España quiere aprender a hacer política exterior
España es un país que tradicionalmente ha vivido mirándose el ombligo. Desde el perpetuo recuerdo de la guerra civil, tanto en lo cultural como en lo político, de la dictadura, de la transición y de tantas cosas nunca superadas, hasta el continuo microcosmos de crispación casera encabezada por el terrorismo etarra y tantas formas de nacionalismo como comunidades autónomas existen.
Esa postura es la que ha llevado a nuestros líderes políticos a dedicarse con todos sus esfuerzos a lo que pasa de puertas hacia dentro del país, jamás hacia fuera. Quizá la única excepción fue Felipe González, a quien las sinergias del momento llevaron a meternos en la Unión Europea y la OTAN, pero tanto José María Aznar, cuyo mayor logro fue su total adscripción a la política exterior de la Casa Blanca, como José Luis Rodríguez Zapatero, han adolecido de la más mínima estrategia de posicionamiento internacional.
Cinco años le ha costado al Ejecutivo socialista darse cuenta del filón que tenía en el extranjero. Desde los atentados del 11-M, que hicieron que ganara las elecciones, la prensa extranjera se rindió al quehacer de Zapatero: sus profundos cambios sociales conquistaron portadas país a país e, incluso en los momentos de mayor crispación, cuando la imagen de los socialistas perdía fuerza por lo hondo que caló la estrategia de la oposición popular, la prensa internacional tendía a defender las medidas, ya no solo sociales, sino también económicas, de Zapatero. Pero un país no es nada si no es capaz de tener presencia internacional, un mensaje que potencias como Francia y figuras como Nicolas Sarkozy han entendido perfectamente.
En el caso español, la política exterior es un déficit histórico. Más allá de la importancia que se dé a la cartera de Interior respecto al ministerio de Exteriores, es una carencia palmaria de capacidad, comenzando por lo más evidente: la nula preparación idiomática de nuestros dirigentes, desde Franco a Zapatero, pasando por Aznar, sólo por mostrar seis ejemplos.
Pero el punto de inflexión de esta situación tuvo lugar a finales de 2007, cuando los datos económicos revelaron que el producto interior bruto medio español (PIB per cápita) había superado al italiano. El dato ponía de manifiesto que España se convertía de facto en la octava potencia económica del mundo, cuya consecuencia lógica debía ser la inclusión de nuestro país en el denominado G-8, un grupo económico con un peso determinante en las estrategias geopolíticas mundiales.
Conscientes de la importancia de la cifra, el entonces gobierno de Romano Prodi se apresuró a desmentirla, asfixiado como estaba por una crisis acuciante que, finalmente, llevaría a la enésima desintegración gubernamental italiana y a la tercera vuelta de Silvio Berlusconi al poder. Meses después, la oficina estadística de la Unión Europea, el Eurostat, confirmaba los hechos, como se confirmó también que España superaba a Canadá, otro de los miembros del grupo ¿Por qué España no reclamó entonces su posición internacional? ¿Por qué los gobernantes españoles no pidieron entrar en el G-8 y asumir el papel protagonista que le correspondía al país?
Análisis anteriores concidían en que no sólo se trataba de cuestiones económicas, sino también de fortaleza política, algo que parece no contar para algunos miembros, como la propia Italia. Años atrás, cuando se formó otro grupo paralelo, el G-20, formado por las potencias económicas emergentes, el Gobierno de Aznar rechazó entrar por no considerar que el buen momento económico de España implicara que era una potencia emergente. La estrategia del expresidente era bien distinta: llevar a nuestro país a la primera línea internacional con gestos y acuerdos menos sutiles.
Zapatero busca su foto de las Azores
Tanto tiempo después y habiendo basado su irrupción política sobre aquella Cumbre, Zapatero también quiere su foto de las Azores. El Presidente parece haber tomado conciencia de que si se van a redefinir las reglas del juego económico mundial en la Cumbre convocada en EEUU durante el mes de noviembre, España debe estar ahí porque ya fue la dinamizadora de una acción conjunta en la Unión Europea. Ahora Zapatero habla de “razones objetivas” para que España esté en la reunión.
A Zapatero le apoyan el presidente francés, Nicolas Sarkozy, el premier británico, Gordon Brown, y el presidente de la Comisión Europea, Jose Manuel Durao Barroso. El problema: que la Cumbre la organiza Estados Unidos, con quien España no mantiene relaciones diplomáticas desde que Zapatero no se levantara al paso de la bandera, como marca el protocolo, y retirara las tropas de Irak. De hecho, hasta se ha convertido en arma arrojadiza entre los candidatos a suceder a George Bush.
Pese a tenerlo todo en contra, la maquinaria diplomática está activada y trabajando contrarreloj: la operación se ha convertido más una cuestión de imagen que de resultados para el Ejecutivo. En cualquier caso, parece complicado que España pueda estar en la reunión habida cuenta de la vendetta que podría suponer para el presidente Bush antes de conocer a su sustituto, amén de las inestimables ayudas ‘diplomáticas’ del ministro Miguel Sebastián.
Pingback por Blog de Notas » Un nuevo diseño el 27 de Octubre de 2008:
[...] Actualidad. España quiere aprender a hacer política exterior [...]
Comment por guillermo el 27 de Octubre de 2008:
- haciendo referencia al artículo del sábado de El País en el que se hacía un recorrido a todas las políticas exteriores de los presidentes españoles. La vez que más cerca hemos estado de entrar en el primer nivel internacional, fue, muy a nuestro pesar, con el gobierno de Aznar en el G7, cuando a raíz de su amistad con Bush apareció el dato de la superioridad de nuestro PIB sobre el de Canadá. Pero luego vinieron las Azores y el final de la historia ya lo conocemos.
- La foto de Zapatero, pues qué vamos a decir, ya me pareció en su momento una rabieta de una persona que no tiene ni el más mínimo convencimiento de convertirse en una figura de estado, porque si lo tuviera no lo habría hecho.
Y lo de la reunión en Washington, lo excepcional sería que nos invitaran. Que nuestro PIB esté más allá de Italia, que nuestro crecimiento sea superior al de Alemania y más datos que sólo nos importan a nosotros y a los medios de comunicación patrios están muy bien. Pero de puertas para fuera somos simplemente un país pintoresco con empresas muy fuertes, con un crecimiento basado en la construcción y con un nivel de productividad comparable a Uruguay. Si vamos, será de artista invitado a presentar nuestras medidas reguladoras del sector empresarial. Sería como una charla de alumno aventajado ante el claustro de profesores.
Muy chulo el restyling!!
Pingback por Blog de Notas » Una foto nada casual el 10 de Noviembre de 2008:
[...] para preparar de la mejor forma posible la Cumbre del G-20 a la que, finalmente, asistirá España. La foto de las Azores del socialista, el momento tan ansiado de pintar algo en el panorama [...]
Comment por Pepe el 02 de Diciembre de 2008:
Al César lo que es del César y menos lobos con la entrada en la OTAN y la Unión Europea. Las negociaciones para entrar en ambas las llevó la UCD. Felipe González estaba allí cuando tocó entrar de forma oficial, pero no fue ni quien lo impulsó, ni quien lo negoció ni quien lo consiguió.