicios. Todos/as sabemos, o deberíamos saber, que matar es malo, que la violencia no lleva a ninguna parte y que los problemas socioeconómicos y de integración no se arreglan a patadas en la cabeza. Que la sociedad funciona porque hay leyes garantistas, que todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario y que los derechos humanos están para cumplirlos. Una vez asimilado esto (la confusión en estos conceptos es lo que hace la serie tan atractiva para los rednecks de Arkansas) ‘The Shield‘ es una obra maestra.
Desde un punto de vista frívolo, es probablemente el mejor espectáculo que se haya visto nunca en televisión. Puñetazos perfectos que suenan a nariz partida, tiroteos caóticos a vida o muerte cada diez minutos, traiciones, giros imposibles de la trama, persecuciones alocadas que acaban como el rosario de la aurora, decisiones fatales, bromas brillantes, descontrol total, momentos de tensión inaguantable, aquí viene la réplica al chiste brillante… No hay una sola secuencia porque sí, un sólo episodio es un empacho de acción de la mejor calidad: ramplona, violenta, espectacular y tan desenfrenada que nunca acabas de enterarte bien de qué está pasando. Como debe ser un producto así, pero mucho mejor. Además ¿en qué otra serie los malos violan al protagonista? En ‘The Shield‘ al menos una vez.
Consciente o inconscientemente, los creadores de la serie han llevado los tópicos y clichés del audiovisual de acción a algo que, meditando sobre ello, tiene más que ver con la Teoría del Caos que con un episodio de ‘24‘. ‘The Shield‘ nos lleva a una dimensión de violencia gratuita tan desproporcionada, a un universo tan falto de lógica donde los personajes están tan condicionados por presiones externas impredecibles, que el resultado es casi una reflexión postmoderna sobre la sociedad de principios de milenio, las relaciones de poder y los límites éticos de la violencia. Y placajes de rugby.
En América lo saben y ya han participado grandes de Hollywood como Forrest Whitaker o Glenn Close. Los dos iban con Obama, no hay peligro de convertirse en un loco asesino como Vic Mackey viéndole apatrullar Los Ángeles. Dadle una oportunidad a ‘The Shield‘.
Pingback por Mis torturadores favoritos (II): Vic Mackey | despiertos el 11 de Noviembre de 2008:
[...] a postear una excelente descripción del personaje que mi compañero Jorge Márquez encontró en tintaditigital.org: Vic Mackey es una compacta bola de grasa y músculo, mezcla de un pitbull y Charles Bronson en sus [...]
Comment por MarcosFJ el 12 de Noviembre de 2008:
Pues sí, es muy buena. Y Dexter también. Pero ya que estamos hablando de series policíacas, recomiendo encarecidamente otra obra maestra de la televisión: The Wire (Bajo Escucha). Su ritmo pausado merece la pena por las sorpresas y diálogos que esconde.