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Carlos Solanillos nació en Carabanchel Bajo en 1985, estudió Periodismo y se fogueó a base de traducir y redactar teletipos. Tras pasarse al lado oscuro, paga sus facturas trabajando en un gabinete de comunicación mientras termina la carrera de Economía. Blog.

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El mundo a vista de pájaro

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Era ruso, pesaba 83 kilos y en 1957 marcó un hito en la carrera espacial que mantenían EEUU y la URSS. Su nombre: Sputnik. Motivo por el que pasó a la historia: ser el primer satélite artificial de la Tierra. 51 años después del lanzamiento de aquel pionero, casi todos los ámbitos de nuestra vida dependen en gran medida de esos artilugios que nos vigilan desde más allá del cielo. La televisión, la telefonía o los sistemas de navegación son sólo algunos de los campos en los que los satélites han tenido un mayor impacto social, pero sólo desde hace unos años el ciudadano de a pie ha tenido acceso (y de qué forma) a un recurso impensable hace unas décadas: las fotografías tomadas por cámaras situadas a más de 36.000 kilómetros de nosotros.

El gran responsable de esta popularización tiene nombre y apellidos: Google Maps. En 2005, la empresa californiana comenzó a incorporar fotografías vía satélite como complemento para las búsquedas locales de sus usuarios, poniendo a disposición de cualquier navegante imágenes con una resolución inaudita (al menos de forma gratuita) hasta entonces. Al poco tiempo, Google amplió su oferta y lanzó Google Earth, una versión gratuita del programa Keyhole que permitía visitar cualquier punto de la Tierra a vista de pájaro.

Como viene siendo habitual, en ambos productos Google se basó en dos pilares: sencillez y gratuidad. El punto fuerte de Google Maps es que tarda poco en cargar y es fácil orientarse en el mapa. Dejando a un lado lo curioso de visitar el mundo, la principal utilidad es poder ubicar cualquier posible destino de forma rápida, con sólo teclear la dirección, y plantear cualquier itinerario para obtener no sólo una ruta, sino también una estimación del tiempo y la distancia necesarios para alcanzar cualquier destino.

La competencia del ciberleviatán no tardó en reaccionar, y tanto Microsoft como Yahoo! pusieron en marcha sendos portales de localización geográfica. No obstante, parecen lejos de hacer sombra a la hegemonía de Google. Maps Yahoo apenas se conoce en Europa, y aunque el retoño de Bill Gates parece estar dispuesto a poner sobre la mesa sus propias propuestas (su sistema Maps Live aporta fotografías aéreas en perspectiva isométrica, algo que permite ubicarse mejor que la visión plana del satélite), el contraataque de Google fue contundente: actualmente, Google Earth ofrece recreaciones en tres dimensiones de los edificios y estructuras más representativos de cada ciudad o paraje, y en Google Maps es posible pasear por las calles sin salir de casa.

Sin embargo, afortunadamente Google no tiene el monopolio de los satélites geográficos y hay servicios para los cuales es recomendable acudir a otras fuentes. De hecho, no hay que irse lejos de casa para encontrar un ejemplo: el SIGPAC. Dependiente del otrora Ministerio de Agricultura, este sistema tiene como fin situar las parcelas agrarias de toda España y conocer su superficie, la calidad de su tierra y sus límites exactos. Afortunadamente, sus programadores añadieron un par de herramientas muy sencillas al tiempo que útiles: un par de punteros que posibilitan medir áreas y distancias entre puntos.

Preparando un viaje

Los viajes por carretera son otro de los campos en los que es aconsejable teclear otras direcciones en nuestro navegador. Dado que en la carretera las referencias geográficas tienen una menor importancia (desde el coche todos los prados son verdes), los satélites pasan a un segundo plano y la adaptación del sistema a nuestras preferencias de conducción ganan peso.

Vía Michelín es uno de los portales más fiables y sencillos para la preparación de itinerarios y facilita, además de horas y distancia, datos de previsión meteorológica, consumo de combustible estimado y gasto total (sumando peajes y carburante). Campsa, por su parte, presume de aportar información sobre las rutas más seguras además de los habituales criterios de proximidad y tiempo. Aunque suele dar más problemas que la página de Michelín, Campsa añade también la situación de radares y gasolineras, lo cual puede ayudar a reducir el coste del viaje.

Finalmente, si lo que deseas no es moverte sobre una ciudad desconocida, sino bajo ella, los mapas elaborados con satélites probablemente no puedan servirte de mucha ayuda. Para estos casos, en UrbanRail encontrarás planos de metro de cualquier ciudad del mundo y las páginas de las redes de transporte urbano de cada ciudad suelen incluir un sistema de búsqueda de itinerario entre puntos de la urbe: el SIT madrileño y el portal TMB de la Ciudad Condal son dos buenos ejemplos de ello.

Una vez se hayan ubicado en el presente, los nostálgicos quizá quieran volver la vista atrás, más allá de la era espacial, y contemplar el mundo desde los ojos de los fenicios, los griegos o los conquistadores europeos. Para todos ellos, ahí va un último vínculo.

1 comentario. »

  1. Yo creo que casi no podríamos vivir ya sin los satélites y sobre todo con la información que dan…
    Por cierto, un uso alternativo de Google Earth: http://www.20minutos.es/noticia/425164/0/donde-esta-wally/google-earth/juego/

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